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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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Jueves, 16 de febrero de 2006

Política lingüística, curas y racionalismo

De la serie: «Los jueves, paella»

Leo por ahí varias curiosidades del magno congreso ese de telefonía móvil, el 3GSM que se está celebrando en Barcelona, con gran alborozo de la carraca municipal, que se pirra por estas movidas. Una de ellas, la archisabida, el precio de la entrada, cuyos 599 euros (100.000 de las viejas) garantiza la ausencia de meros curiosos, recolectores de prospectos e implorantes compulsivos de gadgets, con mi cariño hacia esas especies popular-festivas de alguna de las cuales yo seguramente formé parte alguna vez. Otra, que si es cierta me sorprende y me sorprende también que se explique como una gracia: las azafatas de los accesos sólo hablan inglés.

Me sorprende porque creía vigente en Catalunya una Llei de política lingüística que prácticamente evita que en la expresión pública y comercial el catalán sea apartado. Recuerdo, por ejemplo, que dicha ley indica, entre otras cosas, que la rotulación comercial se hará por lo menos en catalán; o sea que el catalán no es exclusivo pero sí obligatorio.

Sin embargo veo que me equivoqué, que no leí bien la ley. Seguramente la ley dice que habrá que utilizar por lo menos el catalán, a menos que el otro idioma no sea el castellano. Entonces sí, entonces puede excluirse el catalán. No vayamos a fastidiar el negoci y la botigueta por un asunto tan nimio y tan pueblerino como la tantas veces aclamada llengua pròpia de Catalunya. La Llei de política lingüística está hecha para meter en cintura al charnego y al moro, pero no vamos a irles ahora con minucias tontas a estos caballeros tan tic, tan cool y, sobre todo, tan riquísimos, con la cantidad de farde y mole que le están proporcionando al establishment sociata local.

De modo que metemos en la cochera al feroz -a estos efectos- Departament de Comerç y a su irreductible conseller (de ERC of course-per suposat-no faltaba más) y aquí paz y después gloria.

Y a la ley que la den por el culo, que únicamente está para su uso, obviamente discrecional, cuando, dónde y como a la autoridad competente le dé la gana.

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Aquí, en cuanto alguien toca lo políticamente correcto, se organiza un cirio que ríete tú de las caricaturas del profeta. Si, encima, ese tal hereje político procede de la Iglesia católica, ya tenemos la salsa que le faltaba al plato.

Lo políticamente correcto es, en el caso que nos ocupa, rasgarse las vestiduras por el tema de la violencia doméstica. Es un tema sin duda preocupante porque genera muertes y genera problemas que, sin llegar a tanto, son gravísimos porque pagan el pato seres inocentes; no sólo la propia agredida (o agredido, que también los hay): sufren asimismo los hijos y, en ocasiones cada vez menos raras, otros familiares como las madres/suegras o las hermanas/cuñadas. Es un tema preocupante en lo policial, en lo judicial... también en lo educativo, aunque hay que tener en cuenta que buena parte de los autores de hechos luctuosos proceden de países menos desarrollados, con sociedades menos avanzadas y con un acervo educativo menor en cantidad y calidad. También habría que decir (y no se dice) que es un problema de una legislación sobre el divorcio que trata al hombre -al varón, me refiero- como a una mala bestia sumiéndolo, sin prácticamente defensa posible, en la ruina material (aunque esta la comparte también la mujer), en la ruina moral y en la ruina afectiva. Todo eso son preocupaciones lógicas que yo comparto.

Pero, en la misma medida (repito: en la misma medida) hay -o debiera haber- otras preocupaciones, algunas de las cuales se tienen oficialmente (tabaco, carretera), y otras no tanto (veteranos de guerra campando a sus anchas armados hasta los dientes y asesinando a la gente bajo precio; inmigración no criminal -aunque ocasionalmente delincuente- desarraigada y sin caminos para la integración; lo desmesuradamente anchas que siguen siendo las puertas para la entrada ilegal de inmigrantes; lo muy burros que son nuestros jovencitos como consecuencia de programas educativos ideados con el culo; lo más burros aún (ración extra) que son algunos de nuestros jovencitos porque no pueden absorber lo poco aprovechable del programa-educativo-ideado- con-el-culo vigente porque demasiadas aulas están materialmente en manos de gamberros y de hijos de la gran puta sin que los profesores tengan ni autoridad ni protección para limpiar de escoria los institutos y dejar en ellos a los chavales que quieren estudiar y hacer algo provechoso con sus vidas y con la colectividad, y etcétera, etcétera, etcétera).

Claro, al lado de todo esto no es que la preocupación por la violencia doméstica se diluya, ni mucho menos, pero pasa a formar parte de un feo arco iris con muchísimos colores (feos a su vez todos ellos, claro).

Entonces sale un cura (condición que automáticamente le va a comportar un plus de posibilidades de ser verbalmente agredido) y dice algo que a mí me parece muy plausible y, a reserva de comprobación estadística (que nunca se lleva a cabo y tengo mis sospechas del porqué) bastante probable: que hay algunos casos (no ha dicho todos, ni la mayoría) en los que la agresión física llega como consecuencia de una agresión verbal (que, en el contexto, imagino que se refiere a una agresión verbal constante, erosiva...). El catedrático emérito de Teología en cuestión no justifica las agresiones (al menos en una interpretación estricta de lo que escribe, que es la única interpretación que cabe salvo que él, único que puede hacerlo, le dé otra) sino que explica algunas (no todas ni la mayoría, como queda dicho). Luego, sí, se mete en un berengenal cuando dice que en el 2005 las mujeres asesinadas han sido sesenta y tres y los abortos 85.000 (lo que, por cierto, es en términos de doctrina formal católica correcto: el aborto, al practicarse sobre lo que la Iglesia considera una vida humana, constituye un delito parangonable al asesinato). Naturalmente, vuelve a ser dialécticamente degollado porque hay quien, por ahí, se erige en propietario exclusivo de la verdad, y no me refiero solamente a la Iglesia católica. No voy a extenderme en el tema, pero el aborto -sea cual sea la opinión que se tenga sobre el mismo- es un tema abierto en la sociedad mundial (no sólo en la española) y no ha sido resuelto de una manera definitiva, como el divorcio (conceptualmente entendido) que es un debate que la sociedad española cerró hace un cuarto de siglo. La prueba es que ha habido tensiones en el propio proyecto de Estatut, al amenazar CiU con salirse del consenso si se mantiene una cierta flexibilidad favorable al aborto que parece que hay.

Al hombre se lo han comido crudo los medios, espoleados por el griterío de algunos colectivos feministas. De nada le servía ayer defenderse por televisión clamando vanamente: «¡Pregunte! ¡Salga a la calle y pregunte!». Pobre. Es inútil pretender que un periodista busque otra verdad que la impuesta por la empresa.

Casi tanto como intentar combatir con argumentos lógicos lo políticamente correcto.

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Y hablando de argumentos lógicos y de pensamiento crítico y racional, hacía tiempo que tenía yo ganas de hablar un poco de uno de mis entornos favoritos, hasta hace poco solamente representado en esta bitácora por la Malaprensa de Josu Mezo. Me refiero a la muy seria e intelectualmente potentísima gente de ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, a los que se les puede seguir en su bitácora, en su página web y en su boletín digital.

ARP es una asociación promovida e integrada por un buen montón de cerebrones académicos dedicada al ímprobo, loable y, desgraciadamente, no siempre triunfante esfuerzo de limpiar nuestra sociedad y nuestros medios de comunicación de magos, ufólogos, astrólogos (no astrónomos), homeópatas, adelgazadores instantáneos y sin esfuerzo y demás fauna bastante timadora en general (excluyendo contadísimos casos de ignorante buena fe).

No deja de hacerme triste gracia ver cómo la gente necesita de una especie de seguridad metafísica para ir por la vida. Antes, todo el mundo vivía tan campante sabiéndose protegido por la divinidad de rigor de acuerdo con la normativa local; no deja de ser una defensa psicológica que tiene su valor: la más lacerante desgracia se sobrelleva muchísimo mejor si Alá lo quiere (Él nos recompensará en la otra vida y verás qué bien y qué bonito) y no hay hambre canina que no se resuelva y conforme con un esperanzado Dios proveerá. Alguien -cínico, pero no tonto- dijo alguna vez que si la religión no existiera, habría que inventarla.

Pero, de pronto, en un mundo que ha visto cómo se globalizan las más espantosas atrocidades (la guerra, el hambre, la opresión...) el hombre mira hacia sus creencias, hacia sus devociones y le hace preguntas al dios de turno: ¿cómo toleras esto? ¿donde está lo que ibas a proveer? Y la fe se derrumba. Bien, es un perfecto proceso lógico: me dijeron que había un dios que cuidaría de mí y me engañaron, luego no hay dios; y si lo hay, ya le vale, permitir que pase todo esto...

Y, sin embargo, hay como una especie de instinto atávico que exige al hombre que vaya de la mano de algo, que no puede ir solo por el mundo, que algo sobrenatural tiene que protegerlo. Y como ya es sabido que no hay demanda que no sea rápidamente cubierta por la oferta, el mercado que pierden las religiones lo ocupan farsantes de mucha menor calidad. Hombre, a las creencias tradicionales hay que reconocerles, al menos, una estructura administrativa, un trabajo de tesis laboriosísimo (¡siglos enteros se han pasado haciéndolo!) y, siendo justos, algunas que otras aportaciónes históricas y culturales (como se entere Dixie, verás qué canon les cae) y no pocas obras importantes en el ámbito de la educación y de varios campos más, a cargo de admirables y esforzados misioneros.

Hoy no se cree en dioses, pero se cree en marcianos, o se cree en uno que sale por la tele diciendo que los marcianos le han abducido y le han metido cosas por el culo. O se cree que unas pastillas esféricas que no contienen ningún principio activo curan.

Nada nuevo: el conocimiento es libertad, luego hay que matarlo. Para eso inventamos sociedades de gestión y homeópatas.

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Próximo jueves, 23 de febrero, festividad de Santa Marta y de San Sesientencoño (¿olvidaremos algún día aquel tricornio dando voces en la tarima del Congreso?). Y estaremos ya a punto de cepillarnos el segundo mes del año. Pronto, carnavales, cuaresma (y bunyols de l'Empordà... ¡mmmm, qué ricos!) y en nada, Semana Santa y listos para fin de año. Es una broma que hago a menudo: el año va desde Reyes hasta Semana Santa. Despues, Navidades y vuelta a empezar. En febrero me llaman exagerado; en noviembre, dicen que cuánta razón tengo y que cuando llega el buen tiempo (meteorológico) el tiempo (cronológico) se pasa en un suspiro.

Pero no adelantemos acontecimientos. Según mi peculiar calendario, aún estamos a mediados de año.

Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Totalmente de acuerdo con el tema de politica lingüista, algo que deja miles de millones no se va a perseguir igual que un pobre desgraciado que subsiste con una panadería o que tenga un bar que cometa el sacrilegio de tener en su carta un plato como los callos a la madrileña.
Pero hablando de los letreros en distintos idiomas, resulta bastante curioso como muchos de los que pululan por Cataluña y Baleares, Valencia menos, suelen tener normalemente el castellano como ultima opcion, si es que lo tienen. Es triste pero sucede.

El caso del cura, pues opino exactamente lo mismo que tú, cierto que al principio se me hincho la vena y pense directamente Taliban y delincuente, luego al dia siguiente con un café llegué a las mismas conclusiones.

Respecto a las ciencias new age, tambien recomiendo que des un vistazo a http://charlatanes.blogspot.com/

Tambien se dedica a dar caña a este tipo de fenomenologos pseudocientificos

Saludos

wendigo | 16-02-2006

Asustao me tienes, caro figlio.

Veo el titular, y ya me tiemblan las piernas. Y es que -por mucho Santo Oficio, Juana de Arco, Galileo et alia que se nos eche en cara- en este país, el que el clero salga en la prensa es motivo más que suficiente para hacer una maletita con la casulla y el hisopo y salir a la mecagüendiez rumbo a la frontera, que como decía Foxá, en España vamos siempre detrás de los curas: bien con un cirio, o bien con un palo...

Y, sin embargo, fíjate en un hilo conductor que asoma a lo largo de toda la crónica. A la Santa Madre Iglesia (la única verdadera, a todo esto) se le achacan no tanto los crímenes físicos -que los hubo- sino los espirituales. A la gente, por algún extraño motivo, parece que le duela menos el que se socarrime en la hoguera a un hereje, que el que se obligue a un Galileo a retractarse públicamente de sus creencias. Imagino que obedecerá a un intento subconsciente de situarse al nivel de Galileo, y no al del pringadete cualquiera atado a la estaca.

Y, sin embargo...

Y, sin embargo, la Santa Madre Iglesia (que es laa... venga, todos a coro, que os la sabéis), en su empeño en imponer el Pensamiento Único a su grey, no es sino una más en una ya muy larga lista de salvadores profesionales de la Humanidad que, con razón o sin ella, como en el Credo Legionario, se empeñan en decirnos lo que tenemos que hacer y lo que tenemos que pensar. Desde los senadores que condenaron a Apio Claudio Pulcro por impío (total, por bañar unas gallinas), pasando por la guía espiritual y temporal de la Santa Madre Iglesia (la única vera, e piú la única ben trovatta!) o la mano de hierro en guante también de hierro de los seguidores del Falso Profeta (vete, vete haciendo caricaturas), los Salvadores de la Patria Contra el Comunismo Asiático, los Salvadores de la Democracia Contra los Salvadores de la Patria Contra el Comunismo Asiático, los Salvadores de Occidente y del American Way Of Life, los Salvadores de Lo Que Sea Siempre y Cuando Sea Contra el American Way of Life... Que digo yo, que ya podrían estarse quietecitos, y dejar que nos salvemos o nos condenemos solos, caramba.

Y, sin embargo...

Y, sin embargo, en un tiempo de falta de espiritualidad, nos la inventamos. Homeópatas, abducidos, sectarios, newajeros (el chiste es demasiado fácil) y otras hierbas vienen a ocupar el nicho dejado por los grandes depredadores. Como bien dices, un Dios que permite lo que ocurre en el mundo no vale una oración. Pero en el silogismo "Dios no existe, pero el poder mágico de las pirámides de cristal hará de éste un mundo mejor" sobran setenta y cinco letras. Y quien es capaz de decirlo.

Lecturas recomendadas para este fin de semana:

- "Durmiendo con extraterrestres", de Wendy Kaminer, sobre las espiritualidades alternativas, homeopatías, y otras cien formas de dilapidar tiempo y dinero. Cuanto más, mejor.

- "Parque Jurásico", del Crichton. Este capullo tiene (o tenía, porque últimamente parece haber perdido el norte - cosas del éxito) la sana costumbre de introducir en sus obras algunos discursos sobre los límites y el papel de la Ciencia en el mundo de hoy, francamente interesantes.

- "La colina de Watership", de Richard Adams; por poner algo bueno...

- "Recetas de cocina caníbal: Treinta formas diferentes de guisar a una Ministra de Cultura. De un país imaginario, por supuesto...", de Topol.

Monsignore | 17-02-2006

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