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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Jueves, 09 de febrero de 2006

Con perdón por nada

De la serie: «Los jueves, paella»

¿Tenemos Estatut? ¿No tenemos Estatut? ¿Qué Estatut tenemos, si es que lo tenemos? No lo sé, no lo sabemos los ciudadanos catalanes y menos aún los del resto de España. Corren borradores, es cierto, pero aún tiene que pasar por una comisión presidida por Guerra -aguanta- y vete a saber qué han pactado Zap I El Anodino y Mas.

¿Y queréis que os diga una cosa? Me importa un rábano.

Me importa un rábano porque, para empezar, el tema de las nacionalidades (de todas las nacionalidades) no me produce ni frío ni calor. Es más, si me he definir térmicamente, diré que me trae al fresco. Con una cierta tendencia hacia la animadversión, todo hay que decirlo. Toda esa mandanga de naciones sólo sirve para dar por el saco a las inquietudes, las aspiraciones y los problemas de las familias y las familias (cualquiera que sea su modelo) son la única cera que arde. Únicamente me hace gracia ERC, que llegó a una cierta victoria electoral -éxito que sorprendió a la propia empresa- con una chulería subidísima en plan quan convé seguem cadenes y ahora resulta que las cadenas se las ha colocado, mirando al tendido, una pobre cosita como Zap; y con el candado en el mismísimo prepucio. Segadors no esmoleu l'eina que podríeu prendre mal... en general cantaba La Trinca, aunque en otro contexto.

Me sigue importando un rábano porque, para continuar, no cambia nada. Seguiremos en manos de los mismos -que dan pena, cuando no asco-, abandonados a nuestra suerte, teniendo que defendernos solos de los depredadores y sin otra compensación (¿compensación?) que contemplar el patético espectáculo de ver cómo estos tíos se ventean mutuamente las miserias para ver de arañar unos pocos votos (lo que, en realidad, no es más que un trasvase que hoy va y mañana vuelve... salvo los que se quedan por el camino vomitando en la cuneta).

Y, finalmente, me importa un rábano porque lo único sustancial, lo único importante, lo único verdaderamente necesario, lo único vital, lo único imprescindible de todo este cuento y para lo cual, además, no hacía falta un cambio estatutario, que es un sistema de financiación menos asfixiante, no lo hemos conseguido. Mas compró la propuesta Solbes (tan duramente criticada pocas semanas antes y con razón, porque era humo de colores fácilmente soslayable mediante ingeniería presupuestaria y ulterior legislación desactivante) a cambio de una foto.

Y para todo eso (todo = nada) han montado un pollo que han hecho que, en este momento, para el común de los españoles el mismísimo Santi Potros resulte más simpático que cualquier catalán corriente y moliente.

Tengo, pues, un miniproblema: cuando llegue el referéndum ¿qué voto? Descartado el SÍ, por supuesto, estoy entre el NO y la abstención. Bueno, no hay prisa, ya lo decidiré cuando vea cómo evolucionan las cosas y actuaré en función de lo que crea que les va a hacer más daño.

Si es que es posible hacerles daño a estos. Viven en otro mundo en el que nosotros ni estamos ni contamos para nada.

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Me dice alguien que cada día estoy más broncas. ¡Ah, es lo que pasa..! Voy cumpliendo años y me vuelvo viejo, intolerante y facha. Pero, ojo, que esto no sólo me pasa a mí, le pasa a todo quisque.

Envejecer es un inevitable acontecer biológico; puede maquillarse con mejunjes o con cirugía estética, pero por dentro se está tan hecho polvo como la edad que se tiene, por poca que se aparente desde el exterior.

Por otra parte, a menudo que uno va envejeciendo va teniendo algunas cosas claras; no muchas, porque la vida es complicada y el que cree que lo tiene todo claro la está cagando, seguro (¿ves? esto lo tengo claro), pero si a ciertas alturas no se tienen claras tres o cuatro cositas, es cuestión entonces de preguntarse en qué ha echado uno la vida; y esa intolerancia que se adquiere con la edad y sobre esas tres o cuatro cosas que se tienen claras no consiste en enfadarse porque han retratado al profeta sino, simplemente, en dejar de tener ganas de convencer a nadie. Mira, chato, esto es así si te gusta como si no, pero si prefieres creer otra cosa va a ser tu problema: yo, como dicen que dijo Valle Inclán, simplemente me recreo en tu ignorancia y me columpio ante el espectáculo (lo del columpio ya no es de don Ramón María).

Y esa intolerancia valleinclanesca es una crueldad, en cierto modo, pero la vida te hace cruel, al menos en algunos aspectos y de ahí que nos volvamos fachas. Fachas, en el sentido de que ciertas cosas, esas que tenemos claras y sobre las que no practicamos activismo alguno porque son así, como la ley de la gravedad, no admiten mariconadas, medias tintas o mejunjes políticamente correctos, que pasas a clasificar, de forma unilateral e irrevocable, como estupideces o cualquier otra contundencia y al que no le guste, que lo folle un pez.

Después de todo, una bitácora que se autotitula «El Incordio» no iba a ser un homenaje a la beatitud de la edad provecta ¿verdad?

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Bueno, pues casi es lo que decía arriba. Leo en varias últimas horas que la Iglesia anglicana ha pedido perdón por haber colaborado con el tráfico de esclavos no sé cuándo, porque no me he molestado en leer tamaña gilipollez. Tampoco me interesa si esta colaboración fue material o intelectual; probablemente ambas cosas, pero también me importa un comino. No hace mucho, la Iglesia católica se vio también mediáticamente obligada a pedir perdón por las trastadas que le hicieron a Galileo. Algún idiota de esos debió pensar -imagino- que Galileo se masturbaría de alegría en su tumba; sus herederos -en su caso- no creo, dado que no me consta que el perdón lleve implícita indemnización alguna, evaluable en moneda de curso legal.

Esta es otra imbecilidad de lo políticamente correcto: hay que pedir perdón. ¿Qué cojones de perdón? ¿Qué especie de cogorza penitencial le ha entrado ahora a esa inubicable -pero cierta- caterva de botarates?

Una institución -cualquiera- es responsable de sus actos presentes y futuros y con su historia lo único que cabe es asumirla, con sus luces y sus sombras. Si la Iglesia católica admite, al presente, que las teorías de Galileo no constituyen falta alguna contra la fe y asume, además (y si no, peor para la Iglesia), que son ciertas, ya está hecho todo lo que cabe hacer.

En casos más modernos, lo que puede hacerse, es resarcir a los deudos del agraviado y sólo si éste vive todavía cabe pedirle perdón, pero en la medida en que se lo pida el culpable de la trapazada.

Que esa es otra. Por ejemplo, el actual régimen español ha pedido el jodido perdón a no sé qué y no sé cuántos represaliados por el régimen franquista. Pues que se vaya a la mierda el régimen actual porque resulta que mis hijas, por ejemplo, nacidas en los noventa, están representadas (¡qué remedio!) por el régimen actual y resulta que mis hijas no han tenido nada que ver -pero nada ¿eh?- con represión franquista alguna. ¿Qué especie de imbécil pide perdón en nombre de ellas?

Si los eunucos mentales volaran, no habría manera de ver la luz del sol...

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Próximo jueves, día 16 de febrero, san nadie importante, un jueves más, perdido como un náufrago en el océano del mes más anodino del calendario. Febrero parece Zapatero.

Y sin haberlo deseado, he compuesto un pareado.

Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Caro figlio, no es que con la edad te vuelvas facha; es que el ser humano viene al mundo con una determinada dosis de paciencia, dosis que el diario devenir va agotando.

Recuerdo una frase de mi padre que, de pequeño me hacía mucha gracia: "Voy a tener que ir al oculista, porque hay días en que me levanto y no veo más que hijos de puta por todas partes". Entonces pensaba que era un chiste; pero hoy la aplico con mucha frecuencia. Lástima que ya no pueda decírselo (¿Quién decía que la vida se divide en tres frases: "Papá lo sabe todo", "Papá no sabe nada", y "Qué razón tenía el pobre Papá..."?).

Y, respecto a las fiebres nacionalistas, recuerda aquella frase del Perich: "Ser nacionalista es sentirse orgulloso de ser australiano porque en Australia hay canguros". Se comprende que hoy en día no se hagan muchos homenajes al Perich. Claro que, como él mismo decía, "En el país de los ciegos, el tuerto no es rey; en el país de los ciegos, el tuerto está en la cárcel".

Mira, hoy me he levantado con ganas de citas - o es que esta columna se está convirtiendo en una casa de citas. Lo que, con el Nuevo Orden Ciudadano de Clos, tampoco es de extrañar.

Hala, dos padrenuestros (sin caricaturas de nadie, que no está el verde pa hacer flautas) y a la calle.

Monsignore | 10-02-2006

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