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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Jueves, 02 de febrero de 2006

Príncipes y chinos

De la serie: «Los jueves, paella»

A principios de esta semana ha trascendido que la Fundación Príncipe de Asturias ha recibido la propuesta de candidatura del matrimonio Gates (Bill, el de Micro$oft) al premio a la cooperación internacional.

Al enterarme, di un buen respingo en el primer momento, pero después, más tranquilo y reflexivo, pensé que realmente ya tardaba, que el tío Gilito necesita una figurita vistosa para la colección y como los del Nobel no van a picar tan fácilmente, pues igual los pringados estos de los españoles se la tragan. Total, van locos por salir en los papeles y un premio de estos para el Guillermito tendría una previsible trascendencia mediática. Por lo demás, si ya le dieron un premio a un grupo de pateadores de pelotas... ¿por qué no se lo iban a dar a un financiero? Total...

El asunto no está en mi personal antipatía hacia todo lo que representa Gates ni en mi aversión a sus métodos empresariales (cuando cabe aplicarles el nombre de empresariales y no otro mucho peor). Ni siquiera está en el hecho -cierto y comprobado- de que las ingentes donaciones de la Fundación Gates son una forma de ahorrar impuestos a barullo; ni aún porque, con bastante frecuencia, estas donaciones se hacen en especie y la especie puede ser muy rara o llegar algo... deteriorada; incluso paso por alto que el señor Gates sería mucho más filantrópico si permitiera a los países, pueblos y sociedades pobres el acceso racional y asequible a las TIC -cosa que él impide férreamente- para que pudieran pescar en vez de tener que esperar la llegada de los peces quizá no siempre frescos del señor Gates. En resumen, no me parece especialmente vergonzoso el señor Gates (que sí, vamos, pero esto no hace al caso presente).

Lo que me parece a todas luces y de todo punto una vergüenza, es que abundando los ejemplos de actitudes personales, casos de abnegación, sacrificio, profesionalidad y entrega a los demás, se pretenda darle un premio de la [teórica] importancia del Príncipe de Asturias a un individuo que todo lo que hace -y en las condiciones antedichas- es dar dinero, un dinero que es una mínima parte del fortunón que ingresa cada año, es decir, que aún eludiendo el detallito del beneficio (que no beneficencia) fiscal, no existe un supuesto de sacrificio económico sensible.

Tras las pachangadas de galardonar a los futboleros y a un chaval que no ha hecho más que ganar un campeonato, yo creía que el [premio] Príncipe de Asturias no podía caer ya más bajo; pero veo que nunca hay que descartar nada en materia de bajeza intelectual y aún espiritual.

¿Cabe la esperanza de que la candidatura de Gates no se materialice en el galardón apetecido? ¿Realmente cabe?

Luego lo hablamos...

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Primero fue Yahoo, después Micro$oft (esta no pierde comba...) y ahora Google. Todas han pasado por el aro de la censura china capando contenidos o aplicaciones de sus productos, a gusto y satisfacción del mandarinato rojo (o ya no sé qué son estos hijos de Mao metidos en la vorágine capitalista). Los tres han recibido los correspondientes varapalos, sobre todo Micro$oft que ¿por qué negarlo? es sobre el que más gusto da echar vitriolo. Sin embargo, Google, aún objeto de reproches, parece que no ha sufrido tanta inquina y lo mismo la gente presumiblemente anticomunista que los política o socialmente progresistas que, cada cual desde su posición, se supone que no deberían pasar una tan gorda sin tirar con bala, se lo han tomado con bastante calma y templando gaitas.

No es que no esté justificado: dentro de unas pocas líneas reflexionaré sobre el asunto que, efectivamente, tiene muchos claroscuros; lo que no entiendo es que el sine ira et studio con que se trata a Google no se dispense a Yahoo (a Micro$oft me da igual porque no merece la menor consideración), siendo ambas como son empresas con ánimo de lucro -y que se lucran a modo, además- por mucho que suministren servicios amables a los usuarios. Esto de juzgar fenómenos y acontecimientos en función de los simpáticas que caigan las víctimas o, en su caso, los verdugos, es una de las más ancestrales debilidades humanas. Vamos a intentar evitarla y vamos a ver un poco esto de China.

El régimen chino es oprobioso; el régimen chino es brutal; el régimen chino es criminal; el régimen chino es una dictadura, sin el menor paliativo en el término; y cuando el régimen chino abre un poco la mano es para dejar pasar un capitalismo incontinente tan brutal como el propio régimen que lo recibe. Quede todo esto bien claro, porque es así y sin atenuante alguno. Y como la dictadura china es oprobiosa, brutal, criminal y, encima, dada al capitalismo salvaje, ejerce la censura sin timideces, sin contemplaciones y sin paliativos.

Ocurren, sin embargo, dos cosas: una, desde el punto de vista del ciudadano chino de a pie (y que se ha dicho por ahí), en el sentido de que mejor eso que nada; otra, que es muy duro para una empresa -que en el actual contexto económico necesita un crecimiento prácticamente exponencial si no quiere hundirse en bolsa en cuestión de pocas semanas- renunciar a un mercado de mil millones de potenciales clientes, sobre todo cuando la competencia no renuncia, a su vez, a ese mercado. Unos por otros, la casa sin barrer.

Yo me ubico un poco en tiempos de don Paco, el gallego aquel que nos convirtió el país en un cuartel durante unos añitos. Cuarenta, dicen. Yo tuve suerte. Sólo veinte y, obviamente, los últimos, que fueron -precisamente y a eso voy- los vividos a la china: grises y Fraga, por una parte, bikinis (no tanto como top less, por supuesto) y grandes almacenes, por la otra. Me imagino -pongo por caso- la gracia que me hubiera hecho que la Paramount, o una de esas, hubiera decidido no comerciar con España en protesta y ética actitud ante la censura, como consecuencia de lo cual yo (y montones de ciudadanitos conmigo, claro) me hubiera perdido deliciosas películas del oeste, policíacas, bélicas y demás, en fin, de cuando el cine era cine y se trataba de pasar una agradable tarde de campana, no de ver lo mucho que sufría un niño gilipollas porque después de la guerra hacía mucho frío en el sur. Pero por ese lado -por el de la Paramount, los grandes almacenes y ¡buf! el bikini, aunque fuera sin top less- nos fuimos convirtiendo en europeos civiles y eso permitió que muerto el perro se acabara la rabia, o sea, que una vez bajo tierra El Invicto, los españoles hiciéramos muchas cosas mal y alguna que otra bien, pero todas ellas, las buenas y las malas, coronadas por un récord histórico sin precedentes: resolvimos nuestras diferencias hablando -a veces a gritos, pero hablando- y sin darnos de tortas. En general, al menos. Hace ochenta años, por la milésima parte del ruido que hace hoy la perrera, por las calles de todos los pueblos y ciudades del país bajarían ríos de sangre de medio metro de profundidad.

Aunque muchos demócratas de mercadillo de saldos entienden que eso de la democracia -la que tenemos aquí o parecidas, claro- es un bien universal que debe imperar en todo el orbe, yo soy de los que piensan que ese sistema (y de ahí para arriba, ojo) necesita como premisa una sociedad desarrollada en lo económico, en lo social y en lo cultural (en lo referente a esto último, hasta donde quepa pedir y esperar de la federación de fútbol, claro). O sea, sin rodeos, que la democracia, para que funcione, precisa de sociedades avanzadas; de otro modo, no conduce sino a una merienda de negros (muchas veces, literalmente).

No me gusta, porque no me gusta nada, esta es la verdad, lo que han hecho -seguramente entre otros- Yahoo, Micro$oft y Google. Pero Yahoo y Google (Micro$oft es algo a prescindir en cualquier contexto) son las paramount de los chinos de hoy y son, quizá (y ojalá), un peldaño más -pero necesario- de la escalera que conduzca a la sociedad china al desarrollo económico y, valga la redundancia, social, que les permita en los próximos veinte años (o cinco: la Historia va hoy que se las pela) sacudirse la mierda que tienen encima y echarse al coleto lo que tenemos nosotros, que es mierda también, pero perfumada con colonia de lavanda.

Así sea.

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Vuelve mi hija mayor compungida (bueno, sin exagerar tampoco): le han devuelto la redacción que escribió para el tradicional concurso de la CocaCola; no pasa a la fase siguiente. Mejor. Me tenía bastante quemado esta historia de que la CocaCola de los cojones se quedase con la propiedad intelectual de la obra de mi hija, total por un puto viaje de calderilla (que le sentará mucho mejor cuando dentro de seis o siete años lo haga con el novio y no con el profe de catalán).

Para cuando le toque a mi hija pequeña, me pillan preparado: no habrá concurso. Y si la jodida redacción puntúa para las calificaciones escolares (como ha sido el caso este año y espera a que me oigan en la asamblea ade la APA, si otros no me oyen antes) presentará la tal redacción pero sin CocaCola mediante.

Cualquier conflicto al respecto, aviso, se resolverá ante la Inspección de Enseñanza.

Hasta ahí podíamos llegar.

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Próximo jueves, día 9, festividad de San Abelardo, y sin mayores novedades para el calendario. Febrero es el mes más aburrido del año, al menos para mí. Por cierto -y cambiando de tema- no sé nada de MENASA y mañana, día 3, es un día clave. «La Nueva España», mi principal, casi única, fuente de información, no dice -hasta su edición del día 1- ni pío. Mal vamos.

A ver si en la próxima paella nos damos una alegría. Pero casi me parece a mí que no.

Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (4) | Referencias (0)

Comentarios

Javier, no te olvides de que yahoo ayudo a encarcelar a un blogger chino, ofreciendo los datos privados. Este acto deleznable haga que tenga a yahoo como empresa mas odiosa incluso que microsoft, y es un hecho que no debieramos olvidar.

morgenes | 02-02-2006

Le recuerdo que el tio Gilito ya comió con el monarca y su señora a poco de ser presidente el zapa. Cosas veredes. Lamentable lo de la cocacola en el cole.

el espia | 02-02-2006

No sé si es la misma categoría de Billy Gates, pero Olga Viza en su programa de RNE está promocionando la candidatura de dos familias a los Premios Príncipe, una israelí y otra palestina, que donaron los órganos de sus hijos fallecidos a niños palestinos e israelíes respectivamente. Me parece un gesto fenomenal en nombre de la paz y la amistad.

Y demuestra una vez más que la gente normal queremos vivir tranquilos y amistosamente, y no que nos anden amargando entre los políticos y los poderosos en su afán por conseguir más poder y dinero.

De Menasa, tristemente, no hay interés ni siquiera en Asturias. Eso sí, ahora toca discutir en qué se dilapidan (léase "a qué bolsillo van a parar") los dichosos fondos mineros. Y para distraernos mientras tanto ya nos sacarán L'Estatutu correspondiente.

pululante | 02-02-2006

Muchas gracias, amigo Pululante. No sabía lo de la hermosa iniciativa de Olga Viza y Javier Capitán. Me parece que no es el mismo premio: a esta familia se la propone para el de la Concordia y el del tío Gilito es -manda huevos, ya lo dijo Trillo- el de Cooperación Internacional, si no me falla la información o la memoria.

De todos modos, ya he enviado mi mensaje apoyando el PPA para esas magníficas familias de Oriente Medio.

Javier Cuchí | 02-02-2006

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