Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

.

¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

Búsqueda

La tira Ecol


Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM




















No a la traza privada sin control judicial

Ven a Devolución y recupera el conocimiento





Get Firefox!

Get Thunderbird!

Siempre mejor con OpenOffice. Para no equivocarte

Mis fotografías



Derechos del autor,
derechos para todos


Licencia de Creative Commons

Esta obra está protegida por una
licencia de Creative Commons

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006

Visitas


Estadisticas y contadores web gratis

Desde 21 de enero de 2005


Internet MarketingForos gratisTacañoPracticasGuia

Desde 21 de enero de 2006

El tiempo en casa



Créditos


Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com


 Bitacoras.com

directorio blogs

Jueves, 26 de enero de 2006

Premios y... distinciones

De la serie: «Los jueves, paella»

En Barcelona se entregó ayer el título Català de l'Any al doctor -bioquímico y farmacéutico- Joan Massagué, investigador del mecanismo celular que provoca que las células cancerosas viajen por el cuerpo del paciente con la enfermedad y den lugar a la metástasis. La noticia es, para mí, raramente agradable, y digo raramente porque este tipo de premios (el que nos ocupa lo otorga un medio del Grupo Zeta) suelen recaer en faranduleros, cantachifles, futboleros u otro tipo de pateadores o golpeadores de pelotas o bolas, y demás vividores del cuento (en el peor sentido de la palabra). Esta vez -saludo alborozado la ocasión- el galardón ha recaído en un investigador, en un investigador no heróico (no investiga en España sino en los Estados Unidos) pero ciertamente meritorio y por tanto el aplauso debería ser estentóreo y unánime. No lo es, y por ello así nos luce el pelo, pero qué le vamos a hacer.

El doctor Massagué redobla mi satisfacción en cuanto abre la boca y se pone a decir cosas inteligentes como esta: «Necesitamos medicinas más eficaces y menos groseras, que no dejen al enfermo sin pelo y sin uñas, y también es urgente que esos fármacos no estrangulen la economía: no puede ser que un tratamiento anticáncer cueste tanto como un piso, un piso pequeño, en Barcelona» (recojo la cita de su discurso de «El Periódico»). Con esto, don Joan dice unas cosas, insinua otras más y yo infiero alguna aún más allá. El bioquímico alude, más que evidentemente, al abuso de las compañías farmacéuticas y, por tanto, implícitamente, al sistema de patentes, de apropiación del conocimiento, que lo permite. No voy a extenderme porque ya he hablado de eso en más de una ocasión. El tema de la medicina agresiva me ha llamado también la atención; aunque alude a medicinas en el sentido de medicamentos, es verdad que hay muchísimos tratamientos agresivos y no sé si necesariamente. Un complemento de la industria farmacéutica es la industria de la maquinaria sanitaria, una parte sustancial de la cual -no me atrevo a decir la mayor parte de la cual por falta de cifras concretas, no por otra cosa- está en manos de la industria armamentística. La práctica totalidad de los sistemas digitales de diagnóstico, de medicina nuclear e incluso de curación, como la litotrocia, son tributarios -propiedad intelectual mediante- de empresas de armamento. Por ejemplo, si a usted, lector, le suprimen los cálculos renales mediante la litotrocia, es decir, utilizando una máquina cuya denominación genérica es, si no recuerdo mal, lithotropter, debe usted la solución de su problema y mucha pasta (que, generalmente y afortunadamente para usted, pagará la Seguridad Social) a la firma Northrop. Northrop es una empresa cuya angelical especialidad es la fabricación de aviones de combate. Un buen día, descubrieron que una célula infrarroja de un caza F-5 fabricada con cristal especial a prueba de balas resultó prácticamente pulverizada sin que el avión hubiera sido atacado y sin que, por lo demás, hubiera sufrido ningún otro daño. Además, calcularon que la trayectoria del impacto pasaba justo por el esternón del piloto sin que éste -ni el parabrisas de la capota ni el tablero de instrumentos- hubieran sufrido el menor daño. Misterio. Tras prolijas investigaciones -posteriormente confirmadas por los hechos- llevaron a la conclusión de que el avión, volando a gran velocidad, había topado, justo en el punto de esa célula, con una microgota de agua que, al pulverizarse, generó una onda de choque lo suficientemente potente como para destrozar dicho instrumento pero sin causar daño al ser humano que tripulaba el ingenio. Y de lo uno se llegó a lo otro, no sin antes haber descartado por antirrentables posibles aplicaciones guerreras del fenómeno). No, no mire la placa con la marca de la máquina: constará otra empresa que habrá comprado la patente o que será subsidiaria -con la patente como capital- de la principal. Pero la siniestra empresa que fabrica máquinas para matar a la gente -eficiencia: más muertos al menos precio en el menor tiempo- está ahí con toda seguridad.

Esto es lo que no dijo, ni probablemente quiso decir -conscientemente- el doctor Massagué. Pero, sin quererlo (¿o queriendo, pillín doctor?) ha llevado mi pensamiento -y posiblemente el de muchísimos más- por estos andurriales.

Ya lo decimos en Cataluña: No hi ha un pam de net.

____________________


Leo en varios medios que un artículo de «The New York Times» censura al Partido Popular por justificar las últimas apariciones en España de militares trogloditas (sic). Bien está. Es verdad que son trogloditas (algunos, ojo) y es verdad que el PP lleva una carrera alucinante en casi todo, incluso en eso, en el punto de justificar lo injustificable con tal de hacer sangre. Yo creo que la herida que se está abriendo a sí mismo ese partido con su involuntaria autolesión a base de transcurrir -y discurrir- a base de ladridos le va a costar muy cara. También electoralmente, desde luego, pero creo que ese va a ser el efecto menor del daño que se está infligiendo. Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda....

La crítica del rotativo americano -que no he leído en toda su extensión pero, para el caso, no es necesario- me hace sonreir sardónicamente ante el fariseísmo que encierra el puritanismo norteamericaca. Que desde allá -precisa y exactamente desde allá- digan que en España hay militares trogloditas, por más que sea verdad, me hace caer de la silla del ataque de risa (he decidido reirme, en vez de cabrearme, por aquello de la hipertensión); porque si aquí hay militares trogloditas... ¿qué tenemos que decir del hatajo de criminales con uniforme que lustran sus banderas stars and stripes al viento? Nuestros militares serán unos trogloditas porque un general se comporta como un panoli y un capitán como un cazurro, pero no nos han proporcionado -por el momento- fotografías tan edificantes como las que nos han llegado de los civilizadísimos y modernísimos soldados norteamericanos torturando como malas bestias a prisioneros en Abu Graib, y a sus muy renacentistas tribunales militares condenando a los autores de las torturas a unos mesecitos, quizá algún añito que otro, de prisión; cuando no solamente a la expulsión deshonrosa del ejército (¡ah! ¿de modo que en ese ejército se puede entrar honrosamente?). Nuestros militares serán unos trogloditas, ya que lo dice el niuyortaims pero, al menos hasta donde se sabe, no han asesinado a diez mil personas -civiles indefensos en su práctica totalidad- en una semana, como hicieron los modelnos estos en la ciudad de Fallujah; claro que... ¿qué son diez mil muertos en toooooooda una semana para unos señores que -Dresde, Hamburgo, Bremen...- se cepillaron a casi trescientos mil en un par de noches y a setenta mil -Hiroshima, Nagasaki- de un solo estacazo (sin contar el triple o más en secuelas espantosas a medio y largo plazo y mortales también a la postre)? Nada, un entretenimiento, una cosita artesanal para ir pasando el rato y no perder la forma.

Con todos sus defectos -incluyendo a los trogloditas- yo prefiero nuestro modesto y vinopeleónico Ejército en el que, sin duda, se cometerán excesos -parece que algunos de nuestros soldaditos orgullo del sol que besa su frente han podido tener las manos algo largas ante obras de arte de cierto valor que han encontrado... tiradas... en algunos escenarios bélicos- pero que, hoy por hoy, va por el mundo sin que nadie pueda temer de él matanzas masivas, sádicas e indiscriminadas.

Anticuados que estamos y trogloditas que somos, no te jode...

____________________


MENASA, MENASA... A la perdiz ya no le queda nada que vomitar, de tan mareada que está. Se negocia (dicen) pero nadie sabe quién con quién ni sobre qué; visitan la fábrica unos presuntos aspirantes a adquirir la empresa y lo encuentran todo muy bonito y muy bien... pero nada; el consejero de Industria del Principado dijo que daría una excelente noticia sobre MENASA antes de Navidad (de 2005, of course), pero todo lo que hizo (y no estoy seguro) fue felicitar las fiestas. Los sindicatos (los gordos, los cocos y los ugetes, como decía el impagable Tito B. Diagonal) no dicen ni pío, quizá porque no aciertan a escuchar con claridad la voz de su amo que, desde luego, no son los trabajadores... Y 50 familias en la cuerda floja, en un equilibrio cada vez más inestable.

La próxima paella será el jueves 2 de febrero y ese día será la víspera de la finalización del plazo del expediente de regulación de empleo. Si para entonces no hay solución (una semana, una exigua semana después de seis meses de lucha) se acabó todo. Se habrán acabado las esperanzas para 50 familias. Más parados en Langreo, más parados en el Nalón, más parados en Asturias... y otra derrota para todos.

No importa: ahora a Asturias se la puede lacerar impunemente. Temían a los minerones y a los dinamiteros, pero ahora ya no hay nada que temer, porque lo que sí se ha terminado es la solidaridad. Las suculentas prejubilaciones -las pasadas, pero ahora vienen más- han causado una inflación de tripas llenas; y con la tripa llena, el problema del vecino deja de ser nuestro problema. Que se busque la vida, oye...

Leo en «La Nueva España» que Juan Caunedo, un joven director de cine ovetense, ha realizado un documental sobre la lucha de MENASA; leo, digo, la noticia con un doble interés: por un lado, porque, como ya expliqué en cierta ocasión, he hecho de MENASA algo mío -dentro de mis pobres posibilidades- y me interesa todo lo que suceda alrededor de este pequeño y lejano -aunque no para mí- drama postindustrial; por otro lado, por intentar averiguar si ese documental se divulga bajo licencia apropiativa o está protegido por una licencia de libre distribución. No lo consigo y, lamentándolo, no tengo tiempo de intentar averiguarlo. Quizá algún lector quiera hacerlo por mí, o lo sepa ya, y sea tan gentil de decírnoslo en los comentarios.

Sigue, por tanto, la angustia de cincuenta familias, que ya arrastran desde el pasado mes de julio. Y pese a la luz de gas que algunos se han dedicado a hacer durante todo este tiempo, lo cierto es que la única luz que no se ve es la de salida del túnel.

Seguiré sobre este tema. Sin descanso y hasta el final.

Por cierto: si queréis saber alguna cosilla más sobre MENASA y lo que acontece con ella, ahí tenéis una explicación bastante clara (con las necesarias reservas: se trata de la versión de un grupo político).




____________________


Pues ya está la paella fuera del fuego. Dejar reposar unos minutos y lista para servicio (sea, lista para subirla a la bitácora). Se me ha quedado en el tintero -en el archivo de ideas- una cosita la mar de golosa sobre el copyright eclesiástico. Sí, sí, que la Iglesia quiere cobrar por derechos económicos de autor. Aunque las fuentes parecen serias, voy a contrastar un poco la cosa no vaya a ser un malentendido, un problema de mala traducción de algún comunicado o algo así. Por de pronto, lo recogen ya algunas bitácoras, como la de Pepe Cervera o la de David Bravo, citando ambos como fuente al rotativo argentino «Clarín». Como la cosa es tan increíble como dura, voy a esperar unas horas a ver si aparece un desmentido o una matización a la noticia; si no es así, si se produce un ominoso silencio otorgante, me echo sobre el teclado. Y con ganas.

Mientras tanto, la próxima paella será en un también no poco duro jueves día 2 de febrero, festividad de la Candelaria, final del tiempo canónico de Navidad y, astronómicamente, una fecha como otra cualquiera pero a la que tradicionalmente hemos atribuido la señal de que la luz del día va ganando horas, como presintiendo una primavera sin embargo aún lejana; y duro, porque será un día muy largo para 50 familias.

Veremos qué pasa.


Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos