Jueves, 26 de enero de 2006
De la serie: «Los jueves, paella»
En Barcelona se entregó ayer el título Català
de l'Any al doctor -bioquímico y farmacéutico- Joan Massagué,
investigador del mecanismo celular que provoca que las células cancerosas viajen
por el cuerpo del paciente con la enfermedad y den lugar a la metástasis. La
noticia es, para mí, raramente agradable, y digo
raramente porque este tipo de premios
(el que nos ocupa lo otorga un medio del Grupo Zeta) suelen recaer en
faranduleros, cantachifles, futboleros u otro tipo de pateadores o golpeadores
de pelotas o bolas, y demás vividores del cuento (en el peor sentido de la
palabra). Esta vez -saludo alborozado la ocasión- el galardón ha recaído en un
investigador, en un investigador no heróico (no investiga en España sino en los
Estados Unidos) pero ciertamente meritorio y por tanto el aplauso debería ser
estentóreo y unánime. No lo es, y por ello así nos luce el pelo, pero qué le
vamos a hacer.
El doctor Massagué redobla mi satisfacción en cuanto abre la boca y se pone a
decir cosas inteligentes como esta:
«Necesitamos
medicinas más eficaces y menos groseras, que no dejen al enfermo sin pelo y sin
uñas, y también es urgente que esos fármacos no estrangulen la economía: no
puede ser que un tratamiento anticáncer cueste tanto como un piso, un piso
pequeño, en Barcelona» (recojo la cita de su discurso de
«El
Periódico»). Con esto, don Joan dice unas cosas, insinua otras más y yo
infiero alguna aún más allá. El bioquímico alude, más que evidentemente, al
abuso de las compañías farmacéuticas y, por tanto, implícitamente, al sistema de
patentes, de apropiación del conocimiento, que lo permite. No voy a extenderme
porque ya he hablado
de
eso en
más
de una ocasión. El tema de la medicina agresiva me ha llamado también la
atención; aunque alude a medicinas en el sentido de
medicamentos, es verdad que hay
muchísimos tratamientos agresivos y no sé si
necesariamente. Un complemento de la industria farmacéutica es la
industria de la maquinaria sanitaria, una parte sustancial de la cual -no me
atrevo a decir la mayor parte de la cual
por falta de cifras concretas, no por otra
cosa- está en manos de la industria armamentística. La práctica totalidad
de los sistemas digitales de diagnóstico, de medicina nuclear e incluso de
curación, como la litotrocia, son tributarios
-propiedad intelectual mediante- de
empresas de armamento. Por ejemplo, si a usted, lector, le suprimen los cálculos
renales mediante la litotrocia, es decir, utilizando una máquina cuya
denominación genérica es, si no recuerdo mal,
lithotropter, debe usted la solución de
su problema y mucha pasta (que,
generalmente y afortunadamente para usted, pagará la Seguridad Social) a la
firma Northrop. Northrop es una empresa cuya angelical especialidad es la
fabricación de aviones de combate. Un buen día, descubrieron que una célula
infrarroja de un caza F-5 fabricada con cristal especial a prueba de balas
resultó prácticamente pulverizada sin que el avión hubiera sido atacado y sin
que, por lo demás, hubiera sufrido ningún otro daño. Además, calcularon que la
trayectoria del impacto pasaba justo por el esternón del piloto sin que éste -ni
el parabrisas de la capota ni el tablero de instrumentos- hubieran sufrido el
menor daño. Misterio. Tras prolijas investigaciones -posteriormente confirmadas
por los hechos- llevaron a la conclusión de que el avión, volando a gran
velocidad, había topado, justo en el punto de esa célula, con una microgota de
agua que, al pulverizarse, generó una onda de choque lo suficientemente potente
como para destrozar dicho instrumento pero sin causar daño al ser humano que
tripulaba el ingenio. Y de lo uno se llegó a lo otro, no sin antes haber
descartado por antirrentables posibles aplicaciones guerreras del fenómeno). No,
no mire la placa con la marca de la máquina: constará otra empresa que habrá
comprado la patente o que será subsidiaria -con la patente como capital- de la
principal. Pero la siniestra empresa que fabrica máquinas para matar a la gente
-eficiencia: más muertos al menos precio en el menor tiempo- está ahí con toda
seguridad.
Esto es lo que no dijo, ni probablemente quiso decir -conscientemente- el doctor
Massagué. Pero, sin quererlo (¿o queriendo, pillín doctor?) ha llevado mi
pensamiento -y posiblemente el de muchísimos más- por estos andurriales.
Ya lo decimos en Cataluña: No hi ha un pam de
net.
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Leo en varios medios que un artículo de «The New York Times» censura al Partido
Popular por justificar las últimas apariciones en España de militares
trogloditas (sic). Bien está. Es verdad
que son trogloditas (algunos, ojo) y es verdad que el PP lleva una carrera
alucinante en casi todo, incluso en eso, en el punto de justificar lo
injustificable con tal de hacer sangre. Yo creo que la herida que se está
abriendo a sí mismo ese partido con su involuntaria autolesión a base de
transcurrir -y discurrir- a base de ladridos le va a costar muy cara. También
electoralmente, desde luego, pero creo que ese va a ser el efecto menor del daño
que se está infligiendo. Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda....
La crítica del rotativo americano -que no he leído en toda su extensión pero,
para el caso, no es necesario- me hace sonreir sardónicamente ante el fariseísmo
que encierra el puritanismo norteamericaca. Que desde allá -precisa y
exactamente
desde allá- digan que en
España hay militares trogloditas, por más que sea verdad, me hace caer de la
silla del ataque de risa (he decidido reirme, en vez de cabrearme, por aquello
de la hipertensión); porque si aquí hay militares trogloditas... ¿qué tenemos
que decir del hatajo de criminales con uniforme que
lustran sus banderas
stars and stripes al viento? Nuestros
militares serán unos trogloditas porque un general se comporta como un panoli y
un capitán como un cazurro, pero no nos han proporcionado -por el momento-
fotografías tan
edificantes como las que
nos han llegado de los
civilizadísimos y
modernísimos soldados norteamericanos
torturando como malas bestias a prisioneros en Abu Graib, y a sus muy
renacentistas tribunales militares
condenando a los autores de las torturas a unos mesecitos, quizá algún añito que
otro, de prisión; cuando no solamente a la expulsión
deshonrosa del ejército (¡ah! ¿de modo
que en
ese ejército se puede entrar
honrosamente?). Nuestros militares serán unos trogloditas, ya que lo dice el
niuyortaims pero, al menos hasta donde
se sabe, no han asesinado a diez mil personas -civiles indefensos en su práctica
totalidad- en una semana, como hicieron los
modelnos estos en la ciudad de Fallujah;
claro que... ¿qué son diez mil muertos en toooooooda una semana para unos
señores que -Dresde, Hamburgo, Bremen...- se cepillaron a casi trescientos mil
en un par de noches y a setenta mil -Hiroshima, Nagasaki- de un solo estacazo
(sin contar el triple o más en secuelas espantosas a medio y largo plazo y
mortales también a la postre)? Nada, un entretenimiento, una cosita artesanal
para ir pasando el rato y no perder la forma.
Con todos sus defectos -incluyendo a los trogloditas- yo prefiero nuestro
modesto y
vinopeleónico Ejército en el
que, sin duda, se cometerán excesos -parece que algunos de nuestros soldaditos
orgullo del sol que besa su frente han
podido tener las manos algo largas ante obras de arte de cierto valor que han
encontrado...
tiradas... en algunos
escenarios bélicos- pero que, hoy por hoy, va por el mundo sin que nadie pueda
temer de él matanzas masivas, sádicas e indiscriminadas.
Anticuados que estamos y trogloditas que somos, no te jode...
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MENASA, MENASA... A la perdiz ya no le queda nada que vomitar, de tan mareada
que está. Se negocia (dicen) pero nadie sabe quién con quién ni sobre qué;
visitan la fábrica unos presuntos aspirantes a adquirir la empresa y lo
encuentran todo muy bonito y muy bien... pero nada; el consejero de Industria
del Principado dijo que daría una excelente noticia sobre MENASA antes de
Navidad (de 2005,
of course), pero todo
lo que hizo (y no estoy seguro) fue felicitar las fiestas. Los sindicatos (los
gordos, los
cocos y los
ugetes, como decía el impagable
Tito B. Diagonal) no dicen ni pío, quizá
porque no aciertan a escuchar con claridad
la
voz de su amo que, desde luego, no son los trabajadores... Y 50 familias
en la cuerda floja, en un equilibrio cada vez más inestable.
La próxima paella será el jueves 2 de febrero y ese día será la víspera de la
finalización del plazo del expediente de regulación de empleo. Si para entonces
no hay solución (una semana, una exigua semana después de seis meses de lucha)
se acabó todo. Se habrán acabado las esperanzas para 50 familias. Más parados en
Langreo, más parados en el Nalón, más parados en Asturias... y otra derrota para
todos.
No importa: ahora a Asturias se la puede lacerar impunemente. Temían a los
minerones y a los
dinamiteros, pero ahora ya no hay nada
que temer, porque lo que sí se ha terminado es la solidaridad. Las suculentas
prejubilaciones -las pasadas, pero ahora vienen más- han causado una inflación
de tripas llenas; y con la tripa llena, el problema del vecino deja de ser
nuestro problema. Que se busque la vida, oye...
Leo en
«
La
Nueva España» que Juan Caunedo, un joven director de cine ovetense, ha
realizado un documental sobre la lucha de MENASA; leo, digo, la noticia con un
doble interés: por un lado, porque,
como
ya expliqué en cierta ocasión, he hecho de MENASA algo mío -dentro de mis
pobres posibilidades- y me interesa todo lo que suceda alrededor de este pequeño
y lejano -aunque no para mí- drama postindustrial; por otro lado, por intentar
averiguar si ese documental se divulga bajo licencia apropiativa o está
protegido por una licencia de libre distribución. No lo consigo y, lamentándolo,
no tengo tiempo de intentar averiguarlo. Quizá algún lector quiera hacerlo por
mí, o lo sepa ya, y sea tan gentil de decírnoslo en los comentarios.
Sigue, por tanto, la angustia de cincuenta familias, que ya arrastran desde el
pasado mes de julio. Y pese a la luz de gas que algunos se han dedicado a hacer
durante todo este tiempo, lo cierto es que la única luz que no se ve es la de
salida del túnel.
Seguiré sobre este tema. Sin descanso y hasta el final.
Por cierto: si queréis saber alguna cosilla más sobre MENASA y lo que acontece
con ella, ahí tenéis
una
explicación bastante clara (con las necesarias reservas: se trata de la
versión de un grupo político).

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Pues ya está la
paella fuera del fuego.
Dejar reposar unos minutos y lista para servicio (sea, lista para subirla a la
bitácora). Se me ha quedado en el tintero -en el archivo de ideas- una cosita la
mar de golosa sobre el
copyright
eclesiástico. Sí, sí, que la Iglesia quiere cobrar por derechos
económicos de autor. Aunque las fuentes
parecen serias, voy a contrastar un poco la cosa no vaya a ser un malentendido,
un problema de mala traducción de algún comunicado o algo así. Por de pronto, lo
recogen ya algunas bitácoras, como la de
Pepe
Cervera o la de
David
Bravo, citando ambos como fuente al rotativo argentino
«
Clarín».
Como la cosa es tan increíble como dura, voy a esperar unas horas a ver si
aparece un desmentido o una matización a la noticia; si no es así, si se produce
un ominoso silencio otorgante, me echo sobre el teclado. Y con ganas.
Mientras tanto, la próxima
paella será
en un también no poco duro jueves día 2 de febrero, festividad de la Candelaria,
final del tiempo canónico de Navidad y, astronómicamente, una fecha como otra
cualquiera pero a la que tradicionalmente hemos atribuido la señal de que la luz
del día va ganando horas, como presintiendo una primavera sin embargo aún
lejana; y duro, porque será un día muy largo para 50 familias.
Veremos qué pasa.
Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (0) | Referencias (0)