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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Jueves, 19 de enero de 2006

Del enemigo, el consejo

Hace no mucho tiempo, escribí un artículo en el que clamaba -en pro de software libre- por la tremenda asignatura pendiente de la conquista del escritorio. Dicho artículo, que fue asentido -huyo de la presuntuosidad de decir aplaudido- por los usuarios de informática que lo leyeron y que quisieron comentarlo conmigo (compañeros y amigos míos, poco o nada activistas en la materia) fue olímpicamente ignorado en el mundillo del software libre, salvo dos o tres amabilísimos lectores que se tomaron un tiempo -que aprecio muchísimo- para introducir largos comentarios. Seguramente (el que no se consuela es poque no quiere) porque no fue demasiado leído; «El Incordio» es una bitacorilla más sin mayor importancia y no cabe esperar grandes rebomborios -en general, ni siquiera pequeños- de sus artículos. Pero me atrevo a aventurar que si hubiese sido muy leído, hubiera levantado una oleada de indiferente adversidad o de adversa indiferencia, llámalo como quieras.

Ahora mismo, recién llegado a casa, veo una entrada en la bitácora de Enrique Dans, de la que recomiendo su lectura, sus enlaces y sus referencias. El tío Gilito no se anda con tonterías ni con grades principios informáticos tan presuntuosos como vacuos e inoperantes: para él, todas las puertas -sin excepción- están hechas para ser franqueadas. Él sí piensa en la marujita, él sí piensa en el administrativo, el sí piensa en los que creen que la informática es un conjunto de instrumentos que cuanto menos maree mejor y que, desde luego, no es en absoluto digno de militancia, activismo o esfuerzo alguno.

Su imperio está construido sobre la trampa y sobre el soborno; pero su ideología de empresa -si así puede decirse- es que los grandes cuerpos están formados por pequeñas moléculas despreciables para la mayoría. Así le va a él y así a los demás.

Su éxito, con trampa o sin ella, fue conquistar el escritorio.

Por: Javier Cuchí | Avisos y noticias | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Tutto bene, caro figlio?

Llevas una semana sin aparecer, y -aparte del mono que tu silencio nos depara- empieza a preocuparme tu mutismo.

Bacci abondanti

Tu párroco (preocupado) | 26-01-2006

Ave María Purísima...

Hace una semana que no me confieso, digo, que no escribo. Pero es que voy pilladísimo. A ver si me recupero...

En unos minutos sube la paella de hoy y anuncio un próximo artículo sobre su empresa, padre, y los derechos económicos de autor.

Beso su anillo episcopal.

Javier Cuchí | 26-01-2006

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