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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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Martes, 10 de enero de 2006

Corrientes femeninas cortocircuitadas

De la serie: «Correo ordinario»

Me deja hoy patidifuso mi propia casa, la página de la Asociación de Internautas, que divulga un estudio (atento, Josu), cuyo original no he sido capaz de encontrar, procedente de la empresa Netgear, especialista en redes informáticas y que precisamente ha creado una línea de colaboración con Skype para poner en marcha el proyecto de un teléfono móvil VoIP.

El estudio intenta investigar la actitud de las mujeres ante las nuevas tecnologías y la Red, es decir, qué piensan de ellas, cómo las usan... como se interrelacionan las damas con esas cosas, en suma. La muestra hará que Josu eche más humo que una locomotora: 120 mujeres (españolas) de entre 20 y 70 años. O sea, tan fenomenal muestra no alcanza las tres mujeres por año; casi cabe preguntarse de dónde saldrán los decimales que arrojan los resultados de tan amplia encuesta.

Pero ha habido suerte. Pese a que la horquilla de edades -y cabe suponer que de actividades- es tan amplia, Netgear consigue establecer dos únicas categorías que, por supuesto, proyecta a todo el colectivo femenino (si lo ha hecho para 120... ¿por qué no para 1.200, 120.000, o 12.000.000) y las llama así: tecno-woman y mujer off-line. Esto, a mis efectos personales, ya conlleva un primer problema: si a Rosa, mi compañera de trabajo, la llamo tecno-woman, me puede sacudir un buen cacharrazo con el escáner; si a mi santa esposa la califico de mujer off-line me puede zurcir las almorranas practicando esgrima de bisturí. Y me temo que ambas dos, juntas, podrían formar una alianza tecno-sutural e injertarle al autor del estudio el cerebro de un babuino, con lo que seguramente saldría ganando (el autor del estudio, no el babuino).

Establecida, pues, la cretinada clasificatoria, ahora hay que llenarla de características propias, en las que nos sorprende una afirmación típica y sospechosa: ambas categorías gustan de comprar trapitos y con una leve diferencia, en las mismas tiendas y marcas. Por fin. Ya intuíamos que todas las mujeres eran iguales (menos mamá, como decía Vizcaíno, pero aún esto habría que preguntárselo a papá) y ahora tenemos la prueba científicamente palpable: a todas ellas, sean tecno-woman o mujer off-line les gusta comprar en Zara, Mango y similares (sic) y todas ellas, sean tecno-woman o mujer off-line (sobre todo las primeras, en este particular caso), son estúpidas de vez, ya que «incluso las mujeres que han declarado que les gusta la tecnología no parecen saber para qué sirve el router, ya que aunque el 73,4% de ellas cuenta con acceso ADSL en casa, sólo el 34,6% afirma tenerlo y el 29,3% usarlo».

La tecno-woman media tiene entre 20 y 29 años, es activa y tiene muchos hobbies: viajar, leer, salir con amigos e ir al cine; la mujer off-line tiene más de 40 años y menos hobbyes, aunque aventuro que sabrá hacer unas lentejas a la riojana que te cagas, ciencia aún oculta para la tecno-woman made in Netgear. Las tecno usan las ídem a todo pasto: SMS, mensajería, se descarga contenidos para el móvil y usa internet, el correo electrónico y chatea que se las pela. La off-line, pues no, dice que eso de la informática no hay quien la entienda y que además vale un pastón.

Y atentos que esta es muy buena y demuestra que la mujer off-line es también estúpida de cojones (no iba a serlo sola la tecno-woman): la tecno-woman «tiene memoria USB (62,6%), Scanner (57,3%), cámara digital (54,6%), e Impresora de chorro de tinta (56%) en casa»; la mujer off-line también pero... ¡ayyyyyyy! «básicamente, tienen los mismos dispositivos tecnológicos en casa que las tecno-women, pero los usan menos». La pregunta, claro sería: si esas máquinas son ininteligibles y costosas... ¿para qué las tienen en casa?

Chorrada sobre chorrada, y sobre chorrada un millón (aún me suenan los villancicos). Parece mentira que una empresa comercial seria (y Netgear lo es) ponga firma y logotipo al pie de esa tremenda estupidez.

Hace no muchos años, yo solía comparar -en el asunto este de la mujer- la aparición de las tecnologías con la popularización de los automóviles (el clásico 600). La comparación aún funciona, aunque no tanto como hace cinco o diez años, ya se va difuminando. En ella, recordaba como hace cuarenta años, salíamos dos o tres familias de picnic dominguero y, llegados al destino, las mujeres se sentaban alrededor de la palangana con agua en la que echaban las patatas que iban pelando y los hombres hacían lo propio con un cubo lleno de petróleo o gasolina común en el que iban echando sus respectivos carburadores, las bujías y sinfín de tuercas, mientras se martirizaban unos a otros conferenciando sobre su amplia sabiduría en materia de mecánica. Fueron pasando los años y las mujeres descubrieron que para conducir -y para conducir bien- no hacía ninguna falta pringarse las manos de grasa y de gasolina ni saber diferenciar entre un carburador y un limpiaparabrisas, así que se pusieron a ello y lo hicieron tan bien -o tan mal- como el común de los hombres. De la misma forma, fueron pasando los años y las mujeres, sin pausa, pero sin prisa, fueron descubriendo que esto de los ordenadores no es para tanto, que son útiles, alguna vez -muy pocas- hasta divertidos, y que no hace ninguna falta saber propiamente informática: cuando el tío Gilito se ahorca, reinicio y a vivir, que son dos días. Y actualmente, las jóvenes y muchas no tan jóvenes (mujeres off-line, según Netgear) le dan al ordenador con igual eficacia que cualquier hombre; por cierto, y ya que sale esto, quizá Netgear ha olvidado hablar de los hombres off-line, que los hay a patadas y algunos muy burros. Como no pocos conductores masculinos.

Yo tengo a gala haber aprendido casi todo lo que sé sobre la hoja de cálculo (y, modestia aparte, sé un poquillo) de una mujer, una ingeniera agrónoma que tuve como compañera de trabajo en 1991. ¿Era tecno-woman o mujer off-line? No lo sé. Sólo sé que era una excelente compañera, una capacitadísima profesional y un verdadero cerebrito.

También sé que, al presente, no trabaja en Netgear.

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Tengo que confesar que no tengo ni idea de mecánica de vehículos automóviles, pero puedo decir que tengo USB, escáner, cámara digital e impresora de chorro de tinta en casa y soy capaz de utilizarlas yo sola, por tanto te dejo que me llames tecno-woman y no tengas miedo de que te dé un cacharrazo con el escáner del trabajo. Por cierto, una reflexión: ¿por qué los dos escàners de nuestra planta están en mesas de hombres?

He de confessar que no tinc ni idea de mecànica de vehicles automòbils, però puc afirmar que tinc USB, escàner, càmera digital i impressora a casa i soc capaç d’utilitzar-les jo sola, per tant et deixo que em diguis tecno-woman i no tinguis por de que et doni un cop amb l’escàner de la feina. Per cert, una reflexió: perquè els dos escàners de la nostra planta estan a taules d’homes?

Rosa Carol | 10-01-2006

Tú lo has dicho, Javier, este estudio tiene una pinta muy mala.

Si han entrevistado a 120 mujeres, e imaginando que realmente fueran al azar (habría que verlo) y suponiendo que por mitades fueran tecno-women y mujeres off-line, los márgenes de error en los porcentajes serían de +/- 12,90%, con lo cual ninguna diferencia entre los dos grupos menor de unos 25 puntos tendría validez estadística.

Y además, las posibles diferencias probablemente no tienen nada que ver con ser techno o ser off-line, sino con otras cosas que las diferencian, como la edad.

Afortunadamente, no son muchos los medios que lo han contado. Da un tirón de orejas a la asociación.

Josu | 10-01-2006

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