Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

.

¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

Búsqueda

La tira Ecol


Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM




















No a la traza privada sin control judicial

Ven a Devolución y recupera el conocimiento





Get Firefox!

Get Thunderbird!

Siempre mejor con OpenOffice. Para no equivocarte

Mis fotografías



Derechos del autor,
derechos para todos


Licencia de Creative Commons

Esta obra está protegida por una
licencia de Creative Commons

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006

Visitas


Estadisticas y contadores web gratis

Desde 21 de enero de 2005


Internet MarketingForos gratisTacañoPracticasGuia

Desde 21 de enero de 2006

El tiempo en casa



Créditos


Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com


 Bitacoras.com

directorio blogs

Jueves, 05 de enero de 2006

Prodigios y proezas

De la serie: «Los jueves, paella»

Vaya, me sabe mal ponerme sarcástico con Amnistía Internacional, que me merece un respeto y un tal, no como esos otros que buscan pederastas por el centro de la Tierra, pero es que el tema de la censura lo tengo tan a flor de piel que cuando oigo hablar de regular según qué cosas ya acerrojo el fusil de asalto. La de hoy no es nueva: la criminalización de los juegos calificados como violentos. De los juegos electrónicos, por supuesto. Hace unos meses ya dediqué un artículo a este tema a caballo de otro de Daniel Rodríguez, quien también ha escrito sobre la materia nuevamente y por la misma razón. Se queja Amnistía Internacional de la facilidad con que los menores acceden a juegos electrónicos de contenido violento y clama por la correspondiente regulación. Y a todo el mundo -irreflexivamente- le parece muy bien, sí, señor, que se regule. Digo irreflexivamente porque en esa suerte de fobia a la red que se está implantando -y que tiene un estupendo terreno abonado en la ignorancia general sobre ella- las exigencias de regulación calan pronto y hondamente. No nos damos cuenta nunca del efecto rebote que suele tener tanta regulación: hoy se pide que le tapen la boca a Jiménez Losantos -prestoso sí que lo sería, la verdad, pero no es cuestión- y mañana, en este país, no habla nadie que no sea Gabilondo. Darle un martillo a un psicópata para que le abra la cabeza al vecino conlleva el peligro de que la cabeza abierta, y quizá antes que la del vecino, sea la nuestra.

Este tipo de cosas siempre me induce a reflexionar sobre otras más cotidianas para la gente: ¿qué hubiera sucedido si, a principios del siglo XX, alguien hubiera querido poner coto al desarrollo del automóvil alegando -y hasta probando, pongamos por hipótesis- la matanza que iba a haber en las carreteras de todo el mundo? En todo el siglo XX y lo que llevamos de XXI, el número de muertos en accidentes de carretera se cuenta por millones y ya me gustaría a mí comparar esa cifra con la de guerras importantes. Puestos a hacer demagogia, podríamos preguntarnos si la carretera no habrá supuesto en España tantos muertos como la guerra civil (quizá más) y, por tanto, si no habría que ir suprimiendo las carreteras; dados los casos de slamming abusando de los ancianitos en su propia casa, habría que prohibir la venta o las promociones domiciliarias (uf, con lo engorrosas que son...); habría que prohibir hasta los autobuses, puesto que las estadísticas demuestran que la práctica totalidad de los ciudadanos fallecidos en los últimos treinta años ha tomado el autobús al menos una vez en su vida (después de todo, esa estúpida ley antitabaco prohibe regalar a los niños los tradicionalísimos cigarrillos de chocolate tan clásicos en Reyes).

No hace muchos días leí que los videojuegos más comprados transcurren en el ámbito del automovilismo (el "Fernando Alonso", el "Collin McRae", etc.), cosas nada violentas -a no ser que se les culpe de la mortalidad en carretera- y que les acompañaban en los primeros puestos de esa clasificación de ventas otras aplicaciones lúdicas que poco tienen que ver con el tiroteo.

Las prohibiciones, por lo demás, no tienen otro efecto que el de hacer atractivo lo prohibido. ¿Queréis pruebas, amigos de Amnistía Internacional? Mirad las fotografías de los distintos salones de ocio navideño (Salón de la Infancia de Barcelona, el más clásico y sus hermanos de Valencia, Madrid y tantas otras ciudades) y mirad los pabellones militares: abarrotados de niños encaramados en carros de combate y jugando al artillero con cañones de 120 mm. Y que conste que no tengo nada, por principio, contra la presencia de esos stands militares; la vida militar forma parte, guste o no, de la normalidad de nuestra estructura social, aquí y en todo el mundo. Pero ese ya sería otro tema.

____________________


Bueno, pues nada, la ley seca del humo ya está en marcha y ya están echadas las campanas al vuelo de las valoraciones triunfantes. Veremos si hay tanto triunfo dentro de unos meses, pero ahora dicen que todo va como una seda: sobre todo las televisiones [próximas al Gobierno] y la ministra de la cosa [obviamente, del Gobierno].

Aleluya, aleluya.

Pero ahora que ya han sido expulsados los fumadores del seno de la sociedad y arrojados a las tinieblas, quisiera que también se tomaran medidas -igualmente enérgicas, por supuesto- contra las siguientes lacras:

· La tiparraca asquerosa (generalmente mujer, pero ahora ya unos cuantos hombres, también) que se embadurnan de perfumes vomitivos de manera que si te acercas a ellos menos de dos metros -cosa frecuentemente inevitable: por ejemplo, en el ascensor- cantas como si hubieras recorrido todos los puticlubs de la ciudad.

· Los bares (no pocos) de los que sales apestando a fritanga hasta en los calzoncillos de tal manera que basta con que cuelgues el abrigo en el armario para que, además, todos los demás abrigos queden igualmente pringados aunque no hayan entrado en un bar desde una semana atrás (¿con qué fríen estos cabrones? ¿con lubricante de tractor soviético?).

· Los alientos en el metro o en el bus. Pero ¿qué diantre desayuna la gente? Oliendo a muchos -como por desgracia, no queda otro remedio, generalmente- parece que se hayan metido entre pecho y espalda treinta dientes de ajo y media botella de cazalla. Luego hablan de siniestralidad laboral, pero lo primero que cabría hacer es poner test de alcoholemia a las puertas de obras, fábricas y oficinas.

· Los ambientadores de muchísimas tiendas. Vale lo dicho para los perfumes: explícale luego a la parienta que no has estado haciendo el burro en una casa de putas.

· El 90 por 100 de los servicios (cagaderos, para entendernos) abiertos al público. Luego, que se queje el alcalde de que la gente vomita por la calle o se mea en los alcorques. ¡Joder, si es que es legítima defensa, leche!

Y seguro que mis cuatro o cinco lectores son capaces de triplicar esta lista...

____________________


A punto de cerrar esta paella, me entero de la hazaña de David Meca cruzando en veinticuatro horas la distancia entre Alicante y la playa de San Antonio de Ibiza. Ciento y pico de kilómetros de agua bastante fresquita (ojo al calendario) y con la meteorología no excesivamente propicia. Inenarrable, seguro. Un día entero sin comer y sin parar, bregando con el mar a esternón limpio y con las medusitas acariciándole.

Creo que a Meca le cascaron hace tiempo so pretexto de un presunto doping. Bien, a la vista de su historial, creo que alguien tendría que meterse su potestad sancionadora por el sitio de jiñar.

Me impresionan y me encantan estas hazañas individuales, ese lucha contra los elementos -no siempre victoriosa, pero siempre feroz y orgullosa- de montañeros, navegantes solitarios y aventureros diversos. Quedarse mirando a la manifestación más impresionante que la naturaleza pueda disponer y decirle: «Te voy a pasar por encima». Esa lucha contra la naturaleza, tremenda sí, pero aún así menos impresionante que esa victoria sobre uno mismo, de ese crecerse, de ese batir la propia imposibilidad. Ahí está, como diría Wolfe, lo que hay que tener; ese pequeño bultito de menos de cien kilos que se planta frente a billones de toneladas de roca o de agua y los vence sin otra verdadera arma que una voluntad de titanio y sin otra ayuda que el perfecto dominio de una técnica.

Al lado de estos verdaderos monstruos de la Humanidad me causan risa estos personajillos decadentes y poca cosa que dedican su maquinal y poco importante esfuerzo a disputar una pelota con otros de su calaña. Ganarán millones, probablemente; y como la historia actual la hacen las televisiones, seguramente pasarán también a la Historia. ¿Cuántos Reinhold Messner o cuántos doctores Bombard o cuántos Thor Eyerdhal hacen falta para igualar la cuenta corriente de un vulgar Ronaldinho o de cualquier otro pateador común? Centenares, miles, probablemente.

Pero millones de Beckham no alcanzarían, en cien vidas que pudieran vivir, la monumentalidad humana del sherpa Thensing.

O de David Meca, sin ir más lejos...

____________________


Y aquí termina esta primera paella del 2006. El próximo jueves será un vulgar día 12 de un vulgar mes de enero. Probablemente: espero que nada luctuoso me desmienta. Tan pronto el lunes volvamos a nuestra rutina normal, iniciaremos el trimestre más árido del año, sin fiestas, ni puentes, ni demás cuchipandas. También el trimestre más serio, el trimestre en el que estamos más por la labor.

Queda mucho por hacer, mucho que luchar, mucho que trabajar y mucho que vivir antes de plantearnos lo que haremos por Semana Santa.

¿Gracias a Dios? Quizá sí, quizá sí...

Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Cuando son otros los que nos privan de nuestros derechos nos preguntamos "¿Dónde está la Guardia Urbana? Seguramente recaudando: poniendo multas a los coches mal aparcados...?"

Cuando durante años he tenido que soportar el humo de mis compañeros trabajo (alergia menor agravada hasta tener que tomar antihistamínicos) donde estaba la policía que hiciera respetar mis derechos. Ah, que no la podía llamar!!!


Pues eso: "Tener derecho y no poder, es como no tener derecho"


Saludos

Alguna Vez | 09-01-2006

Comentar


Recordar datos