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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Lunes, 28 de noviembre de 2005

Una simple cuestión de fuerza

De la serie: «Correo ordinario»

Hasta Enrique Dans se ha rebotado. Y lo cito a él como imagen de una línea clara y decididamente antiapropiacionista, pero desde un fair play, una tranquilidad y una cosa, poco dado a la bronca. Pues hasta él se ha cabreado. Y es que si el jueves constatábamos que la traición de los políticos -de todos ellos- a los ciudadanos en materia cultural está prácticamente consumada en la inminente e irremediable reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, menos de veinticuatro horas después nos enterábamos de que las compañías discográficas y, en general, la industria del ocio, remitían una carta a los eurodiputados en la cual se pedía que, lejos de restringirlos, la normativa europea ampliara los supuestos de aplicación de la traza a la persecución de la piratería (allá donde lo fuere, sea lo que sea que fuere, se sobreentiende).

Casi huelgan comentarios sobre lo que esta cartita supone de pérdida de la mesura y de las proporciones por parte de una industria cuyos dirigentes, como el propio Dans dice, están haciendo mal su trabajo. Estamos en pleno y muy duro debate sobre los límites de la trazabilidad ante una tipología de delitos (de delitos reales, se entiende) tan importante como es el terrorismo y viene esa peña a decir que todo eso del terrorismo está muy bien, pero, oigan, vamos a lo serio, déjense de boludeces y hagan que ese invento de la traza sea aplicable sobre todo a la persecución de los que se bajan contenidos de Internet.

Decía, en mi artículo anterior, que si no nos hacemos visibles, si no salimos a la calle, no conseguiremos nada (de hecho, cabría hablar ya, a esta fecha, de pérdidas irreversibles). Pero es que, incluso, hay que ir más allá. No solamente hemos de salir a la calle los ciudadanos en red es que tenemos que buscarnos la vida, como sea, para llegar a los ciudadanos que aún no están en ella para que sean conscientes de lo mucho, muchísimo que les va a afectar, a ellos también, toda esta historia. Creo que nos hemos equivocado incluso en aquellas cosas que hemos hecho tácticamente bien, es decir, que la hemos pifiado estratégicamente; hemos dejado que la gente crea que todo el problema es una lucha entre internautas y $GAE-industria, nos hemos quedado tan anchos y tan contentos porque, a los ojos de todo el mundo, nosotros somos los buenos de la película, pero hemos dejado que la película sea ajena a muchos ciudadanos; si, bueno, los chicos estos, los de la internés, que están a la greña con los capullos estos de los autores pero, oye... ¿cómo ha quedao el Betis?

Aunque hemos puesto alguna pica en Flandes, aunque la mayoría de los profesionales del periodismo están claramente de nuestro lado, salvo las dos o tres inevitables excepciones, tenemos enfrente -como no podía ser de otra manera- a las empresas del papel, y de los audiovisuales. No podía ser de otra manera porque las empresas se forran precisamente con la apropiación de los contenidos, abstracción hecha de alguna honorable excepción; cuando alguna empresa apropiacionista ha venido a las nuestras ha sido solamente porque con ello hacía el caldo gordo a su línea política o porque segaba los pies debajo de la línea política contraria. En otras palabras: nos han instrumentalizado. Y algunas veces hemos sido conscientes de esa instrumentalización, pero nos hemos dejado llevar por ella porque, a nuestro modo de ver -no siempre acertado- a nosotros nos convenía dejarnos instrumentalizar.

Mala táctica: la guerra, cualquier guerra, la gana el que posee y mantiene la iniciativa, el que decide en qué campo se juega y en qué momento se juega.

Pero, claro, llevar la iniciativa no es sólo una cuestión de voluntad, ya puede Nietzsche decir lo que quiera, sino una cuestión de poder, de dominio de la situación. La iniciativa es la habilidad para explotar correctamente el dominio; si no hay dominio, mal vamos.

No hemos sabido crear esa situación de dominio. Y podíamos. Y podemos. El dinero está en nuestros bolsillos y el dinero es el talón de Aquiles del enemigo. Lo he dicho muchas veces: nuestra arma es el boicot, pero un boicot total y generalizado. Rifarnos el canon comprando en Andorra es útil, es una forma de presionar, pero no presiona directamente al culpable (por más que los productores o distribuidores de medios digitales de almacenamiento no son en absoluto inocentes) y, en todo caso, no es suficiente. Y las actitudes individuales tampoco son suficientes. He dicho muchas veces que yo no adquiero a ningún título (ni pagando ni gratuitamente) contenidos musicales; no soy el único: mucha gente hace lo mismo. Pero no basta: nuestro boicot debe ser activo, público y presencial: debemos rechazar regalos familiares -con cariño y suavidad, por supuesto-, debemos rechazar promociones comerciales basadas en el obsequio (o la sustancial rebaja de precio) de contenidos sujetos a derechos de autor; debemos vaciar las salas de cine español y, además, proclamar que nuestra abstención es debido al abuso y al expolio a que se nos somete (aparte de la calidad global del género nacional); debemos vaciar los conciertos de los superventas (y retirar las subvenciones que para ello damos a nuestros hijos: les estaremos haciendo un favor, limpiándoles de tanta manipulación); debemos irnos de los bares, musicales o no, que usen música española, pero diciéndolo, explicando que nos vamos por eso. Y deben ser actitudes generalizadas y notorias. Si yo me voy de un bar porque ponen a Alejandro Sanz, apenas hago nada; si en ese momento nos levantamos ocho, pedimos la cuenta y le decimos al dueño que las próximas copas que se las pida (y las pague) Alejandro Sanz, estaremos haciendo algo mucho más positivo: sublevar al sector de la hostelería, que ya está bastante caliente con la $GAE, pero que parece que necesita un empujoncito para entrar en el sendero de la guerra.

Pero en toda movilización hay demasiada gente que se autoexcluye porque se considera por encima del asunto. Es todo ese montón de gente al que la cultura le importa lo mismo que a las discográficas o a las entidades de gestión, es toda esa gente -mogollón- que cuando disfruta de un bien cultural simplemento tomándolo, no es consciente de estar ejerciendo un derecho que han ganado sus padres, sus abuelos y decenas y decenas de generaciones antes que él, y que, de hecho, les da igual; es esa gente a la que no preocupa ni la ley ni la ética: pueden hacerlo y lo hacen, sin más; bueno, si encima salen unos piraos a decir que eso es justo y está bien hecho, pues mejor que mejor. Claro, cuando pierden el derecho no lo lamentan porque no son conscientes de haberlo tenido nunca. Ayer se podía, hoy no se puede, papá ráscate el bolsillo bien rascado para llenarme el iPod y aquí paz y después gloria.

Hay algunos -yo mismo, a veces- que opinan que la digitalización es imparable y que todas estas brutalidades que comete -o, cuando menos, intenta cometer- la industria de los contenidos de ocio, son los estertores del moribundo. Puede ser; vamos, seguro que algo hay de ello. Pero yo no las tengo todas: en mi cultura, en mi educación, una guerra no se gana si no se libra; y en la lógica, los estertores de un moribundo armado hasta los dientes pueden costar muchísimas vidas. El menfoutisme cuesta muy caro.

Y sí: he hablado reiteradamente de guerra. Y guerra es, con cada una de sus seis letras. Aquí no estamos ante un debate democrático: ellos (la industria, las entidades y los políticos) se han saltado, constante y reiteradamente, precisamente el debate democrático. Esto es una guerra y en una guerra sólo gana el que impone su fuerza. Ellos van ganando porque no han vacilado en imponer la suya; nosotros la estamos perdiendo porque mientras la mula funcione, alegría de la vida, y cuando deje de funcionar, ya veremos.

Y os diré yo lo que veremos: las estrellas.

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Pues nada, caballero. ¿Recuerda donde ha guardado sus copias en pdf de los libros de Sun-Tzu y de Von Manstein?

lamastelle | 28-11-2005

Desprès de l’acte de l’Ateneu de Barcelona vaig reflexionar, i vull confessar amb por, sobre el tema de la traça. La por no pel fet de saber que ens poden vigilar les comunicacions, sinó per l’ús, per la multitud d’aplicacions que això pot arribar a tenir i veig que la meva por tenia fonaments, comencen les companyies discogràfiques a demanar que ens persegueixin i desprès que, qui més ens perseguirà, i el més perillós no serà la persecució sinó l’ús o la finalitat que aquesta tindrà, des de fer-nos comprar a tots roba interior verd fluorescent per que no ens perdem al vespre fins a intentar que votem a un candidat concret. Per tant, Xavier, hem arribat a la conclusió de sempre per no veure estels hem de lluitar, hem de deixar el pasotisme !!!!!!

Después del actor de l’Ateneu de Barcelona reflexioné, y quiero confesar con miedo, sobre el tema de la traza. El miedo no por el hecho de saber que nos pueden vigilar las comunicaciones, sino por el uso, por la multitud de aplicaciones que esto puede llegar a tener y veo que mi miedo tenia fundamentos, empiezan las compañías discográficas a pedir que nos persigan y después que, quién más nos perseguirá, y lo más peligroso no será la persecución sino el uso o la finalidad que esta tendrá, des de hacernos comprar ropa interior verde fluorescente para no perdernos por la noche hasta intentar que votemos a un candidato concreto. Por tanto, Xavier, hemos llegado a la conclusión de siempre que para no ver estrellas hemos de luchar, hemos de dejar el pasotismo !!!!

Carol | 28-11-2005

Voluntarios aparecen allá donde menos se lo espere uno. Tan sólo tiene que mirar su correo. Con sigilo, claro.

el espía que... | 28-11-2005

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