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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Sábado, 05 de noviembre de 2005

Si ellos tienen UNO, nosotros tenemos IP

De la serie: «Correo ordinario»

Dans, Chinchetru, Daniel Rodríguez, Pedreño... ¡Dios, qué buenos vasallos si hubiera buen señor! Pero aunque el señor fuera el mismísimo Fernando VII, las páginas de Internet de «Libertad Digital» son una referencia imprescindible cuando se quieren conocer aspectos importantes de la sociología internauta española y en español. Muchos artículos de esta modesta bitácora -algunas veces a la contra, otras por la banda, como diría el barbero del chiste- han venido inspirados por estos autores y por esas páginas, y este es hoy el caso, como sospecho -sin otro dolor que la prevención hacia el medio continente- que va a seguir siéndolo en el próximo futuro.

Hoy le corresponde el soberano impulso a Antonio José Chinchetru cuyo artículo de hoy, asociado a la más berroqueña de nuestras ocasiones históricas, alumbra el título del presente plumiferio.

Se queja, el buen Antonio José, del nuevo -y estúpido- mangoneo de la UNESCO, apéndice de la ONU que llora porque -a su modo de ver- Internet está a puntito de laminar nada menos que 3.000 lenguas. Ya me gustaría ver esa contabilidad, no fuera a estar levantada con los mismos criterios que permitirían deducir que Cataluña (aludo sólo al Principado, a la comunidad autónoma formal y constitucional) tiene no menos que docena y media de lenguas (aranés aparte, que esa sí que es lengua como dos y dos son cuatro) extrapolando lo que simplemente es variedad lingüística a la consideración de idioma con todas las de la ley, polvos de los que vienen lodos lacerantes (e ignorantes) en los que ahora mismo no voy a entrar.

Lógicamente, no voy a reproducir el entero artículo de Chinchetru -para eso están los enlaces-, pero sí que me gustaría destacar dos afirmaciones del mismo: una, que Internet es un perfecto comodín para las frustraciones de quien no puede hacer nada para evitar un fenómeno perverso (o que el interesado considera perverso) y, así, la Red ha sido, sucesiva, cumulativa o alternativamente, acusada de pirata, de pederasta, de anticristo e, incluso, de engordante; otra, que la UNESCO es una organización que lleva décadas peleando contra la libre difusión de ideas e información en el mundo en una especie de seguidismo de la política cultural (o sin cultural) soviética. No sé si debería decirlo, pero quizá a la UNESCO le convendría abandonar ese marxismo para abrazar la suerte de descompresión anarquista que tanto éxito social ha proporcionado a alguno que yo me sé.

La ONU, para decirlo en dos palabras y no llenar de tacos media bitácora, es un organismo al servicio de los vencedores de una guerra que terminó hace sesenta años, que se mantiene anacrónicamente vivo pese al radical cambio que experimentó la geopolítica mundial hace veinte y que se mantiene vivo -parasitando, eso sí, una enorme cantidad de recursos económicos- alimentándose de su propia ineficiencia. Algunos dirán que esa ineficiencia es congénita y originaria, no sobrevenida hace veinte años, y seguramente tendrán razón. Y ese organismo tiene varios apéndices. Un servidor, por ejemplo, tabáquico jubilado hace seis años, ya se hartó de oirle burradas a la OMS y se resigna a que, mientras los Evangelios son -y así debe ser- perfectamente discutibles y debatibles en fondo y forma, las estupideces de la OMS han pasado a constituir verdades evangélicas de las de antes, de aquellas cuya discrepancia te llevaba a la hoguera. Y si la palabra de un tabáquico desertor no es suficiente, mejor le preguntan al doctor Patarroyo, que sufrió en sus carnes la persecución a que, instrumentada a través de la OMS, le sometió el apropiacionismo de los grandes laboratorios farmacéuticos. Otro de esos organismos es la UNESCO, patrocinador eterno y de primera fila del apropiacionismo intelectual y culpable en primerísimo grado de que lo más importante y actual del conocimiento humano sea inalcanzable para los pueblos, sociedades, clases y personas más pobres y desfavorecidos. Incluso para muchos no tan pobres ni tan desfavorecidos.

Me viene ahora a la cabeza la recientísima polémica, que aún colea, sobre la pretensión de que el ICANN pase a manos de la ONU y sobre el «ni hablar» con que los norteamericanos han contestado a la posibilidad de perder el control total -ni siquiera parcial- del organismo regulador del sistema de direccionamiento de la Red.

Los cuatro o cinco lectores habituales de esta bitácora ya conocen mis simpatías hacia el yanqui, pero que alguien me caiga mal no me hace automáticamente simpáticos a sus enemigos. He soportado (intelectualmente, por suerte) las brutalidades de la democracia marxista tan mal como las de la democracia liberal (ya más en carne propia y menos intelectualmente, por desgracia). Pero, francamente, la idea de que el ICANN esté controlado por un montón de cabras con turbante, otro montón de hijos de Mao y un montón más allá de hijos putativos de Ernesto Guevara, pues, mira, como que no.

Si soy riguroso con la verdad más absoluta, nadie -tras el franquismo- me ha tapado la boca y tengo muy claro que todos los problemas de libertad de expresión los tendría antes con los abogados de don Teddy que con los sicarios de doña Condolencias, aún perfectamente consciente de que éstos no son en absoluto unas malvas cuando hay consignas de hacer callar a la gente. Si es cierto que en hispanoamérica han caído unos cuantos -no pocos- por cantarle al gringo las verdades del barquero, conviene agarrarse cuando se orienta la contabilidad hacia Asia Menor, el Indostán, China o el Caribe. Las noticias luctuosas que llegan de Norteamérica respecto de Internet, hablan de persecuciones judiciales por causa de la maldita mierda del apropiacionismo intelectual, pero por nada más (si exceptuamos delitos comunes cometidos a través de Internet, no con ocasión de Internet misma); las noticias luctuosas -muy luctuosas- que llegan de Internet procedentes de países como China, Cuba o Irán tiene mucho más que ver con la pura y simple libertad de expresión y con la contestación política que con la versión islámica de la $GAE.

No me gustan nada los norteamericanos, pero, si hablamos del ICANN (y de muchas otras cosas), menos me gustan aún don Koffi y su banda tercermundista (en el peor sentido de la palabra) que no pretenden otra cosa sino extender su censura y su bestial represión a todo el orbe mundial, no sólo a sus pobres y desgraciados países.

Quizá sea que, acostumbrado al imperio omnímodo y unilateral de los yanquis en tantas y tantas cosas (en prácticamente todo), ya no me importe una más; no me sorprendería que los ciudadanos menos hechos polvo del mundo tengamos hacia los EEUU una especie de síndrome de Estocolmo que nos haga la enculada menos ingrata con una hamburguesa que con una bola de falafel. Pero a estas alturas de la vida, no me apetece nada que venga ningún tipo de cura (cualquiera que sea el jodido dios al que rece) a decirme qué día de la semana puedo o no escribir y qué cosas puedo o no decir de acuerdo con lo que hace miles de años escribieron unos iluminados.

Y menos, pagando yo.

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Caray, ¿hay tres lectores ademas de mi? Jo, entonces ya no soy un miembro de la minoria elitista. Que asco, mañana mismo me paso a www.loquediganlosdemas.com :-).

lamastelle | 06-11-2005

"Pero a estas alturas de la vida, no me apetece nada que venga ningún tipo de cura (cualquiera que sea el jodido dios al que rece) a decirme qué día de la semana puedo o no escribir y qué cosas puedo o no decir de acuerdo con lo que hace miles de años escribieron unos iluminados."

... pedazo de librepensador, enciclopedista, volteriano, francmasón... así pagas mis desvelos... :D

Monsignore | 07-11-2005

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