Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

.

¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

Búsqueda

La tira Ecol


Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM




















No a la traza privada sin control judicial

Ven a Devolución y recupera el conocimiento





Get Firefox!

Get Thunderbird!

Siempre mejor con OpenOffice. Para no equivocarte

Mis fotografías



Derechos del autor,
derechos para todos


Licencia de Creative Commons

Esta obra está protegida por una
licencia de Creative Commons

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006

Visitas


Estadisticas y contadores web gratis

Desde 21 de enero de 2005


Internet MarketingForos gratisTacañoPracticasGuia

Desde 21 de enero de 2006

El tiempo en casa



Créditos


Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com


 Bitacoras.com

directorio blogs

Jueves, 27 de octubre de 2005

De gamberros, de herederos y de especuladores

De la serie: «Los jueves, paella»

Ocho y media de la mañana. Acabo de dejar en el colegio a mi hija menor y, como siempre, continúo andando hacia mi trabajo. En este pequeño paseo matutino casi todos los días me cruzo con uno de mi sobrinos; tiene 14 años, discapacitado, y se desplaza en silla de ruedas acompañado por un monitor. Hoy lo veo en el otro lado de una calle y está chillando. «¿Qué le pasa a este hoy?». me pregunto. Lo que le pasa es sencillo, indignante y, desde luego, como para chillar y para mucho más que chillar: están parados en el bordillo, intantando cruzar la calle... frente a un hermosísimo paso de cebra que los tiparracos del motor pasan olímpicamente de respetar. Ellos tienen prisa y el puto peatón que se joda, que para eso se pasea en vez de trabajar y ganar dinero para comprar un coche de mil caballos al motor (y un burro al volante, como decía Perich). ¿Dónde está la Guardia Urbana? Seguramente recaudando: poniendo multas a los coches mal aparcados (preferentemente a los que, pese a la infracción, causan pocas molestias). Así que me ato a la frente un virtual pañuelo de seda con el sol naciente y en plan kamikaze me lanzo a saco al medio del paso; un cabronazo frena de golpe cagándose -seguro- en mi padre pero pensando que como me toque no hay quien le quite tres meses de carnet (como mucho, que ya hemos visto lo bien que le ha ido al Farruquito después de haberse cepillado a un ciudadano), así que su propio coche sirve de barrera a los capullos que le siguen y, gracias a mi temeraria proeza, puede pasar mi sobrino. Mi sobrino y dos chavales más que van al cole, y una señora mayor, y una señora joven con el carrito de la compra que estaban todos a un lado u otro de la calle cagados de miedo sin atreverse a cruzar por donde tienen perfecto derecho, derecho impune y vilmente atropellado por los cafres de la combustión interna.

Continúo caminando, ya normalizado el índice de adrenalina, y me viene por detrás un ciclista (estoy en zona peatonal) que casi me depila la mitad izquierda del cuerpo. Le increpo -sorprendentemente sin tacos, que ya es raro por mi parte en tales circunstancias- por su manera agresiva de ir por el mundo y por no respetar nada y el hijo de la gran puta me envía a tomar por el saco como si, encima, fuera él el agredido. La agresividad y falta de respeto y de consideración de los ciclistas hacia los peatones es proverbial; y, digan lo que quieran desde sus asociaciones, los incívicos, los irrespetuosos, los agresores y los salvajes del pedal no son excepción y sí legión. Luego se quejan de que los del motor los tratan a la baqueta, pero ellos hacen exactamente lo mismo cuando son la parte fuerte en el asunto. ¿Dónde está la Guardia Urbana? Seguramente recaudando: poniendo multas a los coches mal aparcados (preferentemente a los que etcétera, etcétera). En todo caso, es inútil: los cafres del pedal son los niños mimados de Clos, que ha puesto aceras y zonas peatonales a su libre, unilateral y arbitraria disposición.

Ya me voy acercando a mi trabajo y me queda por cruzar una calle, pero ahí hay pasos de peatones protegidos (cursiva, porque es un decir) por semáforos. Me pongo a cruzar por uno y, justo en mitad de la calle, la luz verde de los peatones inicia la intermitencia previa a su pase al rojo; no es problema porque puedo llegar al otro lado antes de que se dé suelta a la jauría. ¡Iluso de mí! Apenas el moñaco verde se pone a tintinear, montones de motos se lanzan como en salida de gran premio utilizando mi cuerpo serrano como una baliza de slalom. ¿Dónde está la Guardia Urbana? Seguramente recaudando: poniendo multas a los coches mal aparcados (preferentemente etcétera, etcétera). También sería, no obstante, inútil pedir su protección: las manadas de descerebrados con casco son un signo característico de Barcelona, la hacen muy cool y le ahorran al Ayuntamiento mucha pasta en transporte público, así que no vamos a ponernos duros con la muchachada de las dos ruedas, total, sólo porque se dedican a montar corridas de toros con los peatones...

Llego al trabajo y saludo alegremente a mis colegas. Una compañera se admira: «Javier es un tío rarísimo, oye: siempre viene contento al trabajo, aunque sea lunes». Efectivamente, es admirable. Tendría que llegar empuñando un Kalashnikov, echando espumarajos hidrofóbicos por la boca, bilis por los oídos y con los ojos inyectados en sangre.

Pero no por causa del trabajo.

____________________


Bueno, bueno, pues parece que, de forma inminente, vamos a ser súbditos de nuevo, o sea que va a nacer en los próximos días un caballerete que, si la Pepa no lo remedia, va a vivir de nuestros impuestos a divinis. Según se anda leyendo por los confidenciales, parece ser que el día D es el 31 de octubre, si la naturaleza no dispone antes otra cosa; o sea que el próximo lunes, festival nacional de la oxitocina e infantito al canto. A esta familia (la Borbón Ortiz) la festividad de Todos los Santos les pone.

Infantito, que no infantita, porque esa es otra: la tomadura de pelo con el sexo del nasciturus. Se sostiene que se ignora en todos los ámbitos. Incluso el monarca se permitió ayer tomar por tontos a todos sus siervos diciendo que lo ignora incluso el médico (sic). Vale. No lo sabe el obstetra, no lo sabe el ecografista. Bravo. Claro. Porque el tubito con la amniocentesis se la puede pasar el brigada Povedilla (CNI of course) a cualquier laboratorio diciendo que es de Pepita Martinez y cuela, pero que me digan que el ecografista ignora de quién es la panza sobre la que está pasando el sensor, mira, va a ser que no, como se dice ahora. A mí que no me rayen, como también se dice ahora (ser padre de adolescente confiere un léxico que te cagas...).

Y que es niño, es más que evidente: cuando doña Letizia nos alegró la hipoteca con la noticia de su embarazo, media España se volvió histérica: había que reformar urgentemente la Constitución para que pudiera heredar el trono una nena aunque tras ella llegara un nene. Puede parecer algo intrascendente -de hecho, lo es- pero aquí hay mucha gente que recuerda que esta gilipollez (bueno, esta gilipollez y unos cuantos problemillas añadidos) causó tres guerras civiles en este país, cosa poco sorprendente porque en este país la guerra civil es el deporte nacional; incluso ahora mismo tiene deportistas vocacionales locos por competir. Sin embargo, tres meses después (¿pillas?) la histeria se había terminado y la Constitución de 1978 volvía a ser tan evangélica y tan intocable como antes. Esto de tocar la Consti pone nerviosos a muchos y si se gana una generación, pues todo eso que hemos ganado, que con las cosas de comer no se juega.

Pues nada, que sea una hora corta y que venga todo bien. Y a ver si a doña Letizia se le alegra un poco la cara con el rorro, que siempre circula con una pinta tan avinagrada que parece que sufra de hemorroides.

____________________


Esta semana se han cumplido los 100 días de encierro de los trabajadores de MENASA. La situación sigue igual, a medio camino entre la esperanza y el escepticismo, que no desazón porque no hay intenciones de cejar en la lucha. No se esperan noticias en un sentido u otro hasta mediados de noviembre, según parece.

La angustia continúa y, aunque la noticia sea que no hay noticias, salvo la redonda cuenta de días, no quiero dejar de dar fe desde aquí.

Aunque sólo sea como una bandera para las muchas -demasiadas- menasas que hay por toda España.

____________________


El pasado lunes una avioneta que acababa de despegar del aeródromo de Sabadell se estrelló contra la grúa de un edificio en construcción muy cercano. La grúa era ilegal: el Ayuntamiento -parece- había dado el permiso para su instalación pero no la Dirección General de Aviación Civil, competente en el asunto debido precisamente a la proximidad apuntada.

Cuatro personas muertas.

Incidentalmente, conocía a una de ellas, Albert Galvany, el piloto. No lo conocí personalmente -vamos, no recuerdo haberlo conocido personalmente- pero pertenecía a varias asociaciones virtuales de aficionados a los programas de simulación de vuelo y en la época en que yo también tuve esa afición (de hecho aún la tengo, pero no tengo tiempo de ejercer) nos cruzamos varias veces en una o dos listas de correo.

Lo he sentido. Aunque no se trate de una persona propiamente próxima, cuando a un muerto se le pone nombre y apellidos y estos resultan ser conocidos, cuando ha habido algún tipo de trato, se genera un plus de luctuosidad del que, lógicamente, se acusa recibo.

Descanse en paz este compañero de una afición en la que él era profesional (mecánico en un alínea aérea especializado en Airbus, me ha parecido leer en alguna lista).

Pero, claro, la cosa no se queda aquí. Este no ha sido un accidente normal y corriente. Este ha sido un accidente causado directamente por la falta de escrúpulos en la especulación inmobiliaria que no se detiene ni a la hora de poner en serio -y muy real- riesgo la vida de las personas. Cuatro muertos hoy, dos más hace unas pocas semanas y todos ellos ocupantes de avionetas.

Los vecinos, víctimas de la manipulación de los especuladores -y, naturalmente, de los políticos interesados en la especulación- han puesto el grito en el cielo clamando por los riesgos de ese aeropuerto. Pero ese aeropuerto ya estaba allí antes de que ellos llegasen (o les trajeran a comerse el marrón). Y, conviene recordarlo, los muertos, hasta ahora, sólo han sido aviadores y no vecinos.

Leo en una de las listas que el padre de Albert Galvany, una vez las aguas hayan vuelto a su cauce (a su cauce, pero ya sin su hijo, claro) piensa iniciar una cruzada contra la demagogia, contra los especuladores y contra los políticos traidores.

Que cuente conmigo. Y con «El Incordio», por supuesto.

____________________


Hasta el próximo jueves, que ya será noviembre, tiempo de castañas... ¡y de don Juan Tenorio! ¿No es verdad, ángel de amor..?

Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

El otro día estaba yo en el diván de mi psicólogo, comentándole las ganas de revancha hacia los hdp y similares que piensan que un coche es un Panzar III camino de Varsovia, cuando le comenté mi decision de pasarme a la ofensiva y dedicarme a rayar con una llave a todos los coches que aparcan en vados y pasos de cebra. Como es un profesional, me dijo que mi proceder estaba equivocado, que ese no era el camino, que debia pensármelo dos veces antes de proceder... Que debía hacer como él, coger un anillo barato de cadena cien y mucho más sutilmente marcar los coches de esos ************************s que piensan que las leyes son para los demás y que aún tienen el derecho a decirte algo.

Asi me gustan los profesionales :-)

lamastelle | 27-10-2005

Azucar en el depósito de gasolina.

enhiro | 31-10-2005

Comentar


Recordar datos