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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Miércoles, 26 de octubre de 2005

Internet Day

De la serie: «Correo ordinario»

Bueno, pues ayer ya se celebró el día ese de la internés y hoy ya somos todos felices y comemos perdices y mañana mismo pillamos el tren y todo solucionado. Salió -¡indefectiblemente!- la rubita del micrófono entrevistando a analfabetos cuidadosamente seleccionados (impagable, el señor de la boina que, preguntado sobre si navegaba por Internet, respondió: «No zé, ezo lo yeva mi muhé») y salieron -no menos indefectiblemente- los bustos parlantes que hablaban de Internet como de la cosa más obvia del universo y de lo poco de moda y anticuado que se es si no se está en la red. Siempre, por supuesto, sin explicar qué es eso de la red (entre otras cosas porque no lo saben: ni lo que es, ni explicarlo; vaya gremio...). Hoy, volverán a la cotidianidad tecnológica: explicar que la red es algo -una especie de entelequia- peligrosísimo, abarrotado de pederastas, de timadores, de piratas que se bajan música de la red (doce meses, doce teddys) y de perdedores de tiempo y de dinero. Nada, material para rellenar esos minutos que ni a base de fútbol consiguen completar.

En las instancias oficiales... Bueno... Haremos una cosa: vamos a mirar la crónica de Pablo Romero en «El Mundo». No, no porque sea disparatada, al contrario, estoy convencido de que responde a la más estricta realidad.

En primer lugar, que le den un yogur a don Emilio Ontiveros, catedrático y presidente de la Ponencia para la elaboración del Plan Avanza, por el esfuerzo mental desplegado ayer en el Senado al descubrir la sopa de ajo cuando dijo: «Hay poco que celebrar y mucho de lo que mentalizarnos». Y el redactor apuntala: «Así de claro lo dijo». Bueno, menos mal que está don Emilio Ontiveros, cátedro eximio, para iluminar al Senado de que la cosa está muy jodida y de que «está en juego el futuro del país», porque esto, hasta hoy, no lo había dicho nadie, oye. Claro que donde no se atiende a razones y sí a papelones (académicos o de otro tipo), está bien que vaya un catedrático brillantísimo y les cuente obviedades a los políticos. Porque a los políticos, las obviedades hay que explicárselas veinte veces (siempre que no venga a liarla la Rosa de España con la coña esa tan divertida de la neutralidad tecnológica, que entonces me funde los plomos al personal del partido y hay que volver a dar explicaciones con medio centenar de reiteraciones).

Aparte de eso -y siempre según la crónica que enlazo- don Emilio siguió con su amable filípica a los políticos con los importantes argumentos de que la Internet es muy positiva y muy económica y que los poderes públicos «tienen que aplicarse el cuento y dar ejemplo». Bien, cuento sí que tienen mucho, lo vemos cada día, pero no parece que estén por la labor de aplicárselo. Y en cuanto al ejemplo que dan -en cualquier orden- corramos un tupido velo.

Lo bueno, lo monumental, la apoteosis de plumas de marabú, patas al aire y todas las chorus lines berreando, es cuando Pablo Romero, bajo el epígrafe «Respuesta del Gobierno» nos dice que «el ejecutivo no se ha hecho esperar» y el Secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, don Francisco Ros anunció que el Gobierno tiene previsto aumentar el presupuesto de su Secretaría hasta los 1.197 millones de euros, es decir, un 120% más de recursos que lo que será el año anterior, es decir, este. Juro que, cuando decía anteayer que los tíos estos se creen que política tecnológica es comprarle ordenadores al Corte Inglés, no había almorzado con el guionista de don Francisco Ros.

Es alucinante: toda la política (si hay tal) la visten así. Se les dice: «Hay este problema en el sector de las mermeladas» e indefectiblemente responden: «Hemos incrementado un cuantitantos por ciento el presupuesto de actuación en el sector azucarero y frutícola»; y hala, ya tenemos política mermeladera. Se les pregunta si el coche está diseñado para correr mucho y responden que le han llenado el depósito. Ni que decir tiene que luego vendrá el de la oposición y en vez de ir al meollo de la política mermeladera saldrá con la bolinga de que lo del incremento del presupuesto frutícola es una falacia porque en realidad se trata de partidas presupuestarias destinadas a subvencionar los combustibles del transporte para el sector del melón de secano. Y el otro duplicará con cualquier otra imbecilidad hasta que ambos se enzarzan en una empastifada de cifras que no hay Dios ni Fuentes Quintana que entienda. Naturalmente -si esto es, por ejemplo, un debate televisado- el ciudadano los envía a la mierda y cambia de canal a ver si hacen Operación Triunfo. Luego nos quejamos de la audiencia que tiene la tele basura...

Ayer al mediodía -aún no había comido y estas cosas pasan en ayunas- venía pensando si es que los ciudadanos y la chusma esa vivimos en mundos distintos, hablamos idiomas distintos o es que se trata de un misterio más telúrico y aunque compartimos el espacio-tiempo quizá sucede que lo habitamos en dimensiones distintas. Para entender a esos tíos -si es que ello es posible, que creo que no- hay que clamar a Einstein. Clamar a Einstein o buscar la explicación por la vía de la male leche, de la mala sangre y del cuanto peor pienses más en la diana darás. Que suele ser lo más real y lo más realista.

No hay otra forma de explicar la comedia de ayer y si vamos a hablar [aún más] en serio, recomiendo la muy atenta lectura de este artículo de Carlos Sánchez Almeida poniendo una especial atención (y sin hacer trampa yendo a leerla primero) a la nota del autor que pone fin al artículo porque después de leerlo, esta nota le pone un final verdaderamente digno de «Carrie» (la peli aquella de Brian de Palma, por si alguien no cae).

Si todas estas cuchipandas fueran para bien, consiguieran arreglar el tremendo problema estructural que tenemos en la materia, pues bueno, nos tomaríamos todo esto con cristiana resignación y repetiríamos aquel refrán que Franco consagró (consagró, no inventó) como epitafio de su fiel Carrero: «No hay mal que por bien no venga». Total, para comer tortillas siempre hay que romper huevos. Pero lo decía yo ayer: no es más que una cuchipanda con efectos fotográficos y publicitarios a beneficio de los de siempre. Ya sé que soy reiterativo, pero ser reiterativo, pesado, atorrante y molesto como una mosca cojonera es la única forma -y aún así sin la menor garantía de éxito- de que se enteren de algo. Siendo reiterativo yo, por supuesto, como uno más entre miles de moscardones que nos desgañitamos angustiados viendo como, otra vez, no es tanto que perdamos el tren sino que la estamos cagando nuevamente en lo del ancho de vía.

Y, evaporado el sofocante y hortera perfume de bar de camarutas con que nos saturaron ayer durante todo el día, vuelve a notarse en el ambiente aquel inconfundible, tan familiar y tan nuestro, olor a pies al eructo de ajo.

Pañuelo a la nariz y a seguir luchando.

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Hmmm, usted esperese a que empiecen las filtraciones de virus y troyanos en el Congreso, o capturas de telefono movil del senador de turno viendo porno o una peli pirateada en dvd en su monitor del escaño, ya vera como nos reimos todos...

lamastelle | 26-10-2005

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