
Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.
El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo
Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006
Lunes, 24 de octubre de 2005
De la serie: «Correo ordinario»
Mañana se celebra una cuchipanda nueva que se han inventado: el «Día de Internet». Nada: pijaes y tontaes que no llevan a nada positivo, como el ochenta por ciento (y me quedo corto) de las jornadas de innovación y de tecnologías que se celebran anualmente en este país para que unos cuantos salgan en la foto, los de siempre hagan su publicidad -y lo barata que les sale- y los demás no se enteren de nada.
¿Algún efecto positivo? Quizá el que se habla del asunto, pero, bah, tampoco, porque se habla y no se hace más que hablar. Algún medio se queja hoy de la brecha digital, como si fuera un descubrimiento nuevo. Algún medio que, por cierto, también ha vendido unos cuantos ejemplares jugando a la truculencia en red y llenando internet de atracos, de pederastas, de piratas y de no sé qué mas. Y celebrando con gran jolgorio, por supuesto, que las empresas de siempre -y que todos sabemos- se hagan dueñas de los escritorios por vía de única opción.
Hace siete años, desde que existe, que la Asociación de Internautas clama por el peligro de brecha digital; y no sólo la Asociación de Internautas: de hecho, este problema es un clamor en la red (pero sólo en la red); y ya se clamaba antes de que existiera la Asociación de Internautas porque la brecha digital es lo que se pretendia eliminar -o, cuando menos, paliar- cuando exigíamos una tarifa plana universal y asquible. Ya hay tarifa plana, pero sigue sin ser universal ni asequible. Luego brecha, claro...
Yo he pasado por todas las etapas de la informática en el camino de su implantación social generalizada, o sea, desde mediados de los ochenta, desde el nacimiento del PC, si se quiere. En estos veintipico años, los que nos quedamos boquiabiertos antes estas máquinas y sus posibilidades nos vimos considerados poco menos que como niños juguetones por mucho imbécil que ahora forma parte de quienes promueven días de Internet; nos vimos calificados de chateadores y arriesgadores de su dinero por un inolvidable presidente de Telefoníca (la tilde no es un error) que ahora también parece que suscita periódicos recuerdos en algún juzgado que otro; hasta llegar a la actualidad en que cualquier mindundi con pluma y con todas las luces que le pueden dar unos plomos fundidos nos califica de estafadores o de pederastas y pinta la red de manera que toda la literatura picaresca ofrece una imagen paradisíaca de la España del XVII en comparación a la que dibujan los media de la España del XXI. Se prestan oídos, cámaras, micrófonos y páginas a quienes no quieren sino deshacer la red o apropiarse de ella para salvaguardar sus negocios o ampliar aún más sus monopolios a costa del desarrollo de nuestra sociedad, se sacralizan las palabras de cantachifles o de faranduleros analfabetos muchos de los cuales ni siquiera expresan ideas propias (evidentemente: no las tienen) y se limitan a repetir las palabras inducidas por quienes verdaderamente los están pirateando.
Y tantos años después de tanto clamor, descubren ahora la brecha digital. Además, la descubren ahora porque mañana es el día ese ridículo (¿inventará el gremio de joyeros algún lacito de oro ad hoc: «Hoy navego más que ayer, y muchos españoles -a la fuerza les ahorcan- nada hoy y nada mañana»?). La semana que viene, aparecidos en la foto los que tenían que aparecer, rentabilizada la publicidad que se tenía que rentabilizar y cuando todos los telediarios hayan llenado minutos y más minutos clamando por la brecha digital y saliendo a la calle -inevitable rubita micrófono en mano- para poner en el escaparate a todos los pueblerinos que el equipo de reporteros haya podido pillar, luciendo ante la cámara su sonrisa cretina mientras escupen «¿Y ezo que é?», volverán un día sí y al siguiente también a hablar de gilipollas japoneses que se suicidan coordinadamente usando la red para comunicarse, de redadas de trescientos pederastas en red (que luego el juez deja en libertad sin cargos... ¿cuántos plenarios se han llevado a cabo por pederastia en red y cuántos son tan masivos como las detenciones?) o de reirle a Bill Gates todas las gracias (llevan celebrando no sé cuántas subidas a un escenario por un presunto sistema operativo que aún falta un año y medio largo -como poco- para que esté en el mercado).
No existe -por más que llenan cargos, ministerios, departamentos y empresas públicas- nada parecido a una política tecnológica ni para las administraciones públicas, ni para las empresas ni ¡ay! para la educación. Toda la política tecnológica se limita a arrojar sin parar carretadas enormes de millones de euros a una empresa innecesariamente monopolística o de poner en marcha costosísimas páginas web (realizadas por los de siempre) que, además de no servir para apenas nada (muchas son simples espectáculos audiovisuales, puro circo político virtual), resulta que no son practicables por un navegador del que sabíamos hace pocas fechas que ha alcanzado los cien millones de descargas. Quienes recaudan cuantiosísimos impuestos -muchos de ellos basados en hechos imponibles que no pueden ser más peregrinos- a la totalidad de los españoles persiguiendo sañudamente a quienes se autoexcluyen (y hacen bien) ponen en marcha sistemas informáticos a los que no pueden acceder todos los españoles puesto que hay unos cuantos (bah, apenas unos miles) que no son clientes de una empresa privada que, encima, no es española; ni siquiera europea.
Y la sociología también tiene su parte de culpa: todavía se dice -y se ríe- como una gracia el yo de ordenadores no entiendo y no pocos de los que esto dicen no alcanzan los cincuenta años; y, bueno, la realidad de cada día les indica que, efectivamente, pueden permitirse este lujo. Porque en esta España de hoy todavía existen administrativos no despedidos por incompetentes que no dominan un paquete ofimático (y la mayoría de los que lo dominan sólo conocen el monopolístico, así que si se les saca de ahí, quedan reducidos a escombros profesionales); porque en esta España de hoy todavía hay ejecutivos -públicos y privados- que creen que esto de la informática es cosa de secretarias y que no va con ellos (y consideran la ignorancia tecnológica como un signo de distinción, igual que la antigua marranada de llevar larga la uña del meñique, símbolo y garantía que fue de no realizar bajos trabajos manuales).
Y lo que es peor y dramático: todavía hay muchísimos políticos (la práctica totalidad y en todos los partidos) que se creen que política tecnológica es algo que consiste en comprarle montones de ordenadores al Corte Inglés, miles de licencias a MIcro$oft, centenares de páginas web a Accenture (ex Arthur Andersen, conviene no olvidarlo ni por un minuto) y organizar decenas de días de Internet y otras gilipolleces.
Lo que no entiendo es cómo pueden decir que estamos perdiendo el tren. Porque... ¿de verdad saben estos tíos lo que es un tren?
Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (2) | Referencias (1)
lamastelle | 24-10-2005
Conozco el caso de la comunidad autónoma de Canarias y es un reflejo, punto por punto, de lo que comenta este artículo. Lo cierto es que resulta cada día más chocante y lamentable que la alternativa libre y de calidad en el mundo de la tecnología informática existe y es por completo ajena a los intereses políticos dominantes.
Natalia Velazco | 26-10-2005
URL para referencias o trackbacks
Internet Day | 2005-10-26 11:17:45
[...] cuando decía anteayer que los tíos estos se creen que política tecnológica es comprarle ordenadores al Corte Inglés, no había almorzado con el guionista de don Francisco Ros.
Es alucinante: toda la política (si hay tal) la visten así. Se [...]