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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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Jueves, 20 de octubre de 2005

Sin salir de la plaza de Sant Jaume

De la serie: «Los jueves, paella»

Apenas un fin de semana y dos laborables ha durado el sidral formado por Pasqual Maragall, president de la Generalitat, cuando, creo que fue el viernes, anunció su intención de modificar el Govern por su cuenta y riesgo en plan Juan Palomo. El martes, en la sesión parlamentaria, se la envainó gloriosamente y dijo que vale, que sería bueno, que habría cambio de Govern pero consultado, consensuado y negociado con discreción. Confieso que, después del barud formado, lo de la discreción me dejó, como decimos en catalán, estès.

Supongo que de todas formas no quedará así la cosa y que a medio o largo plazo esta historia traerá consecuencias, no sé si buenas o malas ni para quién, pero tengo claro que el submarino no ha ido a puerto sino que solamente se ha sumergido. Antes o después, dará señales de vida, que nadie lo dude.

Pero hay una manera de ver todos estos acontecimientos en la que nadie parece haber caído: Maragall se ha constituido -durante un fin de semana y dos laborables- en un político (en el político) alzado como un Cid Campeador frente a la maquinaria de los partidos.

Mis cuatro o cinco lectores conocen la simpatía que profeso a la clase política y a la inmensa mayoría de los políticos, pero ni aún con ello he podido evitar sentirme solidario con Maragall, sentirme por una vez -que, desgraciadamente, no sentará precedente- representado por él. Se puede o no estar de acuerdo en lo que quería hacer -a mí, personalmente, me importa un pito la identidad de los eventualmente cesados y la de los eventualmente nombrados- pero, contrariamente a lo que parece ser la ola general dentro del putrefacto mundillo este de lo políticamente correcto, me encantaron las formas y me encantó ese «Aquí mando yo» que todo lo que tendría de intolerable chulería emitido hacia la ciudadanía, lo tenía de magnífica gallardía frente a los tejemanejes -más bien apestosos- de los fontaneros y de los barones del aparato del partido. Por unos días, lamentablemente breves, Maragall fue un verdadero líder, el representante que todos soñamos -ideologías aparte-, dueño de sus actos, de su voluntad y de sus decisiones, enfrentado a los intereses ajenos al común de los ciudadanos.

Ganaron éstos, ganaron las maquinarias, ganaron los fontaneros y los barones y cuando Maragall se la envainó, de alguna manera nos la envainamos todos los ciudadanos. Todos, del primero al último.

La sesión parlamentaria catalana del pasado martes fue una jornada triste -aunque fuera insensiblemente triste- para todos nosotros, una jornada en la que la ciudadanía y en la que la política, la política de verdad, la noble tarea de representarnos y de regirnos, salimos escaldados.

____________________


De un lado a otro de la plaza de Sant Jaume nos vamos al inefable alcalde Clos y a sus políticas de civismo, que se ve que ahora le ha dado por ahí. Bueno, no es que le haya dado, porque hasta ahora esta Barcelona guarra parecía formar parte de su transversalidad y de su multiculturalidad, pero es más que probable que los sismómetros del partido le hayan sugerido -u ordenado, según se deduciría del articulito anterior- que se pusiera las pilas porque el cabreo ciudadano empezaba a subir en la escala Richter hasta niveles alarmantes, y con unas elecciones locales a cosa de un añito y medio se han de acabar las bromas.

Su última genialidad es una ordenanza en la que reparte multas como balas de ametralladora, pero atención a los destinatarios: pedigüeños, tahúres, manteros, prostitutas y -atención- los clientes de estos dos últimos. Bueno, me río yo de las multas a pedigüeños, tahúres y manteros: como se decía ayer por la bitácora no recuerdo si de David Bravo o de Nacho Escolar, para eso se ha inventado la declaración de insolvencia. Pero es que la declaración de insolvencia es el recurso final, el indulto mismo con la soga al cuello, que los afectados sólo tendrán que usar en contadísimas ocasiones, porque me río yo de la persecución administrativa, por más sancionadora que sea, hacia quien vive a salto de mata, vive hoy aquí y mañana allí, ni se acuerda de dónde está empadronado, no cotiza a la Seguridad Social y menos aún realiza la declaración IRPF. La mayor parte de esta gente se encuentra al borde mismo de la inexistencia civil si es que no vive plenamente en ella.

Otra cosa son los clientes. Evidentemente, la represión municipal es mucho más eficaz contra los ciudadanos que llevan una vida regular y ordenada, que trabajan, que tienen domicilio fijo, que pagan sus -numerosos y abusivos- impuestos y que cotizan como pepes a la Seguridad Social para cobrar una jubilación de verdadera mierda. A por esos sí que se puede ir y trabarles la nómina, bloquearles la cuenta bancaria, embargarles el coche o el televisor, y, en fin, las al parecer interminables perrerías que permite la normativa administrativa sancionadora para que el que la haga la pague o incluso para que la pague aunque no la haga, que alcaldada viene de autoridad municipal, eso es obvio.

Pero ahora no hará falta saltarse un semáforo en rojo para que te caiga encima la recaudación ejecutiva del Ayuntamiento. Ahora puede ser que a un ciudadano le caiga un garrotazo por contratar las habilidades sexuales de una señora que las ofrece de forma libre y espontánea, cosa que, además, cabe recordar que no es ilegal ya que los calzonazos de los políticos le tienen tanto miedo a prohibir la prostitución como a legalizarla y, así, la tienen en el estrambótico limbo jurídico del extra commercium que no impide, por lo visto, meter a la otra parte contratante en una especie de Guantánamo administrativo. A esto se le llama tirar por la calle de enmedio, sí señor.

De todas maneras, igual echaremos algunas risas porque esto de castigar a la clientela prostituyente, siempre tiene el peligro que, en otro orden de cosas, prevenía la anécdota aquella del ciudadano apedreado por un pillete: «¡Niño, no tires piedras, que le puedes dar a tu padre!». Cuando se tiran piedras sobre la clientela, nunca se sabe a qué cabeza de putero se le puede hacer un chichón e igual algún pedrusco tiene efecto boomerang. Ya veremos...

También los clientes del top manta. Esto equivale a hacer responsables a los ciudadanos de la ineficiencia municipal. Si yo veo a un señor comerciando por la calle, tengo perfecto derecho a presumir que si los urbanos no lo han echado de allí a patadas es porque su actividad es perfectamente legal. Me gustará ver cómo van a justificar ante el juez que un munipa multe a un ciudadano por comprar unas gafas, un pañuelo o un disco en el top manta, en previa y evidente omisión del deber de levantar la manta de marras.

Porque las dos cosas, si se llevan a término, acabarán en los tribunales, esto es de cajón. Quizá lo de las prostitutas tarde más, porque en estas cosas siempre es mejor no meneallo cuando hay que funcionar con nombre y apellidos, pero tarde o temprano acaba apareciendo alguien cuyo cabreo es mayor que su inhibición (o que el miedo a su parienta) y a la Guardia Urbana le pueden las togas subir los colores. Lo del top manta, por otra parte, irá a tribunales a la primera porque, además, me atrevo a pronosticar que al afectado no le va a faltar auxilio jurídico en su empresa contenciosa. En esta cuestión, es evidente que el perjudicado por la ineficacia municipal nos va a tener al lado no sólo a un buen montón de ciudadanos, sino también a unas cuantas entidades bien provistas de asesorías jurídicas. No nos faltaba más que eso: a estas horas nos va a venir el Teddy Bautista a escribir las ordenanzas municipales...

Y espera, espera, que muerdan en la cuestión las ONG, las entidades feministas y demás colectivos de afectables. Pero bueno, hombre de Dios: ¿quién diantre asesora al alcalde? Porque... no irá esto a ser idea suya ¿verdad?

No, por favor, no. No me contesten.

____________________


Hasta el próximo jueves, 27 de octubre y último del horario de verano. Poco a poco ya iremos avanzando hacia esas fechas en que uno sale de casa aún de noche y del trabajo ya de noche: es lo único que no me gusta del invierno, las pocas horas de luz natural que, encima, las echas todas metido en la oficina. Cosas de la latitud en que nos ha tocado caer. Peor lo tienen, ahora, los suecos.

Que vaya bien la semana.

Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Si no han cambiado el Codigo Penal mientras dormia, la prostitución voluntaria es perfectamente legal en este país, nación o grupo de gente que no son ni portugueses, ni ingleses, ni franceses ni andorranos. Lo que es ilegal es el proxenetismo (excepto el politico, of course :-) ). Asi que si a mí, soltero y sin compromiso, alguien intenta multarme por realizar una actividad perfectamente legal, ya nos podemos ir los polis y yo al juzgado, para ganar tiempo en lo de la denuncia, claro. Que total, mi reputación ya es mala, mis amigos me miran mal y no me dejan sus tebeos y al final hasta le sacaré una jugosa indemnizacion al ayuntamiento por daños morales. Hmmm, ahora que lo pienso, esto es el chollo del siglo. Solo en salir por la tele me puedo sacar para comprarme un piso... Así que me voy ahora mismo a Barcelona y le pregunto a un guardia:

Disculpe, ¿la zona de las mujeres de mala vida y escasa moral, me hace el favor?

lamastelle | 20-10-2005

Caro figlio, en primer lugar no son "señoritas de mala vida" -esas son las amas de casa- ni "de escasa moral" -esas son las regidoras del Ayuntamiento-. Son "señoritas de virtud negociable".

En segundo lugar, ¿te extraña que te pongan una multa por realizar una actividad legal? No sé si habrán cambiado mucho, pero échale un vistazo a la etiqueta de un disco -sí, la parte central, donde está el agujerito-: "Prohibido el préstamo" ¿Qué pasa, que he comprado algo que no puedo prestar?, "el comunicar públicamente el contenido" -vamos, que como cuente a alguien el final de la película, mi destino es la lóbrega mazmorra.

No te puedo dar datos más concretos, porque hace años que no tengo discos originales. Cosas de don Teddy :-D

Monsignore | 20-10-2005

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