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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Miércoles, 19 de octubre de 2005

Otro más

De la serie: «Gramática parda»

Sujeto - Don Gabriel Martínez Surinyac, doctor en Ciencias de la Información, profesor titular de la Universitat Autònoma de Barcelona y especialista en narrativa e imagen aplicadas a la fotografía, la publicidad, el periodismo, el cine y la televisión.

Verbo - En las cartas al director de la edición de hoy de «El Periódico», aparece publicada una de don Gabriel, que interviene en la polémica que Joan Marsè inició hace unos pocos días al criticar el Premio Planeta recaído este año en Mari Pau Janer. Por cierto que, ya no recuerdo en qué medio -el mismo o quizá otro o varios-, aparece la noticia de que Joan Marsè ha dimitido como miembro del jurado del premio.

Predicado - Pesadito estoy con «El Periódico», ya lo sé; parece que sólo lea este medio y, de verdad, leo dos o tres más (cuando menos), pero no sé qué pasa que sólo en ese veo cosas que me llamen la atención como para mencionarlas aquí.

De un modo u otro, y yendo ya al tema, no me interesa tanto la polémica en sí misma como las consideraciones de carácter general que sobre los periodistas plantea Martínez Surinyac y que pueden muy bien aplicarse a ámbitos muy nuestros para explicar por qué en la prensa de papel se silencia, se manipula, se distoriona o -nada excepcionalmente- se miente sin más, en materias que aquí en la Red tenemos muy claras.

Semana de citas habemus y continúo con las de Gabriel Martínez: «Que se hable, aunque se hable mal, es uno de los grandes logros del márketing de la cultura. Y no todos lo pueden alcanzar: son años de esfuerzo para conseguir la complicidad de los poderes sociales y políticos que pueden refugiarse sin levantar sospechas bajo el paraguas de la cultura». Me interesa destacar aquí dos aspectos de este comentario: en primer lugar, el concepto -no extraño ni sorprendente, pero de conveniente refresco mental, de márketing de la cultura; en segundo lugar -tampoco nuevo ni sorprendente- el refugio de poderes sociales y políticos bajo el paraguas de la cultura. Esto, proyectado a nuestro ámbito habitual es interesante y plenamente coincidente, dicho sea sin perjuicio de que la narrativa, el libro en general, formen parte de nuestro ámbito habitual porque se trata del más noble aspecto del conocimiento y porque tienen los mismos problemas: apropiacionismo, rapiña, cánones, entidades de gestión y demás...

Sigo. Ahora, Martínez Surinyac entra a saco y de lleno ya en nuestros ámbitos más comunes: «¿Cuánto interés empresarial, propio y ajeno, se esconde en la información y pasa como noticia cultural? Y no sólo en el mundo del libro. ¿Hablemos de promoción de cine y música? Las empresas lo saben, los periodistas lo saben, el ciudadano quizá aún no y ya va siendo hora de que, por el bien de la información y la publicidad, alguien se lo cuente». Nosotros -por la blogosfera, por la sociedad civil en red- lo intentamos, con el éxito o falta del mismo que es conocido.

La carta es mucho más extensa y dedica unos cuantos comentarios ácidos al Premio Planeta, muy interesantes, pero en los que no voy a entrar aquí y ahora.

Pero parece que, porquito a poquito, se van abriendo las pestañas del ojo; no del ojo ciudadano, desgraciadamente, pero sí que el mundo académico y profesional empieza a ver las cosas tal como nosotros las venimos predicando. Por algo se empieza. Ayer fue el doctor Sánchez Ron el que daba la voz de alarma sobre las patentes, en sintonía con lo que hemos expuesto siempre desde el entorno del conocimiento libre (en sintonía, pero no en amplitud: hay mucha más tela que la que cortó Sánchez Ron); hoy, otro doctor, Gabriel Martínez Surinyac nos habla de la infiltración de poderes políticos y económicos en el mundo de la cultura (una obviedad, para nosotros, pero quizá no para el común de la ciudadanía) y del sometimiento del mundo del periodismo a los designios de los infiltrados.

Es curiosa la ciclotimia que se experimenta cuando se trabaja en este campo. Un día lo ves todo negro y, al siguiente, parece que estemos cerca del triunfo final.

Ni una cosa ni otra. Vamos bien. Vamos bien aunque, ocasionalmente, experimentemos derrotillas, contratiempos y tropezones; pero, en general, avanzamos, aunque a nadie se le puede ocultar que es esta una campaña dura: los enemigos más pequeños (el mundo de la farándula y del gorgorito y la industria del ocio) son duros y difíciles y aún así no constituyen más que el primer peldaño. Detrás de ellos se agazapan los grandes de verdad, los buitres gordos del conocimiento, los especuladores de las patentes, de las patentes biológicas, de las patentes farmacéuticas, de las patentes alimentarias, de las patentes de software y demás.

Somos muchos los que, cada cual desde su modestia, desde sus medios, desde sus posibilidades y desde sus aptitudes, damos el callo por un conocimiento libre pero tenemos mucho camino por recorrer y parte de ese camino está en nosotros mismos: nos falta -entre nosotros- coordinación, optimización de medios y esfuerzos. A ojos del ciudadano, damos una imagen pequeña y cutre y somos muchísimos y los cutres sólo somos dos y medio. hay mucho cerebrín y, sobre todo, muchísima sensibilidad en este ámbito y si las apariencias respondieran a la realidad el gallo que cantaría no sería diferente pero tendría una voz mucho más fuerte.

A seguir bregando. Más. Y, si puede ser, mejor.

Por: Javier Cuchí | Gramática parda | Comentarios (0) | Referencias (0)

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