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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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Miércoles, 05 de octubre de 2005

Patentes y genocidio

De la serie: «En profundidad»

Ayer asistí a la primera sesión del seminario de Economía básica que imparte el profesor Arcadi Oliveres y que organiza ATTAC. Nada digno de mención: una primera sesión somera e introductoria que no entró apenas en materia y que, simplemente, metió en ambiente a los asistentes. Creo que se puede esperar mucho más de este seminario y, de hecho, espero que dé más de sí.

Estos seminarios, aunque sólo sean divulgativos, son útiles porque, en esta sociedad complejísima, no podemos abarcarlo todo. Me explico. Yo estoy en un mercado para comprar comida y tengo dos opciones: si tengo tiempo para cocinar, compro unas rodajas de merluza, me las hago con salero en casa y almuerzo como un maharajá; si no tengo tiempo para gastronomías, compro en el puesto de precocinados unas barritas del «Contramaestre Pescabeoda», las echo a la sartén o a la freidora y arreglada -guarramente- la cuestión. Lo deseable es lo primero, por supuesto, pero el objeto principal del asunto, es alimentarse de la manera que sea. Concluyendo hacia el caso, cuando uno no tiene tiempo -y a veces, tampoco preparación técnica- para enfrentarse con decenas de estudios con centenares de páginas y analizar todos sus datos, debe recurrir al dato elaborado, al precocinado. Es lo que intento yo con este seminario de ATTAC.

Y hacía mención de él porque en esa sesión ambiental el profesor Oliveres rozó tangencialmente uno de los temas centrales de esta bitácora: las patentes. Si bien no derivó ese roce hacia el amplio tema general de la usurpación del conocimiento, habló del daño que están haciendo las patentes a la lucha contra el SIDA, pandemia que afecta sobre todo, por supuesto, a los países llamados en vías de desarrollo, ese estrambótico eufemismo tras el que se esconde la miseria más abyecta y atroz porque, salvo unos pocos [relativamente] afortunados, las vías del desarrollo les quedan más lejos que las del AVE a Barcelona.

Y eso me ha inducido a concretar un poco e incidir algo más en el tema de las patentes, en que que realicé, no hace muchos días, una primera incursión.

La Organización Mundial del Comercio y, dentro de ella, el acuerdo sobre propiedad intelectual (el tristemente conocido TRIPS) establece la duración de una patente en 20 años. También establece una excepción: puede suspenderse la patente en situaciones de emergencia nacional u otras circunstancias de extrema urgencia. Uno diría que 42 millones de infectados y 6 millones de personas con la enfermedad desarrollada constituyen una circunstancia de extrema urgencia, pero no es este el parecer de las multinacionales farmacéuticas. Éstas, arguyen que las inversiones en investigación son cuantiosísimas y que si no fuera por el sistema de patentes, no podría realizarse esta inversión. Es el argumento típico de los apropiacionistas del conocimiento, si bien en este caso está algo más justificado que en el de los faranduleros porque sin apropiación intelectual seguiría habiendo creación artística y es, efectivamente, cierto que sin patentes quizá no habría investigación. Pero, claro, esto no puede decirse así y dejarlo tal cual.

El tiempo de duración de las patentes que establece el TRIPS es una brutalidad; y sobre ser una brutalidad, si no se pone coto a esta cuestión, la tendencia en el futuro no es a disminuir este plazo sino a aumentarlo. Y digo que es una brutalidad, por dos razones: la mayoría de los inventos y creaciones industriales están amortizadas muchísimo antes en términos generales; en términos específicos, la industria farmacéutica no tiene más gastos que los de I+D y los suntuosos, excesivos y muchas veces corruptos regalos y atenciones con que obsequia a la clase médica (que, así y todo, son el chocolate del loro) porque, lo demás, la producción y la distribución suponen una carga irrisoria en el coste del producto; el margen de beneficios con el que trabaja esta gente es tremendo, alucinante y muchas inversiones en I+D quedan amortizadas tras uno o dos años de comercialización del producto en los mercados occidentales.

Esto aparte, la patente siempre es un derecho exclusivo, es decir, supone un caso de monopolio -legal y consentido- de un producto en el mercado. Esto, en un mercado libre -que es el que no se cansan de decir que es el ideal- debería ser una práctica tolerada pero con criterios restrictivos y, por tanto, la tendencia debería ser a la reducción del tiempo de la exclusividad y a una ampliación de las circunstancias que pueden suponer excepciones a esa exclusividad y a una más generosa interpretación en la aplicación de dichas circunstancias.

Con respecto al caso concreto del SIDA, sabemos prolijamente -si queremos enterarnos- del enorme problema que tiene con esta enfermedad la República de Sudáfrica, muchas decenas de miles de cuyos ciudadanos fallecen anualmente por su causa. Aunque Sudáfrica sí que quizá pueda ser clasificable como país en vías de desarrollo -sin eufemismo- no deja de ser, al presente, un país pobre que no puede afrontar los costes del tratamiento con los métodos más eficientes, al presente, para combatir la enfermedad y su extensión: los llamados antirretrovirales. Como simples ejemplos (la tabla completa puede encontrarse en el enlace cubano que ofrezco al final de este artículo), digamos que el tratamiento más barato (en dólares de los Estados Unidos por año y enfermo) es la Zalcitabina (HIVID) con un coste de 2.566 USD y el más caro el Amprenavir (AGENERASE) con un coste 7.329 USD. Entre ambos, apenas algo más de una docena de medicaciones alternativas. Evidentemente, un país como Sudáfrica puede afrontar algunos centenares de casos, pero no decenas de miles.

Obviamente, Sudáfrica buscó la solución en el genérico y en 1997 aprobó una ley que permitía su fabricación e importación (Brasil, Thailandia y la India fabrican genéricos). La industria farmacéutica en práctica masa, tanto la local como la multinacional (y, de forma destacada: Alcon, Bayer, Bristol-Myers Squibb, Byk Madaus, Eli Lilly, Glaxo Wellcome, Hoechst Marion Roussel, JanssenCilag, Knoll, Lundbeck, Merck, MSD, Novartis, Novo Nordisk, Pharmacia & Upjohn, Rhone-Poulenc, Roche, Schering, SmighKline, Universal, Wyeth, Xixia y Boehringer-Ingelheim) demandó al Estado sudafricano paralizando la entrada en vigor de esta normativa aprovechando un efecto suspensivo de la propia normativa del país. A partir de ahí, la industria no tuvo más que seguir tácticas dilatorias y, mientras tanto, los ciudadanos sudafricanos van cayendo como moscas.

En la India, sin embargo, los laboratorios CIPLA ponen en el mercado retrovirales genéricos con un coste de tratamiento por año y paciente de 800 USD (entre 3 y 9 veces menos que los patentados) y ha ofrecido estos tratamientos a Médicos sin Fronteras a un coste de 350 USD. Esto viene a confirmar lo que decía antes de los costes reales de los medicamentos. Y lo que es el mercado libre: como otros países han seguido el mismo ejemplo que la India, cuatro multinacionales farmacéuticas (Bristol-Myers Squibb, Glaxo Wellcome, Roche y Merck & Co) han rebajado los precios de sus antirretrovirales en un 80 por 100. Por supuesto, sólo en esos países donde tienen competencia. En España, por ejemplo, donde el TRIPS se cumple a rajatabla y sin remisión alguna, nuestra Seguridad Social -la casa es potente y no repara en gastos- paga los antirretrovirales a lo que piden las multinacionales. Así, sin despeinarse ni nada. Luego, la culpa la tienen los fumadores y los automovilistas, ya les vale a Sanidad y a Tráfico...

En fin, el resumen de la situación, según datos de la International HIV Treatments Access Coalition, vendría a ser la siguiente, en números gordos:

África subsahariana, con 4.100.000 enfermos, en tratamiento: 50.000 (1% de cobertura).
Asia, con 1.000.000 enfermos, en tratamiento: 43.000 (4% de cobertura)
África del norte y Oriente Medio, con 7.000 enfermos, en tratamiento: 3.000 (29% de cobertura)
Europa Oriental y Asia central, con 80.000 enfermos, en tratamiento: 7.000 (9% de cobertura)
Iberoamérica y el Caribe, con 370.000 enfermos, en tratamiento: 196.000 (53% de cobertura)
EN CONJUNTO (suma de los anteriores), 5.500.000 enfermos, en tratamiento: 299.000 (5% de cobertura)

Las cifras cantan, no estamos haciendo demagogia barata: la propiedad intelectual MATA. Y mata muchísimo. Parecería que tras los ahorcamientos de Nühremberg ya se habría terminado definitivamente con los genocidas, pero está claro que no.

Estos alumnos aventajan a aquellos maestros.

____________________


Para saber más:

Revista del Sur
Biblioteca virtual de Salud de Cuba (muy documentado)
Revista «Vértice» (El Salvador) citando artículo de Donald McNeil Jr. en «The New York Thimes»
Documento de Intermón-Oxfam sobre patentes farmacéuticas
Boletín Fármacos

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (0) | Referencias (1)

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Pululando por el mundo | 2005-10-06 12:30:00
Muy acertado el artículo de Javier Cuchí sobre las patentes, particularizando en el mundo farmacéutico y el ejemplo de lo que pasa en los países del tercer mundo

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