Jueves, 22 de septiembre de 2005
De la serie: «Los jueves, paella»
Hoy empezamos la cosa con una noticia -que ya no es fresca- pero que es casi buena: parece que lo de MENASA (¿recordáis?) va por el camino de hallar una solución satisfactoria, incluidos los trabajadores en esto de la satisfacción. Aún no es seguro y supongo que aún podrán romperse muchas cosas. Esperemos que no. Hay unas cuantas empresas posiblemente interesadas en adquirir MENASA (que, desde su cierre, no para de recibir pedidos, por cierto) y están estudiando su contabilidad a fin de establecer su realidad actual y sus posibilidades de viabilidad, que no son pocas, según parece.
Adolfo Carrocera, Fito, parece que está colaborando en la operación -acerté, pues, al darle un margen de presunción favorable- y, bueno, a ver qué pasa... Confiemos en el buen fin de la cuestión.
El próximo viernes día 30 hay un concierto coral en La Felguera a beneficio de los trabajadores de MENASA pero yo espero que acabe siendo un concierto de celebración por la solución del conflicto. Como espero que, en breves fechas, cincuenta familias lloren, pero de alegría. Y, mucho más secundariamente, podré yo mantener de color rosa mis recuerdos asturianos de juventud.
Y ahora, la bronca: cero patatero en la asignatura de solidaridad a los trabajadores de la cuenca del Nalón. Parece que cuando las cosas van bien, la hipoteca está pagada y el coche tiene más de cuatro metros y treinta centímetros de largo, dejamos de acordarnos de las épocas duras, el culo se nos vuelve plúmbeo y el alma se convierte en un pedrusco. Y cuando pasa esto, algunos se olvidan de que en los años duros del carbón, el metal estuvo ahí, secundando huelgas y recogiendo su parte alícuota de despidos, detenciones, encarcelamientos, gorrazos y demás. Vergüenza debería darle a la gente de la mina (a la que cobra -poco- por trabajar y a la que cobra sin hacerlo gracias a los fondos mineros), de que los cincuenta trabajadores de MENASA hayan tenido que luchar solos, sin más ayuda que la de sus familias y una cierta simpatía más o menos útil de las administraciones públicas más próximas (ayuntamiento, sobre todo). Estuve en Sama la primera quincena de agosto (y luego he seguido el conflicto a través de los periódicos asturianos) y vi con mis propios ojos como, mientras esta gente se encerraba en la fábrica y se manifestaba en Oviedo y donde podía, hasta llegar al corte de la vía férrea, en Langreo la vida continuaba igual. Ni una tienda echó abajo la persiana, ni en una sola mina salieron los trabajadores a la boca del pozo, siquiera cinco minutos, como protesta por la situación de sus compañeros.
Así os luce el pelo.
Id ahora a quejaros y a llorar (y a buscar solidaridad) cuando Zap I El Anodino os cierre más pozos y así, de un primer bocado, os dispare a más de dos mil a la puta calle.
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Ayer se mataron los dos ocupantes de una avioneta en la población de Badia del Vallès. Habian despegado minutos antes del aeródromo de Sabadell, parece que falló el motor, dieron la vuelta, pero no pudieron llegar. Aún hay que acabar de establecer con precisión los hechos pero parece que, en el intento de realizar un aterrizaje forzoso,
se les puso en medio un edificio y el piloto, antes que estrellarse contra él y provocar, quizá, una matanza, empujó los
cuernos, picó hacia el suelo y se mató con su compañero. Y lo hizo sabiendo, muy probablemente, que con esa maniobra fulminaba las ya no demasiadas posibilidades que les quedaban de salir vivos del lance.
Ya no están de moda los héroes ni el heroísmo, y así está esa sociedad, de mierda hasta el cuello y de gente que vive arrinconada por el miedo, sin otra obsesión que salvarse de nunca sabe cuál quema e ignorante de que el día que toque quema de verdad, será igualmente churrasco y de nada habrán servido miedos y acojonos.
Pero entre tanto canalla con los fondillos llenos, aún hay gente, muy poca, pero la hay, que mira a la vida de frente, que le canta las verdades al lucero del alba, que asume riesgos, que funciona a pecho descubierto. Y muchas veces caen, es verdad, pero dejan tras de sí un patrimonio de orgullo para sus hijos y un pequeño sector de mundo -aquel que ocuparon- mucho mejor de lo que estaba antes de llegar ellos.
También hay gente, muy poca, pero la hay, que sabe mirar a la muerte de frente y que sabe insultarla: te me llevas, hija de la gran puta, pero sólo a mí; por mis cojones que no te vas a ir con cincuenta por delante. Y así se van mientras, más que probablemente, apenas ninguno de los cincuenta que le deben la vida habrían hecho por él ni la décima parte.
Esos muchachos (35 años el piloto y 30 su compañero) ni siquiera tendrán en su entierro el homenaje que reciben los caídos del aire (con uniforme). No pasará la Patrulla Águila en formación ni el
solista ascenderá casi en vertical sobre sus tumbas simbolizando la ascensión del alma del héroe hacia la gloria.
No es que sea importante, pero es un interesante signo: en tiempos de una sociedad capona y de unos políticos de asco, la Patrulla Águila, en vez de presentar armas a los caídos -aunque sean civiles- sólo sirve de atracción circense en cuchipandas como las que organiza Clos.
Puaj.
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¡Vaya peña de botarates! Les ponen ordenadores y te cuelgan la red local a las primeras de cambio (o sea, a la primera votación). Se dice que alguno que otro aún pregunta al escaño vecino aquello tan gracioso de
«oye, tú... ¿y eso cómo anda?».
En algún malicioso medio de prensa se insinuaba ayer que Sus Señorías pudieron ponerse a comprobar, en sustancial número, si lo que cantan esas tres cosas de no sé dónde es verdad, y si el administrador de la red hizo un rastreo igual se descojonó de risa viendo los accesos doble uve, doble uve, doble uve, tías buenas punto com. Aviso al lector, por cierto, que tengo asociado a esta bitácora un programilla que se chiva de a dónde se va la gente desde esta página, o sea que disimulad que viene una cojita o mañana a esta hora puedo estar echando unas risas... (es broma: puedo saber de dónde venís, pero no a dónde vais).
Pero si dejamos las coñas y nos vamos al drama -y al drama de verdad, además- resulta que todo el jodido Congreso anda funcionando con Window$. Y si todo el problema de andar con Window$ fuera que podría llegar a ocurrir que Zaplana votara a favor del aborto libre o Llamazares a favor del servicio militar obligatorio desde los 14 años, pues lo dicho, unas risas. Pero también podría ocurrir que a Sus Señorías les diera por hablar de cosas serias entre ellos (hay quien asegura que eso sucede de vez en cuando, pero no hay pruebas) y muchos estamos casi seguros de que cuando eso sucede, el amigo
ventanillas se chiva del asunto a unos desagradables personajes que están allende el charco. Y nos olemos que eso sucede no desde la pájara antiterrorista sino desde muuuuucho antes, pues no somos pocos los que pensamos que los productos Micro$oft son de todo menos éticos.
Hoy ha presentado Trillo un libro en el que explica que tuvo que cambiar los planes de la invasión de Perejil apenas cinco o seis horas antes porque se olió que un
confite pasó la información a los norteamericanos. La pregunta es: ¿fue un
confite o lo que sucedió es que Trillo le pasó novedades a Aznar por correo electrónico... utilizando «Outlook»?
Vaya plan...
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Esta es la más tardía edición de la
paella desde que ascendí a los cielos culinario-bitacoriles. Mis paellas suelen ser desayunos o, más lógicamente comidas, pero hoy me ha salido cena y, si me descuido, resopón. Ya lo siento, pero con eso de que mañana es fiesta en Barcelona ando un poco
descolocado.
Le quedan al verano dos horitas y media escasas (después de todo el lío aquel que monté entre PDA, agenda de papel y calendario del ermitaño pirenaico). El próximo jueves será, por tanto, el primero del otoño, de la estación más hermosa en mi ciudad. La más hermosa aún pese a los desesperados intentos de Clos por cepillársela.
Intentaremos echar a ese tío a la próxima, pero las encuestas no pintan bien. ¡Maldita la hora en que, puestos a hacer oposiciones, me dio por concurrir a las autonómicas! Si hubiera ido a las estatales, ahora me libraría de esa llaga un concurso de traslados que me catapultara a Asturias. Aunque, bueno, estar aquí dándole caña, aunque sea la poca caña que se le puede dar en este modesto lugar, siempre es un placer colateral. Y todo suma.
Hasta la semana que viene.
Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (0) | Referencias (1)