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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Lunes, 22 de agosto de 2005

Un buen acuerdo

De la serie: «El profundidad»

Leo una entrada en Barrapunto (que, a su vez, remite a la página Vida Artificial) que nos explican que la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) tienen un sistema particular de gestión del conocimiento respecto a las imágenes obtenidas por el Telescopio Espacial Hubble, de acuerdo con el cual, tales imágenes son propiedad de los investigadores que han promovido su obtención durante un año, tras el cual, los datos obtenidos son puestos a disposición del público. Por tanto, así, al pronto, se dan unas notas características: en primer lugar, existe una verdadera apropiación de conocimiento, como en tantas otras facetas del mismo; en segundo lugar, esta apropiación dura un tiempo también limitado pero, a diferencia de otras facetas del conocimiento es brevísimo, dura tan sólo un año.

¿Está justificada esta apropiación? ¿Es singularmente nociva?

Veamos... Es fácil comprender que la construcción, puesta en órbita y mantenimiento del Hubble es un proyecto costosísimo y que, además, hay una serie de limitaciones: el día tiene 24 horas y, desgraciadamente, el telescopio orbital tiene ya fecha de caducidad al estar previsto no dotarle presupuestariamente a la vuelta de muy pocos años; caducidad que, por otra parte, ya tenía desde su nacimiento, aunque sin fecha cierta, dado que, como todo ingenio humano, la vejez y la obsolescencia determinan una muerte cierta. Por tanto, un coste tan enorme no puede ser fiado a jueguecitos. Acceder a Hubble, es decir, programar una observación y obtener los resultados de la misma, supone realizar un trabajo previo, un importante -y también costoso- esfuerzo académico por parte de investigador interesado. He aquí la explicación que nos ofrece la citada página Vida Artificial cuya visita recomiendo para mejor acceder a la información y a sus enlaces:

Para poder acceder al telescopio es necesario presentar una propuesta de programa de observación:

· La justificación científica del programa.
· Una lista de objetivos con sus coordenadas celestes.
· El/los instrumento(s) a usar con sus modos, filtros y dispersadores.
· Una estimación del numero de órbitas espaciales necesarias para completar el programa de observación.

Si las observaciones que has programado pueden realizarse desde un observatorio en tierra, tu programa es rechazado. Si las observaciones que has programado ya han sido realizadas, tu programa es rechazado. Si existe otro programa que pretende realizar las mismas observaciones y es una propuesta mejor, tu programa es rechazado. Si las observaciones toman demasiado tiempo para el beneficio científico obtenido, tu programa es rechazado. Si cumples todos los requisitos y tu programa pasa a la siguiente fase deberás entregar la información especificada en las instrucciones de propuesta para la Fase II, que se transforma en una nueva inversión en tiempo y recursos.

Si finalmente tu programa es aceptado puede pasar hasta un año hasta que se realicen las observaciones. Y una vez realizadas te enfrentas a varios gigabytes de datos que necesitan ser analizados con los conocimientos y software necesarios.


Si esta información es puesta inmediatamente a pública disposición, el investigador inicial corre el riesgo de que le pisen la investigación y que otro se alce con la primicia académica de la misma aprovechándose del trabajo del primero que podemos adivinar -aunque no seamos astrónomos- laborioso y, por tanto, muy costoso.

Es el eterno problema de la generación y de la evolución del conocimiento: si éste es inmediatamente puesto a disposición de todos, quien lo ha obtenido, quizá a base de muchas horas de trabajo y en muchos casos tras una inversión material importante, no sólo no obtendría recompensa por su esfuerzo sino que incluso podría ver cómo otro se apropia arteramente de tal recompensa. Este es el argumento favorito de los apropiacionistas y así, sin mayores consideraciones, parece que tendrían razón. La pierden, en cambio, cuando asocian automáticamente recompensa por la obtención del conocimiento (o del, llamémosle, material cognoscitivo) con propiedad del conocimiento en los mismos términos que una propiedad material cualquiera.

La de NASA-ESA es una apropiación muy matizada. Para empezar, es dudosa tal apropiación, puesto que ese plazo de un año, verdaderamente exiguo, parece muy incompatible con ese concepto espantoso de propiedad intelectual; simplemente se trata más bien de una pequeña maniobra destinada a preservar la ventaja académica de quienes invirtieron tiempo, inteligencia y dinero en la realización del proyecto de observación, que ya hemos visto en Vida Artificial que no es moco de pavo. En todo caso, los estudios y la investigación que se realicen a partir de esos datos ya tendrán sus correspondientes derechos económicos de autor, también en este caso menos injustos porque en materia de investigación científica lo de los setenta años a partir de la defunción del autor es una broma: el avance constante hace que esos derechos, en realidad, duren poquísimo si es que llega a haber ocasión de ejercerlos efectivamente.

Pero es que hay más... ¿Hasta qué punto son apropiables las observaciones de Hubble? Ciertamente, sin esa máquina (vamos a llamar así a ese complejísimo conjunto de tecnología astrofísica y espacial) no sería posible observar ciertos fenómenos del Universo, pero también hay que tener en cuenta que tales fenómenos están ahí, están en la naturaleza y que, por tanto, no pueden ser objeto de apropiación. Este es, en síntesis, el argumento que utilizó Clinton para impedir que el mapa del genoma humano fuera puesto bajo patente o acerrojado bajo términos de propiedad intelectual, como pretendían unos cuantos cabrones que salieron -sorprendentemente: hablamos de los Estados Unidos- con el rabo entre patas. Por demás, hay que añadir el importantísimo factor de que, si bien en el proyecto Hubble hay una cierta participación de la empresa privada, la parte del león de la inversión ha corrido a cargo de los presupuestos públicos de los Estados Unidos y de la Unión Europea, puesto que de ellos se nutren las dos agencias propietarias del telescopio orbital.

Un año es un plazo corto; aunque las cosas van actualmente muy deprisa, todavía hoy un año no es suficiente como para que una información científica del carácter de la que comentamos quede obsoleta. Por tanto, podemos decir, en este caso, que el trato es justo: un año de ventaja para el que realizó el esfuerzo inicial (que, además se ve adicionalmente recompensado por la obtención de una observación realizada a su exacta medida y necesidad, mientras que los demás tendrán que trabajar adaptándose a esa medida y no a la propia) y, a partir de ahí, barra libre para todos, para todas las comunidades académicas, que podrán aprovechar ese cuerpo de conocimiento para sus propias investigaciones, para generar más desarrollo científico para la sociedad.

Yo no sé si esa carencia de un año será o no lo ideal. Yo no sé si será conveniente radicalizar hasta el último milímetro la exigencia de libertad de acceso al conocimiento, no me considero ninguna especie de gurú ni de dios para establecer tal reglamento, en absoluto. A mí, el método NASA-ESA sobre las observaciones del Hubble me parece justo; como mínimo, lógico. Creo que si no es lo ideal, se le acerca mucho y que es un buen ejemplo de cómo se pueden hacer pactos implícitos sociedades-estados-generadores de conocimiento de manera que haya un beneficio común y para todos.

Y esos pactos, que algunos desde el apropiacionismo radical están poniendo cada vez más difícil, es lo que están necesitando las sociedades de todas las fronteras geopolíticas -ya que existen- del mundo.

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (0) | Referencias (0)

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