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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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Viernes, 22 de julio de 2005

Carol Bartz en el Autocad de las maravillas

De la serie: «En profundidad»

Hay una señora, llamada Carol Bartz, que es esa cosa que llaman ahora CEO y que puede entenderse por gerente -o, en lenguaje más común, jefe, preboste o mandamás- de Autodesk. Autodesk es la empresa que produce el ilustrísimo programa Autocad (diseño arquitectónico e industrial) y habrá que decir, necesariamente, que es uno de los más aguerridos conmilitones de esa cosa tan cómica llamada BSA, la $GAE en versión software y multinacional, para entendernos.

Y doña Carol hizo unas declaraciónes que aparecieron ayer en el «Ciberpaís» para orgasmo y efusión del muy apropiacionista polanquismo. Las declaraciones consisten en una burrada detrás de otra que la Bartz suelta sin despeinarse; como a esa señora no se le puede admitir ignorancia en la materia, ni siquiera a título de presunción de inocencia, habrá que concluir que la dama en cuestión es una manipuladora y una trolera de siete suelas.

Sus declaraciones han desatado cabreo, indignación e incluso hastío en Barrapunto, pero esto es normal en el más aguerrido y encantador reducto de softwarelibreros en lengua castellana, siempre prestos a saltar a la mínima. Pero es que lo que dice la Bartz no es la mínima, es que es una ofensa a cualquier inteligencia de criterio independiente, y hasta sin criterio independiente. Ni siquiera nuestra nunca bien ponderada Rosa de España ha osado llegar tan lejos en sus falsedades pro-software apropiativo.

Después del prólogo obligado en el que nos explica lo buena y bonita (no barata, ojo) que es su empresa, lo bien que tratan a sus clientes y lo genial que se lo monta ella al frente del barco durante más de un decenio, empieza el show de la lagrimita con la piratería: «Por cada copia de software vendida -dice- nos roban entre cinco y ocho». Siempre esa pretensión -explícita o implícita- de que cada copia pirateada es una copia que se deja de vender; don Teddy ha creado escuela... o se ha apuntado a la que otros han creado antes, piense cada cual lo que prefiera.

Algún lector se preguntará ahora por qué he puesto en cursiva lo de la copia pirateada. Lo he puesto por una razón: piratear es tomar una copia de software apropiativo sin haber pagado la correspondiente licencia y hacer de dicha copia un uso profesional o de otro modo lucrativo. Los apropiacionistas nunca dicen que una parte sustancial de ese teórico número de copias de algún modo ilegales (las cifras siempre son unilaterales, siempre las dan ellos) no tienen un destino profesional, sino que las usan chavales movidos por la curiosidad y por las ganas de aprender; un uso que genera conocimiento, que genera vocaciones y que acaba generando buenos profesionales. ¿Se atrevería doña Carol a tachar de pirata a un chaval que le ha planchado Autocad para ver cómo va esto? Viendo la catadura de esa señora, seguro que sí, seguro que se atrevería. Juzgue, pues, el lector por sí mismo.

Por lo demás, estamos hablando de un software que se ha impuesto precisamente gracias a la piratería (el uso ilegal y, en este caso, sí, profesional); de otro modo jamás se hubiera extendido de esa manera un software que ya hace años costaba cerca de las doscientas mil pesetas y que su precio actual se expresa en miles de euros; según la propia Bartz, sólo su actualización anual ya cuesta 450 euros. Es un fenómeno parecido a Window$. A Gates sólo le faltó lanzar desde una avioneta sobre las playas de todo el mundo disquetes con su Window$ 3.1 por más que, farisáicamente, clamaba contra la piratería (entre 1993 y 1995 fue muy comentado que su propio servicio técnico recomendaba páginas desde las que bajárselo by the face).

Pero lo bonito viene cuando habla del software libre. Así, sin avisar ni nada, la señora suelta lo siguiente: «Las personas que están ayudando ahora con el software libre son las personas que están siendo pagadas durante el día por empresas como Autodesk. Si no tuvieran a alguien que les paga un salario, no creo que estuvieran tan ansiosos por el software libre». Como quien dice en dos palabras, la dama encadena una hermosa serie de sandeces, a saber:

· Primera, que los desarrolladores de software libre son, necesariamente, personas que lo hacen en su tiempo libre.

· Segunda, obvia consecuencia de la primera, que se dedican a ganarse la vida en una empresa.

· Tercera, ya no tan obvia, que esa empresa se dedica al software apropiativo, como Autodesk.

Es verdad, que hay mucha gente que desarrolla software libre como una afición o por la necesidad, más o menos perentoria, de realizar una aplicación para un fin determinado -profesional o no- sobre el cual no existe software, o el software que existe no le gusta, o existiendo y gustándole no le da la gana de pagar una licencia muy probablemente abusiva, en lo económico y en lo contractual. Todos sabemos, como ejemplos más o menos cercanos o lejanos, de médicos o de maestros que, aficionados a la informática y a la programación, desarrollan sus propias aplicaciones para llevarlas a su desempeño profesional (y esta es una de las cosas que quieren evitar doña Carol y sus compinches con las patentes de software: o me compras a mí o no hay software que valga). Claro, es evidente que esa gente no vive del software (aunque sus aplicaciones pueden llevarla a una mayor eficiencia en su trabajo o en su negocio con el consiguiente beneficio también crematístico) y que, más evidentemente aún, se gana la vida con su trabajo en una empresa, con su ejercicio profesional libre o con su negocio propio.

La otra falacia es buena, también. La insinuación de que la empresa que da de comer al aficionado desarrollador de software libre se dedica, precisamente, al negocio del software parece querer llevar a que el desarrollador de software libre usa para su destructora afición técnicas y conocimientos adquiridos en la empresa y, quizá, propiedad de la empresa, y así, caerían por su peso dos afirmaciones: que el software libre es imposible sin el software apropiativo y que el desarrollador de software libre es un ladrón que roba a su empresa. ¡Qué bonito!

Todo eso, no obstante, sólo está destinado a denigrar la imagen personal del desarrollador. Para atacar de frente al software libre ya está la falacia global de toda esa argumentación: con el software libre no se gana dinero, del software libre no se come. Claro, entonces IBM, RedHat o SuSe Novell viven del aire, y eso por hablar de grandes corporaciones, como si no existieran un sinfín de pequeñas y medianas empresas que prestan servicios cada vez más eficientes en precio y calidad utilizando el software libre y gracias al cual están generando índices de crecimiento anual que ya le gustarían a la Bartz aunque le llegaran a pagar las ocho copias que dice que le piratean.

Cuando, precisamente, la empresa de la señora esta, Autodesk, amenazó con meter en la cárcel a la mitad de los arquitectos de Madrid, el Colegio reaccionó fulminantemente respondiendo que a la menor medida en tal sentido, la corporación financiaría un sistema de diseño asistido por ordenador basado en software libre. La Carolita se la envainó, claro. Si el Colegio de Arquitectos de Madrid llega a cumplir su amenaza y llega a circular un programa de CAD eficiente bajo licencia GPL, adiós el negocio en Madrid, pronto en toda España y, seguramente, en toda Europa. A lo mejor cree la señora que al Colegio madrileño le hubiera salido el invento por dos duros, ya que los desarrolladores son aficionados, quizá de su propia empresa.
Por si acaso, en un ejercicio de eficiencia, prefirió redirigir su inversión en abogados a la presión lobística para conseguir la implantación de las patentes de software en Europa. Si llegara a conseguirlo, será el Colegio de Arquitectos de Madrid el que se la tendrá que envainar.

Que la ondulen a usted, doña Carol. Con la permanén, faltaría más.

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (2) | Referencias (1)

Comentarios

Hay que ver lo mal que les ha sentando a algunos la derrota brutal en el Parlamento Europeo. Está claro que es mucho mejor y se vive más tranquilamente con el software libre. Un ejemplo el Mozilla, que ya me gustaba cuando lo sacaron, pero es que ahora da 1000 vueltas a la competencia. Me parece que los weblogs han sido refrendados, han recibido un espaldarazo por los comentarios de esta sujeta.

Juan P. Clemente | 22-07-2005

Caro figlio e cibernostálgico:

Recuerdo...

... recuerdo que, en mi lejana y añorada juventud, las prácticas de la universidad las desarrollábamos en una cosa que se llamaba TurboPascal (cuando el boot, el SO, el IDE y las prácticas de dos cursos, con memorias incluídas, cabían en un disquete -flopi, entonces- de cinco y cuarto, y aún sobraba espacio para un par de juegos bajados de una bebeese; pero desbarro...), fabricado por una empresa, la Borland, que pensaba que, no poniendo pega alguna al pirateo de sus productos por parte de los estudiantes, éstos "crecerían" enamorados de sus productos -como así fue.

Por otra parte, la filosofía de Autodesk es muy otra. No conviene que los estudiantes aprendan ellos solitos a manejar sus productos. ¿Se te ha ocurrido pensar cuánto ingresa Autodesk cada año en concepto de licencias de cursos para obtener la certificación oficial de "Gurú de Autocad"?

Claro, que tampoco hay que hacerle demasiado caso a mis recuerdos de la niñez. Al fin y al cabo, también recuerdo a cierto teddy Bautista defendiendo el canon a las fotocopias (que, por cierto, de éste observo que no se habla nunca -¿qué pasa, que ya nos hemos acostumbrado a él? ¿y no será que la $GAE espera que ocurra otro tanto con el de los cedés?), canon que, según el pollo en cuestión, iba a abaratar grandemente el precio de los libros. Haw. Haw. Haw.

Cosas de la memoria...

Monsignore | 25-07-2005

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El Incordio » Blog Archive » BSA: tururú | 2008-11-24 11:26:03
[...] este primero que dediqué a Carol Bartz, la CEO de Autodesk, que estaba que se la llevaban los demonios con el software libre, y este otro choteándome de las cifras de la piratería en España según la BSA de las narices. De todos modos, [...]

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