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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Lunes, 04 de julio de 2005

Música e impudicia

De la serie: «Gramática parda»

Sujeto - Ese fantasmagórico sujeto llamado Bob Geldof y todo su tinglado.

Verbo - Un nuevo megaconcierto en nueve ciudades consecutivas con el fin de recaudar plata (papel de estaño) para los chinitos. O algo así.

Predicado - Este fin de semana hubo cuchipanda musical a nivel internacional a beneficio de los huérfanos y de los pobres de la capital como hubiera dicho aquel glorioso Tito B. Diagonal en aquellos no menos gloriosos años 70, con el gallego aún coleando.

«El Periódico», que es el rotativo que suele definir lo que es política e izquierdosamente correcto en el ámbito catalán, se cura en salud y dedica su editorial de hoy a los macroconciertos de este tipo. Y como ya se las ve venir, podemos leer en dicho editorial cosas como esta: «Existe la tentación de ver este tipo de iniciativas con desconfianza, para subrayar la contradicción en que incurren las estrellas que agitan desde el escenario la bandera contra el hambre y la injusticia para luego dirigirse en limusina, rodeados de guardaespaldas, a sus mansiones u hoteles de lujo. O destacar la campaña gratuita de imagen que supone para muchos de ellos una cita de estas características». Pues sí, señor, eso es, exactamente. «El Periódico» adivina que notaremos olor a podrido y con mucha razón. Aquí hay mucho cuento, mucha promoción de nuestras viejas amigas, las discográficas, y mucho pan que mojan las inevitables sociedades de gestión de derechos económicos de autor, aunque esta vez tenemos la satisfacción de poder imaginar con probabilidades de acierto que la $GAE no pillará apenas cacho porque parece que España no ha visto promotores para tan caritativa como sospechosa iniciativa o no ha sido llamada a participar en el botín. La verdad es que con valores como el niño de los bucles como máxima aportación, en fin, tampoco la cosa era para echar cohetes.

Efectivamente, la cosa me recuerda mucho a una viñeta de la incomparable Mafalda de Quino que no me resisto a reproducir a modo de cita, porque le viene ni pintada al caso:



Yo no estoy muy puesto en la cosa esa de la música (ya saben mis dos o tres lectores que, a mis efectos, el invento ese murió hace veinte años), pero la verdad, hasta que le dio por Etiopía (o por Somalia, no recuerdo bien) jamás había oído hablar del tío ese, de Bob Geldof; la cosa podría explicarse si, por ejemplo, fuera, en su país, algo comparable a Luis Aguilé, pongamos por caso, pero desde luego no parece haber sido, que digamos, un músico relevante ni nadie mayormente conocido fuera de su casa (en su caso) hasta que encontró ese segmento de negocio. En fin, cada cual se busca la vida como puede y ya sabemos que en ese gremio músico hay mucha imaginación a la hora de tomar el tupé a la gente y de sacarle la pasta. Por otra parte, las cifras -entre otros indicios- indican que tanto etíopes, como somalíes, como tantos otros, andan igual de jodidos que antes de la aparición de don Bob. En cambio, estoy por asegurar que la calidad de vida del amigo Geldof ha mejorado algo desde que descubrió el asunto este de los conciertos benéficos.

Me daba risa ayer ver por los telediarios a montones de niñatos -arriba y abajo del escenario- practicando la solidaridad con los depauperados, mientras al otro lado de la tramoya esperaban, tal como dice «El Periódico», las limusinas y los deportivos de algunos centenares de miles de euros, mientras se veían por todas partes logotipos de muchas -muchísimas- marcas que andan por el mundo reventando a la gente, en una reedición versión siglo XXI de la esclavitud, sin respetar sexo ni edad, mientras veía a los espectadores riendo y comiendo como cerdos todo tipo de porquerías hidrogenadas y refrescos de cola, seguramente imitando el modo de vida de sus protegidos. Me daba risa y me dio bastante asco.

Por supuesto, no se veía por ningún lado la menor presencia de la gente que sí está de verdad dando el callo, apretando los dientes, de derrota en derrota hasta una imposible victoria final, trabajando como animales a pie de obra; no se veían algunas ONG de las eficientes, de las que están al pie del cañón -no de las que buscan pederastas por Internet-, cuyo máximo beneficio en el asunto podría estar, a lo sumo, en recoger -repartidas entre todísimas- las sucias migajas del asqueroso banquete de la demasía, el asqueroso efluvio del eructo del tripudo empachado.

Y pasen y vean, lean el cínico final del editorial de «El Periódico»: «Es mejor una buena causa con algunas zonas de sombra que un páramo desértico libre de toda sospecha». Esa debe ser la filosofía del socialismo moderno.

Y así nos luce el pelo a todos: a ricos y a pobres.

Por: Javier Cuchí | Gramática parda | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Está muy bien pero, aparte de criticar, ¿qué podemos hacer mientras haya tanto gili y tanto caradura dispuesto a aprovecharse de ellos?

¿Qué hacen nuestros intelectuales y periodistas de bandera, aparte de chupar del bote? ¿Donde están los Zola, Larra, Unamuno y Ortegas?

Republicano | 06-07-2005

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