
Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.
El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo
Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006
Sábado, 11 de junio de 2005
De la serie: «Gramática parda»
Sujeto - Don José Manuel Colodrás, jefe de la Sección Técnica de la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional
Verbo - Don José Manuel ha dejado caer por ahí que lo del phishing no es para tanto y que la banca on line es más segura que la presencial.
Predicado - Imprudentillo lo veo, a don José Manuel, aunque tampoco es la cosa para rasgarse las vestiduras en comparación con las paridas que soltó en su día el ínclito comandante Juan Salom terror de pederastas habitantes en el centro de la Tierra o en la imaginación calenturienta de los que dirigen ANESVAD con tan reconocida competencia.
No, don José Manuel no se pasa tanto, desde luego. Tiene incluso su parte de razón. Bueno: como técnico, tiene toda la razón del universo; como funcionario, la pifia un tanto, olvidando que los servidores públicos no estamos al servicio de la mayoría de los ciudadanos sino de la totalidad de los mismos. Eso de las mayorías es cosa de políticos y otras gentes de mal vivir; los funcionarios estamos al servicio de todos. Incluso de los tontos del culo; es cosa dura, ya lo sé, pero son gajes del oficio.
Me explico, porque si no, no nos entendemos, ni los tontos, ni los listos, ni todos, ni parte. A don Juan Salom y a los de ANESVAD ni los cuento, vaya...
Es verdad que, hasta hoy y por nuestros pagos, lo del phishing (fenómeno consistente en mensajes electrónicos que, mediante engaño, intentan que el afectado entregue sin querer sus contraseñas y datos confidenciales a una serie de indeseables bastante gilipollas) es relativamente inofensivo. Es burdo (sólo hay que ver el lenguaje que utiliza), está mal ideado (se le ve venir de lejos) y técnicamente es penoso. Pero así y todo hay quien pica. Hay quien pica porque desconoce, porque no sabe. Y el desconocimiento es justificable cuando no es irresponsable; si el desconocimiento es hijo de la pereza y de la dejadez entonces es ignorancia. Todos -incluso los peatones- sabemos, o deberíamos saber, que el semáforo rojo nos cierra el paso y que el verde nos lo abre; todos -incluso los conductores- sabemos, o deberíamos saber, que en los pasos de cebra no semaforizados la preferencia la tiene siempre el peatón que cruza por ellos. Con los medios y modos de la sociedad urbana actual, el que no lo sabe es porque padece una patología o porque es, sencillamente, imbécil (no patológico, en esta acepción).
Pero, don José Manuel, incluso los imbéciles (los no patológicos) y los ignorantes (desconocedores culpables) son beneficiarios necesarios de la acción de los funcionarios públicos, en el ámbito de nuestras competencias, cuando se comete contra ellos algún despropósito. Llevar en la mano un fajo de billetes en plena calle no es un acto cuerdo y prudente, desde luego, pero arrancárselos de un tirón sigue siendo un expolio, sigue siendo un robo o un hurto (según la calidad y circunstancias del tirón), penado, por tanto, por la ley y usted, como policía, tiene que intervenir, perseguir al caco y ponerlo de narices ante el juez. Usted, por más razón que tenga -que, desde un punto de vista no funcionarial, la tiene- no puede decir -o insinuar- que un determinado tipo de delitos no es preocupante porque sólo afecta a cuatro atontados, dado que estos cuatro atontados pagan, igual que los catedráticos más inteligentes y geniales, los impuestos de los que vivimos usted y yo.
Persígame usted el phishing, don José Manuel, con toda su saña y con toda su seguramente altísima pericia profesional y no sólo porque los cuatro pardillos que pican son ciudadanos en la plenitud de sus derechos sino porque el escupir para arriba sólo sirve para que le caiga a uno en la boca y no vaya a ser que los cabrones del phishing vayan por la vida excesivamente tranquilos por causa de policías que sólo ponen el máximo interés cuando se perjudica a ciudadanos con un cociente mental mínimo y vayan perfeccionando la técnica hasta que llegue un punto en que sus muchachos no den abasto ante las trapazadas que se cometan con las contraseñas, con los números de tarjeta y con los saldos.
Cuyas víctimas sean ciudadanos que incluso sepan latín.
Por: Javier Cuchí | Gramática parda | Comentarios (0) | Referencias (0)