
Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.
El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo
Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006
Lunes, 06 de junio de 2005
De la serie: «Gramática parda»
Sujeto - Oriol Ferran, secretario de Telecomunicacions i Societat de la Informació de la Generalitat de Catalunya
Verbo - Tras año y medio de sesudas investigaciones y un ímprobo trabajo de laboratorio (parecía que la NASA iba a llevar antes un hombre a Marte), el software libre llega, por fin, a la Administración de la Generalitat. En plan piloto, eso sí.
Predicado - Oriol salva con esto la cara ante la comunidad catalana del software libre; lo que está por ver es si salvará el culo ante la legión de meapilas M$ que salen como setas -venenosas- por todos los rincones de la administración y que ya deben estar levantando el pavimento para obtener adoquines con los que alzarle barricadas subdirección general por subdirección general, que es el deporte al que se han dedicado desde que llegó a la Secretaría, con la Rosa de España dirigiendo el orfeón y haciéndose fotos tecnológicamente porno con media Generalitat.
De un modo u otro, en la propia Unidad administrativa de Ferran (dos o tres decenas de funcionarios, a todo estirar y si el cada vez más oxidado instinto sindical de esnifamiento de plantillas no me falla), andarán ya tecleando el paquete ofimático OpenOffice.org y navegando con Mozilla. Bajo Window$, creo, porque hay cosas que aún no están claras. Por ejemplo, la distro, que si será Fedora o si será Ubuntu; o el escritorio, que si será Gnome o será KDE; o si será una rosa o será un clavel. Lo de la distro y el escritorio lo veo crudo, así, de buenas a primeras, porque, de otra manera, varios de mis queridos colegas, a la fuerza enganchados al monopolio, podrían infartarse de buena mañana. Las penas con Window$ son menos y lo otro vamos a seguir metiéndolo en la probeta no prenguéssim mal hasta que el estado cardiovascular de la plantilla responda como es debido.
No sabemos (o no sé) nada de los plazos previstos para la generalización de la cosa, de modo que visto lo piano que van con el asunto, confío en que el software libre esté extendido en la administración autonómica catalana dos o tres años antes de jubilarme; hombre, me hace ilusión poderlo explicar a mis nietos: «el abuelito aún pudo pillar algunos programillas de software libre y trabajar con ellos antes de que lo echaran por vejestorio; ved si tiene años, el abuelito, que cuando empezó lo del software libre, vuestras madres aún le pegaban a la Nativa...». Menos da una piedra.
Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Bien. Felices (aunque quizá aún no lo sepan) los compañeros de la STSI; que disfruten, no sea que el tripartit pierda las próximas elecciones y tome el mando de la cosa esa senadora tremenda de CiU que no ve las cosas claras si no hay una empresa detrás entonando la oración tan cara por estos pagos, himno casi parejo al Virolai: «La pela és la pela» (es tanta la fe que desprende, que hasta en castellano se entiende).
De momento, si no se rompe nada y aunque la cosa aún vaya a tardar años, la pela se la va a ahorrar el ciudadano y como a nadie le amarga un dulce, en cuanto la cosa se extienda seguro que pocos se van a quejar de que, a costa del bolsillo de don Bill, tengamos dos eurillos más para una poca de política social, un kilometrito de autovía (libre de peaje), un tunelillo para el metro (excavado en roca firme, no jodamos), unos libritos más baratos o hasta gratuitos para el cole de los chavales, o un kilito de canapés y una botellita de cava para inaugurar (probablemente el mismo día) la llegada del AVE a Barcelona y el final de obra de la Sagrada Familia. Hombre, y digo yo que si después de tantas buenas obras aún sobra algún centimillo, se podría mirar de echar un vistazo al sueldín de los funcionarios que hace trece años que entre congelaciones a cero patatero y aumentos un 30 o 40 por 100 por debajo del IPC vamos ya necesitando comprarnos un par de calcetines...
Que Dios se lo pague, don Oriol, que Dios nos lo aumente, sufridos hermanos en la función pública... y que Dios se lo cobre, doña Rosa.
Por: Javier Cuchí | Gramática parda | Comentarios (0) | Referencias (0)