Jueves, 26 de mayo de 2005
De la serie: «Los jueves, paella»
Hoy empezamos la mar de bien o, al menos, con justicia. La televisión autonómica catalana (TV3) está dedicando durante toda esta semana diversos espacios a los maestros, que -felizmente- así vuelven a ser llamados. Los maestros son el colectivo profesional más maltratado de nuestra sociedad: con un nivel de agobio (stress, que le dicen en anglosajao) muy superior al de oficios como, por ejemplo, los controladores aéreos (pero con un sueldo muy inferior) son la piedra fundamental sobre la que se edifica el futuro de nuestro país, del de arriba y del de al lado. Y no es que decir esto sea exagerar, es que decir menos es conceptualmente deficitario...
Hoy este colectivo es visto como una corporación de funcionarios (públicos o privados); maltratado, puteado y hasta en muchas ocasiones vejado por unos chiquilicuatros o despreciado incluso por algunos padres soplagaitas nometoquesaminiño; hombres y mujeres no pocos de los cuales van cada día al colegio o, sobre todo, al instituto como si fueran al Vietnam, abrasados a expedientes disciplinarios para los que basta que un mediamierda con el cerebro reducido a escombros por una metástasis de hedonismo los denuncie por trato vejatorio para que el habitual político [in]competente interrumpa su marasmo cotidiano y, ciego en su escándalo farisaico, ordene el palo al docente.
Somos lo que hemos hecho de nuestros maestros, y así nos luce el pelo, queridos... O sea que ya va siendo hora de que nos pongamos las pilas, restablezcamos su autoridad moral plena, su dignidad y su prestigio y respaldemos su autoridad material con un régimen disciplinario razonable pero firme. Tenía un profesor que decía que en un aula debe reinar la disciplina de un cuartel, el orden de un banco y el silencio de un convento; hace de eso cuarenta años, hoy es, indudablemente, una exageración, pero un par de moleculitas de ese espíritu sí que debieran recuperarse. Después de todo, las élites británicas se forman bajo la aplicación plena de este principio y no les va del todo mal: ni a las élites ni a los británicos.
Ojalá esta semana que les dedica la tele catalana sirva para cimentar, siquiera un poquito, la recuperación del reconocimiento que les debemos. Y yo, encantado de colaborar desde aquí en esa tarea; con la modestia de esta bitacorita, pero con todo el entusiasmo de que soy capaz.
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¿Cómo puede uno equivocarse tanto con las personas? Pues porque sí, porque las personas somos libros muy cerrados, como si fuéramos una entidad de gestión de derechos
económicos de autor: estamos abarrotados de conocimiento, pero luego no sólo no soltamos prenda sino que incluso la mimetizamos con nuestro comportamiento.
Viene a cuento por Carod Rovira. Pese a que ideológicamente -en lo referente, sobre todo, al nacionalismo independentista- estoy en sus antípodas (siempre que éstas no sean el nacionalismo taurófilo-osborniano del otro lado) su persona, su
talante (vaya por Dios, ya salió lo del talante) me hacían verlo como un personaje comprensivo, dialogante, respetuoso y, por tanto, respetable.
Primera contrariedad: con ocasión de la presentación de las propuestas de su candidatura electoral en materia de TIC, invitó a un almuerzo (¡qué riquísimos
ravioli de txangurro, madre mía!) a varias personas y entidades entre las cuales estábamos los que colaboramos con su partido en la redacción de la proposición de Ley sobre software libre en las administraciones públicas. Hizo un discursito ensalzando la actitud del Gobierno vasco en materia de TIC, cosa incoherente porque el Gobierno vasco no quiere saber nada de software libre, porque el Gobierno vasco es privacionista (al contrario que la propuesta de ERC, que apostaba por lo público) y porque el Gobierno vasco constituía -y constituye- una administración aún más corrupta de lo que era el catalán en aquel momento. Cuando le llamé la atención sobre estos detalles, me contestó que al menos tenían una compañía
teleco propia; le dupliqué que Euskaltel es Auna disfrazada de
espatadantzari y me respondió que más valía una simple apariencia que nada. No quise decir nada más, pero pensé que ponerle una barretina a -por ejemplo- Telefónica era un viaje para el que no hacían falta alforjas.
Segundo chasco: su gesto soberbio (y estúpido ¿por qué regatear epítetos?) con el tintineo de llaves. Ya sabíamos todos -y, sobre todo, sus contrapartes- que ERC era la
bisagra, la llave de la gobernabilidad de Catalunya. ¿Por qué alardear de ello de esa manera tan innecesaria y tan hortera?
Tercera perplejidad: su desayuno con indeseables en Perpinyà; que, además de todos los
ademases era -nuevamente- innecesario... Salvo que sea verdad lo que me han contado: que
le vendieron el Nobel si lograba una paz con ETA. Y el tío se lo creyó. Un año antes, yo no me hubiera creído esa historieta; ahora no la doy, en absoluto, por buena, pero me sorprende mucho menos: si la historieta parece gordísima como trola, el ego y la soberbia de Carod no parecen menores, así que quédese cada cual con lo que prefiera.
La cuarta en toda la frente: el número de esta semana pasada en Israel, y encima Maragall haciéndole de corifeo. Sin comentarios.
Carod, Carod: el hombre que dijo que independizaría a Catalunya de España y que no ha logrado siquiera independizar a la Generalitat de Micro$oft.
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Las editoras norteamericanas se ponen como locas ante el proyecto de Google de digitalizar un buen montón de bibliotecas universitarias y otras públicas, y ello a pesar de que Google ha garantizado que no cometerá el menor atentado contra la llamada
propiedad intelectual. En mis artículos habituales, y en su momento, hablaré de eso más extensamente, pero, por ahora, permítanme mis tres lectores que me ría un rato...
[Me río un rato]
Lo dicho, que hablaré de ello con más calma. No puedo evitarlo:
¡me encanta que a los apropiacionistas les crezcan los enanos!. Cada día lo tienen más crudo, los tíos...
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¿No os parece que el
año del Quijote está pasando sin pena ni gloria? Está ocurriendo como con 1998 (el centenario del dichoso 1898), que hubiera sido una buena ocasión para sacarle punta social... y nada. Y en el 92, la fiesta mayor del calzoncillo y la Expo (millonadas y más millonadas de dinero público) impidieron que la sociedad española hiciera un verdadero análisis del Vº Centenario y de una vez por todas asumiera su pasado en toda su gloria y toda su miseria; en vez de esto, paños menores, triunfalismo
madrepatrio (que allá en las Américas nadie se traga, y menos cuando va Endesa con la rebaja) y barquitos llenos de niños con Quadra Salcedo haciendo el indio. La España oficial, siempre incansable en su afán de ahogar a la España real, a la España inquieta, a la España emprendedora; en cuanto hay ocasión para ponerse una medalla -no importa cuán estúpida sea- los políticos se lanzan a roer la oportunidad, gastan (desperdician) una cantidad inconcebible de dinero público y todo suele quedar en humo, eso sí, con muchos colorines. La sociedad civil, que podría estarse a estas conmemoraciones con menos fasto -y por ello con menos recursos- pero con mucho mayor contenido y provecho para todos, queda arrinconada, a la mayor gloria de la Comisión oficial del evento y del patrocinio de la Fundación Telefónica.
Pasada la fecha de autos, sólo quedan sótanos abarrotados de papel de alto gramaje caduco y olvidado.
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La comisión de investigación del Parlament de Catalunya sobre el asunto del Carmelo ha terminado su
trabajo y sus conclusiones han sido: fue Ese, pero también el Otro y el de Más allá; juntos o por separado; pero también puede que no fueran juntos; de hecho, también es posible que tampoco fuera ninguno de ellos, ni siquiera por separado. Pudo ser el ingeniero, pudo ser el geólogo o pudo ser el papa Wojtyla, pero no debe descartarse que tampoco fuera ninguno de ellos. Quizá un terremoto o un
tsunami; difícil, pero no del todo descartable que fuera Al Qaeda al estrellar un Airbus A380. Tampoco se ha podido averiguar si la catástrofe ha sido causada por un hundimiento del terreno o por el afloramiento súbito de un volcán polinesio puesto que cualquiera de ambas cosas pueden ser causadas por el túnel del metro o por el paso de un helicóptero. ¡Ah! Ni rastro de 3 por 100 ni cosa parecida; pero que nada de nada ¿eh?. Se propone la incoación de expediente disciplinario al ordenanza de la sede del Distrito por
presenten armas mal realizado al paso de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas que acudían a contemplar el luctuoso suceso, aunque no se sepa muy bien para qué.
Estamos apañados...
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Añadido posterior - Mientras almuerzo, se me va la vista hacia un párrafo contenido en un artículo de «El Periódico» de hoy:
«La Generalitat ha detectado que el gasto público por incapacidad es muy elevado», leo y no me lo puedo creer. ¿Es que han auditado el rendimiento de los cargos políticos? Empiezo por el principio y el titular me devuelve a la realidad: «La Generalitat controlará más el absentismo por baja médica».
¡Acabáramos!
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Bueno, lo dejamos hasta el jueves que viene y que no sea nada...
Por: Javier Cuchí | Los jueves, paella | Comentarios (1) | Referencias (0)