
Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.
El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo
Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006
Domingo, 22 de mayo de 2005
De la serie: «En profundidad»
Digiriendo el éxito -ajustado y sorprendente, pero real a fin de cuentas- del pasado día 18 en el Senado, después de su lógica y grata celebración, llega el momento de reflexionar y de hacerlo delante del diario de sesiones de esa tarde memorable. Memorable y sin duda trascendente porque, como decía en el apunte de esta bitácora -arriba enlazado- escrito a vuelapluma la propia noche del 18, el trabajo ha sido mucho, pero ha rendido sus frutos.
Y esos frutos han ido más allá del indudable mérito -mérito de toda la red- de conseguir en 20 meses llevar al Senado lo que en septiembre de 2003 la calle ignoraba por completo.
Leyendo el diario de sesiones en cuestión (por lo que dice, pero también por lo que inspira), creo que quedan muy claras varias cosas:
Primera - Estamos ante un enemigo (no adversario: enemigo) muy potente. Las entidades de gestión de derechos económicos de autor, con la $GAE al frente, constituyen un lobby político, económico y mediático enorme, mucho más de lo que frecuentemente creemos o parecemos creer, que por su propia naturaleza tiene el apoyo de los medios convencionales de comunicación -sobre todo prensa escrita-, de los que son titulares grupos empresariales y financieros potentísimos: Polanco, Zeta, ONCE, etc.; del sector artístico y cultural más y mejor situado en el stablisment; de las grandes multinacionales productoras de los contenidos [llamados, pero no siempre apropiadamente] culturales: discográficas y cinematográficas, editoriales (algunas vinculadas a su vez al sector mediático); y, en bastantes casos, por titularidad de una cierta proporción en el accionariado de todas las anteriores, entidades financieras, bancos y cajas, interviniendo por sí mismas o a través de otras entidades menores de las que a su vez son propietarias (las telarañas de titularidades en estos ámbitos son muy espesas). El único sector interesado que, por encima de las aguas (habría que ver en su profundidad), se ha mantenido alejado de toda esa tropa haciendo la guerra por su cuenta, es el del software apropiativo. Incluso está escenificada una cierta enemistad, choque de intereses o cosa parecida entre la BSA y las entidades de gestión. Pero vete a saber si esa apariencia responde o no a una realidad...
Todo ello compone una fuerza de presión política sencillamente brutal a la que ningún gobierno puede sustraerse fácilmente. Por eso el PP miró para otro lado y no le sentó la mano a ese sector (la mayor parte de cual es enemigo suyo) y por eso -y por la enorme deuda que todos conocemos- el PSOE es vasallo de esa gente.
Solemos escenificar nuestras iras sobre Teddy Bautista (con justicia, porque es el peón al que todos los citados ponen a dar la cara, auxiliado, en ocasiones, por personajes tan fascinantes como ese excéntrico Farré), pero conviene no perder de vista que don Teddy no es el elemento verdaderamente poderoso ni el verdadero director de su malsonante orquesta aunque de cara a la galería sostenga la batuta.
Segunda - Sin embargo, los internautas nos hemos convertido también en un grupo de presión poderoso y es lógico, porque tenemos a nuestro favor el tiempo: el tiempo cronológico y, si cabe decirlo, el tiempo meteorológico.
El tiempo cronológico porque, a medida que transcurre, la red se va engrosando. Pese a todas las trabas económicas y tecnológicas que una inane CMT, inválida ante las telecos, permite, pese al retraso, ciertamente grande y preocupante, por no decir alarmante, que padece la Internet española, ésta va creciendo, indudablemente. Y este crecimiento, no exponencial, pero sí sostenido se mantendrá e incrementará, esto está claro.
Aunque no inmediatamente, a medida que la gente va entrando, va descubriendo un mundo nuevo, un mundo lleno de posibilidades, un mundo en el que la información y la comunicación circulan fluidamente, sin trabas, un mundo que descubre otros mundos. Y uno de los mundos que descubre el nuevo internauta a los pocos meses (quizá a las pocas semanas) de su integración en la red es el del conocimiento y el de las trabas y expolios a que someten al conocimiento. Otro mundo que descubre es el de la libre comunicación el cómo el boca a boca es rápido, fulgurante; en muchos casos, no hace falta ni buscar la información: basta estar ahí para recibirla. Entonces es cuando el internauta toma plena conciencia de su condición de ciudadano en la red.
El enemigo no ha sabido verlo y, cuando ha intentado reaccionar ya ha sido tarde, ya había perdido el tiempo meteorológico, ya le habíamos ganado el barlovento. Ahora habla de carnets (de identidad, de comunicador...), de controlar la red; hasta el [llamado] Defensor del Pueblo, en su ñoña candidez, en su escandalosa ignorancia y en su nulo respeto por los derechos de ese pueblo al que [dice que] defiende, pretende controlar paso por paso durante una demencial cantidad de tiempo nuestra navegación y ponerla a disposición de la autoridad gubernativa sin intervención judicial alguna, pero todas estas medidas de control no son más que palos al agua y los que conocen la red lo saben; son inaplicables y aquellas que, a pesar de todo, se intenten aplicar serán fácil e impunemente soslayadas.
Ese es su otro problema: la impunidad. La impunidad que nos procura la tecnología y, quizá sobre todo, la impunidad que nos procura nuestro número; cualquier acción a mano dura que se intente, recaería sobre tal cantidad de ciudadanos que resultará políticamente imposible y de ahí que el deporte favorito del gobernante cuando, desesperado, ya no sabe qué hacer para combatir un fenómeno que le resulta inconveniente a él o a sus protegidos, el escribir chorradas en el código penal, habrá de ser descartado. El precio político de una detención, de un auto de procesamiento, de un juicio, de una sentencia condenatoria -y no digamos de un eventual ingreso en prisión- sería insufrible. Como muestra, estemos atentos al via crucis que le espera a la Junta rectora de la Universidad Politécnica de Valencia después de la imbecilidad que ha cometido con Jorge Cortell y, sobre todo, después de que Slashdot y Boing-Boing hayan llevado el caso ante millones y millones de internautas de todo el mundo. Va a traer cola, la cosa; algún gilipollas pensó que los peores males no iban a pasar de un incidente local y cuando el tal atontado llame al Teddy para que le saque del lío en el que éste le ha metido, la línea estará comunicando. Mientras tanto, la UPV será el hazmerreir -o el hazmellorar- de toda la comunidad universitaria del mundo civilizado.
Y una consecuencia final: han reventado toda posibilidad de un acuerdo social. En un principio, con menos soberbia y más inteligencia, hubieran podido negociar con las entidades anti-canon un status tolerable; hubiera sido, sin duda, una negociación durísima, pero quizá se hubiera podido llegar a un acuerdo. Ante el canon a la trágala, las entidades anti-canon desataron una lógica y feroz campaña; hoy las entidades anti-canon ya no controlan el inmenso movimiento que se ha generado, no creo que el presidente de ninguna de ellas sea hoy capaz de firmar acuerdo alguno de paz, sencillamente porque este acuerdo sería papel mojado, no serviría de nada; nadie, ni persona, ni entidad ni colectivo de personas o entidades, controla ya este movimiento y por eso está fuera del alcance de nadie detenerlo. No puede haber acuerdo porque ya no hay interlocutores válidos, esto se ha convertido en un verdadero Fuenteovejuna. Esto es lo que ha conseguido, don Teddy: la guerra es sin cuartel, sólo terminará con el exterminio [del poder] del enemigo. Y diga, don Teddy, piénselo bien: ¿quién será el que morirá en esta guerra? ¿Millones y millones de internautas? ¿Lo cree así, de verdad?
Todas las fuerzas políticas (todas menos el PSOE, claro) a derecha y a izquierda, se han manifestado contrarias al canon, aunque luego todas ellas, menos el PP, hayan actuado a favor del diezmo. ¿Se da cuenta, don Teddy? Manifestarse a favor del canon ya tiene un coste político y lo ven los propios políticos profesionales. Ni siquiera el PSOE, que tiene que mantener la letra de cambio de la que ustedes son tenedores, osa hablar redondamente a favor del canon y se sale por peteneras; aún consciente de que le estamos viendo todos el plumero con sus estúpidos pretextos, a la cúpula del PSOE le da dentera pensar en el coste -quizá incluso interno- de un claro posicionamiento a favor del canon. ¿Usted qué cree, don Teddy? ¿Que esto -desde su punto de vista- va a mejorar? ¿O va a empeorar? Respóndase a sí mismo y deprímase...
El único factor nuevo que ha supuesto -a mi modo de ver, pero también al de millones de internautas- el debate en el Senado es que parece que, por fin, los políticos se están dando cuenta de la importancia que está adquiriendo este movimiento. Mi vieja ilusión (y perdonad que la exprese en primera del singular, aún seguro de que no estoy solo en ella) de que las iniquidades que cometen contra la red tengan un coste político y electoral evaluable se están materializando; son apenas un zigoto, pero ya está ahí.
Quedan tres años para las elecciones. Nada, para los políticos, cuatro días; seguro que sus oficinas electorales, generosamente engrasadas con el dinero de nuestras pensiones (la de viudedad, por ejemplo), ya están trabajando sobre ello. Pero en la red, tres años son tiempo suficiente y sobrado para construir mundos enteros.
Y eso también lo acabarán aprendiendo los políticos.
Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (0) | Referencias (0)