
Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.
El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo
Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006
Martes, 29 de marzo de 2005
De la serie: «En profundidad»
Escribe en «El Periódico» de hoy doña Rosa Regàs el «Artículo del día». Doña Rosa Regàs es escritora y directora de la Biblioteca Nacional, la madre de las bibliotecas españolas todas, y es, al presente, de las pocas personas dignas que ostentan un cargo. Y repito para que quede clara la cosa (porque de eso va hoy): de las pocas personas dignas que ostentan un cargo. Y parece que se empeña en dicho artículo en transmitir tal dignidad al común de sus colegas del mundo de la política, cosa con la que, en cambio, discrepo totalmente añadiendo, además, que la mayoría de sus protegidos no son en absoluto merecedores de tal valedora.
Como el enlace desaparecerá pronto (¡esa tonta manía de hacer registrarse a la gente, aunque sea gratis..!), voy a reproducir, así, de corrido, algunas de sus frases, con el fin de darles respuesta. Vamos allá:
· «En el último año se ha puesto de moda desprestigiar a la clase política. [...] ...Como si les avergonzara conceder algún logro a un político y lo inteligente y lo moderno fuera considerarlos a todos moralmente equívocos».
· «Es más, cuando ocurre un descalabro debido al afán de lucro de una constructora, no se la hace responsable a ella, sino que inmediatamente se culpa a los políticos de turno».
· «Los políticos proceden de la sociedad, por tanto son una muestra de lo que ella es, aunque, como en todas las profesiones y trabajos, hayan pasado por un tamiz que ha seleccionado a los más dotados o a los que se supone que están mejor preparados».
Doña Rosa sigue con una enumeración de logros tan espectaculares (sic) como el descenso de la mortalidad en carretera, el incremento de territorio protegido, un pacto por la competitividad firmado por empresarios, sindicatos y administración, los 35 millones de euros para el fomento de las políticas de igualdad y no sé cuantas cosas más (aclaro: en el contexto de la política catalana). Y sigue doña Rosa:
· «No hemos votado a superdioses, sino a personas como nosotros que en su gran mayoría se dedican con honestidad al trabajo que tienen encomendado. A quien los descalifique en bloque habrá que cantarle la voz popular: "Siempre cree el ladrón..."».
· «[...] Ya se sabe cuánto más fácil es la descalificación general que la crítica atenta a un extremo determinado que exige conocimiento y análisis de los hechos».
Termino las citas y eludo los términos de sorprendente vulgaridad -política, no formal- con que, en su verdad y en su falsedad, doña Rosa echa las culpas a la conspiración judeomasónicoseparatista derechista de la mala prensa de los políticos, así de gilipollas somos los ciudadanos, que sólo le hacemos caso a Jiménez Losantos sin arrodillarnos, como debiéramos, a las irrefutables verdades del universo de San Polanco. Manda huevos (y esto, aunque quizá no se lo parezca, no fue uno de derechas el primero en decirlo).
Evidentemente, todo eso lo dice doña Rosa refiriéndose a las fieras mediáticas; no creo que esté pensando en cositas ínfimas y modestas, como esta mía. Sin embargo, no puedo menos que sentirme aludido porque no me importa nada reconocer que la ferocidad contra la clase política -de todo signo- es una de las características de esta humilde bitácora (y lo tengo a gala, además).
Y por eso voy a empezar por la última frase de las que cito, únicamente para que quede claro que tanto esta bitácora, como muchísimas decenas más de ellas, como páginas especializadas, como la parte específica de la sociedad civil (pienso, naturalmente, en la Asociación de Internautas y en Hispalinux, pero no, ni mucho menos, como únicas) las críticas torrenciales, duras, frontales y a cara de perro, incluso la descalificación -más que razonable- como barrera última que nos detiene ante un insulto apetecible y apetecido y, en muchísimos casos, de destinatario bien merecedor del mismo, tienen, como dice doña Rosa, un extremo determinado que exige conocimiento y análisis de los hechos.
La penúltima frase casi mueve a risa ¡Que los políticos son personas como nosotros y que en su gran mayoría se dedican con honestidad al trabajo que tienen encomendado! ¡Por favor! De personas como nosotros señora Regàs, nada de nada. Pero nada ¿eh? Viven en su nebulosa aislada de este mundo, sin contacto alguno con el real, endiosados en olor de guardaespaldas y de policías nacionales, autonómicos o locales saludando militarmente con más rigidez que un cabo legionario, elucubrando paridas en la más absoluta ignorancia de la cotidianidad del ciudadano que, en el propio y particular día a día de los políticos, no es más que un elemento teórico, una pura entelequia que saben que está ahí gracias al censo que, cada cuatro años, deviene electoral y es entonces cuando esas personas como nosotros montan, con la imprescindible e inestimable ayuda de los mejores profesionales de la cosa, la más perfecta, enorme y abominable maquinaria del timo llamada campaña electoral (y encima, estamos de campaña electoral apenas ocho días después de salir de las elecciones). Esa, señora Regàs, es la realidad y lo sería aunque sólo fuera porque así la percibimos la práctica totalidad de los ciudadanos, pero no lo es sólo por eso y usted, el resto de políticos y los ciudadanos de a pie (yo entre ellos, claro) lo sabemos. Y no nos aplique a los ciudadanos de a pie, señora Regàs, citas refraneras de ladrones, que no hay más cera que la que arde y todos, ¡todos!, sabemos perfectamente dónde está el candelabro.
Tampoco estoy de acuerdo cuando dice que los políticos proceden de la sociedad y, consecuentemente, son una muestra de lo que ella es. Yo, en cambio, pienso que doña Rosa confunde causa y efecto y que lo que sí constituyen los políticos es una consecuencia de la sociedad, de una sociedad menfoutista, abotargada, pasota y, digamos las cosas por su nombre, cobarde, una sociedad perezosa que no ejerce su verdadero e inmenso poder porque es mejor no hacer nada, tumbarse al sol y comerse la fruta podrida que cae del árbol (¡y que no falte! dicen encima) en vez de desplegar un poco de esfuerzo y de riesgo y encaramarse al árbol para hacerse con la fruta fresca y lozana. He aquí por qué sus políticos son lo que son y se permiten lo que se permiten, y no porque procedan de la sociedad (¡pues claro que proceden de la sociedad, no van a venir del planeta Marte..!).
Lo que es ya para caerse de la silla es cuando doña Rosa nos dice, así, a pelo, que ¡como en todas las profesiones! los políticos han pasado por un tamiz selectivo que sólo habrían rebasado los más dotados y los mejor preparados. Jolín con el tamiz, la de nombres que lo decoran: Roldán por aquí, Gil, por allá, Vera y Barrionuevo acullá, sin olvidar a Álvarez Cascos (eso para que vea que no distingo colores) y no me haga citar tamizados catalanes en marranadas diversas porque si encendemos el ventilador no habrá quien deambule por las calles. Pero mujer... ¿cómo se le ocurre hablar de tamices con esa pandilla pasada, presente y ¡ay! mucho me temo que también futura?
Continúa usted en mala hora quejándose de que cuando una constructora monta una catástrofe, enseguida cargamos contra los políticos. Señora, cargamos contra los políticos cuando una constructora monta una catástrofe realizando una obra pública, pagada con dinero público y, encima, con los ciudadanos de a pie como víctimas, cuyas indemnizaciones -de nuestro bolsillo, del de sus iguales, a fin de cuentas- se regatean miserablemente, mientras las licitaciones dan para subcontratar, sub-subcontratar, y recontra-sub-subcontratar y hay momentos en que parece que baste con la necesidad de poner uno o dos ladrillos aquí y allá para que se forre una patronal entera. Señora Regàs, ante esto sólo hay dos posibilidades, sólo estas dos: o los políticos (de todos los colores, no me venga con boludeces de que este partido es bueno y santo y el de más allá es malo y tramposo) están pringados o, simplemente, son idiotas. Y su falta de escrúpulos llega al punto de utilizar en provecho propio ese convencimiento extendido en la ciudadanía, como cuando Pasqual Maragall lanzó lo del 3 por 100 no por un presunto encabronamiento ni por falta de habilidad o experiencia política (que no me expliquen chorradas) sino, al contrario, convencido de que -como así fue- lanzaba con ello un bote de denso humo que cubrió el verdadero marrón que era el Carmel y consiguió silenciar (por las buenas, tras haber fracasado en el intento por las malas) el tremendo eco mediático que estaba cavando su tumba política y la del alcalde Clos.
Vamos a nuestro ámbito, señora Regàs: ¿de verdad pretende usted convencernos de que todas las trapazadas que han montado CAT365, T-Systems, Accenture y Microsoft -posiblemente entre otros- en la administración pública catalana han podido llevarse a cabo sin la complicidad de políticos? Porque si se han llevado a cabo sin la complicidad de políticos (de los de antes y de los de ahora), entonces tenemos un problema muchísimo más gordo de lo que nos podemos llegar a imaginar; pero, no sé si por suerte o por desgracia, creo que no tenemos ese problema tan gordo.
¿Más de nuestro ámbito, señora Regàs? ¿Qué hay de lo nuestro? Me refiero al software libre en las administraciones públicas y en el esquema educativo de Catalunya y con el impulso que ello supondría en el ámbito económico general para Catalunya y para su sociedad; señora Regàs: no es un problema de intereses sectoriales, es que eso estaba en la campaña electoral de por lo menos dos de los partidos que están ahora en el poder y está bien clarito en el Pacte del Tinell. ¿Por qué todo sigue igual? ¿Por qué (eso: por qué) viene la presidenta para España de la empresa más interesada en acabar con el software libre y se hace la gran fotografía precisamente en el importantísimo Departament d'Educació? ¿Porque al consejo de dirección del Departament le parece guapa doña Rosa García (la tal presidenta)?
Pero hasta ahora no hemos salido de Catalunya... ¿Quiere, doña Rosa, que nos vayamos al gobierno de la Nación? ¿Quiere, doña Rosa, que hablemos de un rifirrafe con la CMT por un quítame de allá si me voy a Barcelona o me quedo en Madrid, mientras estamos cocidos a phishing y a slamming sin que nadie se dé por enterado si no ponemos el grito en el cielo entidades particulares como algunas asociaciones de consumidores o la propia Asociación de Internautas, mientras en España hay un retraso tecnológico que pone los pelos de punta, mientras hay una brecha digital que asusta, mientras el mercado de las telecomunicaciones está en manos de depredadores que hacen lo que les da la gana? ¿Dónde, doña Rosa, están sus honrados y eficientes políticos? ¿Recibiendo -precisamente- medallas de la $GAE? ¿O utilizando juegos de palabras y necias y vulgares trolas para venderle una moto a la Unión Europea y convencerla -falsariamente- de que el sistema educativo español es impecable en materia informática?
¿Quiere más señora Regàs? ¿Aún no le parece retrato suficiente de lo que son en realidad -y no lo que usted dice- nuestros políticos en su conjunto? ¿Quiere que hablemos de los políticos europeos? ¿Quiere que le expliquemos cómo la corrupción, el bandolerismo serrano, la entrega pura y dura a intereses espúreos impera en la Comisión Europea que una vez tras otra apuñala por la espalda los intereses de los ciudadanos claramente expresados por varios parlamentos nacionales y por el propio Parlamento Europeo, intereses cívicos y parlamentarios que sólo han servido de orinal a sus maravillosos políticos -europeos, en este caso- a la hora de llevar adelante contra viento, marea y toda legalidad, las patentes de software?
¿Le parece poco específico todo eso, señora Regàs? Quizá no, pero quizá de tan específico le parezca marginal, claro. Estamos en una coyuntura en todo parecida al momento en que este país tuvo que elegir un ancho de vía y sus maravillosos políticos la cagaron, por ignorante el que no por sinvengüenza. ¿Vamos a volverla a cagar? Me temo que sí y me temo que por lo mismo. Ignorancia, intereses... y encima en un tema en el que quedan impunes a corto plazo, aprovechándose de la ingente falta de información que, no casualmente, padece la ciudadanía. Para cuando despierte, para cuando la ciudadanía se percate de la magnitud del desastre, lo del ancho de via versión siglo XXI ya será, como otrora, la historia de lo irremediable. Y volverá el olor a pies. Pero estos políticos ya estarán lejos. Sus fabulosos e íntegros políticos.
Ya se los regalo.
Todos.
Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (0) | Referencias (0)