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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Domingo, 27 de marzo de 2005

Primavera libre

De la serie: «En profundidad»

Un triste acontecimiento familiar me ha tenido una semana fuera de mis circuitos habituales y fuera también de la red y de esta bitácora. Y aunque esta semana de apartamiento forzoso ha coincidido con la Semana Santa, parece que han ido pasando cosas. Dos de ellas me parecen destacables y tienen que ver con el software libre. Por una parte, en la página de la AI encuentro un artículo de Alberto Abella, autor del prestigioso y ya imprescindible «Libro blanco del software libre», en el que comenta la decisión del ejecutivo autónomo de Andalucía de liberar, en el plazo de un año, todo el software que sea de su exclusiva titularidad y sin licencias apropiativas de terceros. Por la otra, hoy mismo leo en «La Vanguardia» la noticia -ya conocida en la red desde hace días- de que el Instituto Tecnológico de Massachussets (el legendario MIT) aconseja a Brasil el sistema operativo GNU/Linux para equipar un millón de ordenadores subvencionados con destino a otras tantas familias de escasos recursos económicos, en una operación destinada a reducir drásticamente la brecha digital que sufre la sociedad de este país.

La decisión de Lula está ya prácticamente cantada y todos lo sabemos desde el portazo que le propinó en las narices a Bill Gates cuando éste le pidió audiencia en el transcurso del Foro Social de Porto Alegre pero algunas consideraciones de los autores del informe del MIT, Walter Bender y David Cavallo, son dignas de reproducción y así las tomo del rotativo citado: «Si el código es propietario, está oculto y esto priva a la comunidad de una gran cantidad de conocimiento. El software libre sirve como ejemplo para programar ideas e implementaciones y a través de los desarrolladores es una práctica útil y social de aprendizaje que queda para la comunidad». Toma ya.

La cosa es importante no sólo por el indudable prestigio del MIT (y por el detalle de que se trata de una institución muy norteamericana) sino también porque a Brasil bien se le pudiera calificar de la China del Cono Sur, un país en muy incipientes vías de desarrollo, con importantes problemas de pobreza (de llana miseria, en algunas zonas) pero con un potencial de futuro enorme a poco que sea objeto de una gestión económica mínimamente correcta. Su ejemplo puede tener muchísimos seguidores en economías americanas y asiáticas emergentes o con muchas ganas de emerger de una vez. Valga recordar que hace un par de años China también se inclinó muy decididamente por el software libre, llegando a producir una distribución propia de GNU/Linux que, no sin cierto cachondeo, denominó Red Flag («Bandera Roja», pero con una nada casual consonancia fonética con una de las distribuciones más conocidas en el mundo occidental: Red Hat).

En España -en algunas partes de España- nos cabe el orgullo de ser precursores en la materia y la región más adelantada en la cuestión -sin duda ni discusión posible- es Extremadura. La Junta de Extremadura, en un golpe de genio, de visión de futuro, de preocupación por el desarrollo social y económico de su comunidad y, todo hay que decirlo, de audacia, se lanzó a un proyecto inicialmente educativo que en poco más de un año proyectó la enseñanza pública extremeña al primer puesto del mundo en materia de tecnología en las aulas, creando un modelo que en muchos otros lugares se está empezando a imitar; a partir de ahí se saltó a la creación de una red de telecentros y de un proyecto de alfabetización tecnológica para toda la población que ha tenido un éxito bárbaro; y ahora se está en la doble fase de implementar productos para empresa y de llevar el sistema a la administración pública regional. ¿Cuál ha sido el secreto? El secreto ha sido motorizar todo eso con software libre e invertir en material y en profesionales la ingente cantidad de dinero que otros desperdician año tras año regalándosela a Micro$oft.

Andalucía inició hace algún tiempo el mismo camino utilizando el mismo modelo, aunque los resultados aún no están tan a la vista, pero los pasos son firmes, como lo demuestra la noticia que da lugar al comentario del amigo Abella. Hay más lugares en España: Zaragoza, cuyo alcalde Belloch se enamoró (así lo expresó él) del software libre y, tras Zaragoza, la comunidad entera de Aragón va a seguir el camino; la Comunidad Valenciana anda estudiando el tema y el Año del Quijote alumbra Molinux, la distribución de Castilla-La Mancha. Y hay más, no soy exhaustivo.

También hay ejemplos contrarios y uno de ellos, me sangra el corazón al decirlo, es Catalunya, región a la que, pese a existir una potente y excelente sociedad civil en materia de software libre, la política de la Generalitat -tanto el gobierno de antes como el de ahora- ha hecho abandonar su papel tradicional y más que centenario de adelantada tecnológica de España y ha permitido no sólo verse rebasada en esta materia por regiones económicamente mucho menos pujantes (en definitiva, ese sólo sería un detalle estético) sino que, además, se empecina a sabiendas en el retraso tecnológico, en el despilfarro económico y en la cesión de su soberanía política en favor de una empresa privada norteamericana que controla la gestión de sus datos y de los de sus ciudadanos (habrá que decir, para asombro de más de uno que a ver si se entera, que desde hace unos pocos añitos el poder no está en la posesión de la información sino en la propiedad de los instrumentos de gestión de esa información); mucho exigir competencias a Madrid pero le regalamos poder a espuertas a don Guillermo. Alguien -no yo, desde luego- sabrá por qué.

El software libre arrasa a pesar de los palos en la rueda que constantemente le ponen consultorías sospechosas, políticos ignorantes (vamos a dejarlo en ignorantes, de momento) y eurogilipollas empeñados -también ellos sabrán por qué- en meternos a la trágala las patentes de software. Los activistas del software libre éramos para la gente poco menos que una secta no hace ni tres años: hoy, el término software libre designa, quizá, a un colectivo de presuntos ilusos, pero también designa a empresas como IBM, Hewlett-Packard o Telefónica, por sólo citar a tres de las más caracterizadas que actúan en España. Es verdad que hay muchísima gente que ha trabajado muchísimo, que ha regalado generosamente miles de horas a la comunidad (a todos, no sólo a sus conmilitones), que ha gastado mucho dinero detraído del sobre de su nómina de trabajador; pero también sabemos que pese al mucho esfuerzo y sabiduría empeñados, muy frecuentemente los objetivos no se consiguen. Esta vez sí, esta vez se ha logrado y lo que fue un proyecto, una utopía, ha sido puesto en órbita como una realidad fresca y radiante. El principio activo ya ha sido desarrollado; ahora será la sociedad -ojalá también la catalana, pese a sus políticos- la que deberá emprender los viajes interplanetarios.

Sí: pese a todo, ha sido una buena Pascua...

Por: Javier Cuchí | Correo ordinario | Comentarios (0) | Referencias (0)

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