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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Miércoles, 23 de febrero de 2005

Ingenieros en la picota

De la serie: «Gramática parda»

Sujeto - El gerente del Col·legi Oficial d'Enginyers de Telecomunicació (de Catalunya, supongo), don Albert Alcarraz

Verbo - Don Albert reclama en un artículo que publica hoy en las páginas tecnológicas de «El Periódico» que la sociedad no se ensañe tanto con los ingenieros (aludiendo al desastre del Carmel) y busque también responsabilidades en otros ámbitos.

Predicado - Porque, efectivamente, si un puente se hunde es porque un ingeniero ha metido el remo. ¿O no? El señor Alcarraz dice que no o que no, al menos, necesariamente, y que cuando sucede la catástrofe habría que averiguar también por qué algunos políticos no han hecho sus deberes (y, encima, no pagan por ello) y habría que preguntarse por la eficiencia real del sistema de licitaciones que sufrimos.

Tiendo a estar de acuerdo con don Albert. Esta bitácora ha denunciado con harta reiteración (y no dejará de hacerlo pese al cansancio que produce la cotidianidad de la circunstancia) el analfabetismo tecnológico en el que viven los políticos -con excepciones tan encomiables como escasas- que, inmersos en sus intereses partidistas (o peor aún: de maquinaria de partido) y completamente ajenos a lo que sucede en la calle y a las necesidades de la ciudadanía (como cumplidamente hemos visto en la campaña del reciente referéndum, sin ir más lejos, que puede irse mucho más lejos), ignoran de qué manera está cambiando el mundo bajo sus propios pies. Ningún problema: cuando llegue la ola ya la capearán (generalmente con medidas ejecutivas y legislativas a cuál más estúpida, más tardía y más castrante para el desarrollo social y económico del país) y cuando vengan las críticas ya harán que sus especialistas burocráticos las ahoguen en un mar de cifras ininteligibles, manipuladas y no pocas veces falsas, aderezadas con el consabido rifirrafe pseudoparlamentario realizado al alimón con sus colegas del partido vecino como artistas invitados en el papel de oposición, que todos sabemos que hizo o hará exactamente lo mismo y por lo mismo en su turno en el poder.

Como esto parece que no es suficiente para que los ciudadanos nos quedemos con el culo al aire cuando vienen mal dadas (y muchas veces incluso sin necesidad de que vengan mal dadas), es lamentablemente necesario dar la razón a don Albert cuando critica, aunque sin especificar, el sistema de licitaciones. Ya especifico yo por él: un sistema en el que el industrial va a recibir una remuneración fija -y asegurada- cuyo beneficio va a ser mayor cuanto más reduzca los costes, sin importarle demasiado la merma de calidad del producto, obra o servicio que conlleva esa rebaja, que se practica a verdadero saco en forma de personal con contrato basura poco o nada formado, con materiales de baja calidad o incluso defectuosos, escatimando medidas de seguridad en el trabajo y/o en la ejecución misma de la obra y un etcétera dramáticamente largo; y con eso tiene que torear el técnico, atado de pies y manos. Como esta hermosura continúa sin ser suficiente para el culo ciudadano, funciona a toda máquina la figura de la subcontratación, en la que se elevan al cuadrado o al cubo las prácticas expuestas.

Así las cosas, ver quién va a ser el guapo que le lleve la contraria al señor Albert Alcarraz...

Por: Javier Cuchí | Gramática parda | Comentarios (0) | Referencias (0)

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