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El Incordio

¿Quién soy yo?




Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.

El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo

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¿Qué es «El Incordio»?


Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

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Martes, 25 de enero de 2005

El militroncho pérfido

De la serie: «Gramática parda»

Sujeto - La tecnología de doble uso

Verbo - La Generalitat de Catalunya -entre otros gobiernos autónomos españoles- intenta que una planta de producción de Eurocopter se instale en su territorio. Algunos sectores de la ciudadanía son reticentes porque parte de esa producción podría tener fines militares.

Predicado - Me fastidia bastante la tecnomanía, por más que yo tenga mucho de tecnómano (nadie es perfecto ni coherente al cien por cien); que un determinado artilugio sea tecnológicamente avanzadísimo no es per se suficiente para considerarlo justo y necesario, por más que pueda ser bonito y hasta barato, pero así empezaron los móviles, sin ir más lejos, y mira ahora dónde estamos con ellos...

No me hace ninguna gracia que se diseñe y produzca un artilugio que sirva para la guerra, pero una cosa es un artilugio que sirve específicamente para la guerra (por ejemplo, un fusil de asalto o una ametralladora, cuya única misión es la de liquidar a la gente) y otra un aparato que sirve ocasionalmente para la guerra, es decir, concebido y utilizado habitual y civilizadamente en cosas normales y pacíficas pero al que los enfermos mentales habituales (o los buitres del consejo de administración, que viene a ser lo mismo) encuentran también un uso bélico.

Juzgar la conveniencia o no de la producción de un elemento tecnológico o científico a la única luz de su eventual uso bélico, por más que éste sea ocasional, es meterse en una especie de vereda de pacifismo fundamentalista que nos podría llevar, de seguirse, a la época de la caverna. Los hermanos Wright no pensaron jamás en matar a nadie cuando echaron a suertes el puesto de piloto del primer vuelo en el cerro de Kitty Hawk y, sin embargo, ésta fue la causa de que centenares de miles -quizá millones- de seres humanos hayan muerto destrozados o carbonizados por un arma arrojada desde un avión o por un avión convertido, todo él, en un arma; pero al lado de este drama horrible, la aeronáutica ha hecho el mundo más pequeño, más asequible, más comprensible... A la globalización del cazabombardero se contrapone la globalidad del gran avión de carga o de pasajeros. Ciencias que, en principio, son tan humanitarias y afables como la farmacología o la bioquímica, han servido -y sirven - para el diseño y la producción de armas espantosas. El ordenador, la radio, la televisión, son sencillos y simpáticos electrodomésticos... que muchísimas veces son precisos directores para la mayor exactitud letal de armas horripilantes. Incluso hace pocos días leíamos que un corral de dementes norteamericanos había estudiado la posibilidad de dañar al enemigo... modificando, vaya usted a saber cómo, su comportamiento sexual, convirtiendo a las huestes adversarias víctimas del arma en homosexuales; nadie, como es lógico, ha acusado a los colectivos gay de ser armas de destrucción masiva. Que tan absurdo experimento se haya abandonado no nos debe apartar de la realidad de su intento, lo que nos lleva a afirmar que cualquier cosa, persona, sustancia o factor de cualquier ámbito pueden convertirse en un arma puestos en las manos de alguien lo suficientemente hijoputa para concebir un uso criminal de ellos. La prueba más doméstica la tenemos, por ejemplo, en el sencillo, útil e imprescindible cuchillo de cocina.

Constrúyase la fábrica de helicópteros (ojalá en Reus pero, si no, en cualquier otra parte de España), sirvan estos helicópteros (como así será en su mayoría de unidades) para el transporte de viajeros, para la fotogrametría, para el auxilio de seres humanos en peligro, para la prevención de catástrofes, para la agricultura o para la extinción de incendios; súfrase pacientemente su ocasional uso bélico y contéstese éste cuando y cuanto sea oportuno, que lo es casi siempre; y búsquese la paz no en las fábricas sino allá donde debe encontrarse: en la política, en la diplomacia y en la voluntad de los ciudadanos.

Por: Javier Cuchí | Gramática parda | Comentarios (0) | Referencias (0)

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