
Me llamo Javier Cuchí y soy miembro de la Asociación de Internautas y de Hispalinux.
El conocimiento corre hoy serio peligro como derecho universal que existe desde el alba de la Humanidad. Me preocupan, y mucho, las crecientes maniobras de varios sectores financieros (bajo denominaciones sugerente y falsariamente industriales o artísticas) y de sus factótums políticos, que no pretenden otra cosa que la apropiación ilegítima y fraudulenta de ese conocimiento para convertirlo en un valor puramente especulativo, restringido y escaso, fuente de aún mayores desigualdades y exclusiones de personas, sociedades y pueblos, y causa de pobreza y de subdesarrollo
Un grito de alerta, un silbato que clama «¡Al ladrón!», una voz de protesta, un «no convencéis y está por ver si vencéis»

© Javier Cuchí
Barcelona, 2005-2006
Lunes, 27 de febrero de 2006
Ya hacía días que iba avisando de que lo de Bitacoras.com no se aguantaba más. Y este fin de semana me he ido. Me encontraréis en:
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Viernes, 24 de febrero de 2006
Ayer, día 23-F (vaya por Dios) desde más o menos las 10 de la mañana hasta, por lo menos, las 10 de la noche (después ya me harté de seguir intentándolo) no hubo manera de acceder a esta bitácora.
Trabajé para el demonio.
Pido, nuevamente, disculpas.
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Jueves, 23 de febrero de 2006
De la serie: «Los jueves, paella»
Indisimulado júbilo, claro jolgorio en algunos casos: han venido los alemanes a ponerles las peras al cuarto a los catalanes. La OPA que lanzó Gas Natural sobre Endesa se ve ahora comprometida por la de la multinacional alemana E.ON, que apuesta fuerte por el dominio en Europa y en América (Endesa sería su pata en el cono sur).
Personalmente, pienso que, como el dinero no tiene patria, andarse con nacionalismos es aún más estúpido de lo habitual cuando es la pasta lo único que cuenta. Que me esquilme la Caixa o que me esquilme su homóloga teutona, me trae al completo fresco. Es más, ya puestos, igual los alemanes nos esquilman con elegancia porque, por más que se engominen sus yuppies, más MBA que se saquen de la manga y más lenguaje tecnoguay que utilicen, las empresas españolas no acaban de perder ese hedor cutre y salchichero que tradicionalmente las ha caracterizado. Y, a fin de cuentas, siempre es un detalle que a uno le den por el culo con un preservativo nuevo.
En cuanto a lo otro, la situación no puede ser ética y estéticamente más patética: la patria corría el peligro de que su industria energética estuviera en manos del tripartito; gracias a Dios, han venido los alemanes a salvar a España de los polacos.
Puro olor a pies en su más concentrada esencia.
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Martes, 21 de febrero de 2006
A todo esto, tampoco llegan a mi buzón del correo electrónico los avisos del CMS de Bitacoras.com avisándome de que tengo un comentario pendiente de autorización de subida al post de turno. Eso me obliga a ir a la página del hosting a ver qué hay de nuevo, cosa que, en según qué momentos de la jornada puedo hacer casi cada diez minutos, mientras que en otros pueden pasar tres horas sin que pueda entrar a verlo (la mala costumbre esa de trabajar, ya ves...).
En ambos casos es, de todas maneras, incómodo y engorroso.
De modo que mientras esta situación dure voy a abrir los comentarios, porque tampoco hay derecho a que quien se molesta en comunicar algo a través de mi bitácora tenga que estar horas y más horas entrando cada rato a ver si el señor bitacorista se ha dignado ya otorgar su bendición.
Espero que no vengan muchos trolls; a los muchos o pocos que vengan, os suplico que no les déis de comer; y, en todo caso, cuando entre yo y los vea serán borrados sin remisión alguna.
De nuevo, gracias por vuestra paciencia.
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Martes, 21 de febrero de 2006
Nuevamente otro fallo -el enésimo- de Bitacoras.com me deja con la boca cerrada. Con el agravante, además, de que un artículo escrito el domingo pasado -y tan pasado, ya a estas horas- no ha podido subir hasta hoy martes.
Todos nos equivocamos y todo lo tecnológico puede fallar, pero lo que está ocurriendo en este alojamiento empieza a pasarse de la raya: hacer una bitácora y mantenerla actualizada con una media de un artículo cada dos días (y más que he llegado a escribir), artículos, además, que no son simples posteos de diez líneas, como está a la vista, cuesta un esfuerzo importante, muy importante, para un padre de familia normal, corriente y moliente, y no puede traicionarse así ese esfuerzo por más gratuito que sea el servicio.
Y hablemos de esa gratuidad... Obviamente, una empresa está para generar ingresos; no me parece ni me ha parecido nunca que Bitacoras.com sea precisamente una ONG. Los servicios gratuitos tiene que pagarlos alguien por alguna parte, y ese alguien es la publicidad. Por eso, aunque no me gustó, comprendí que Bitacoras.com pusiera publicidad en mi página (publicidad que puedo soslayar pagando una minucia cada mes, también es cierto); después de todo, también se trata de una publicidad discreta y poco invasiva. Pero -aunque quizá sea casualidad- lo malo es que justamente desde que se ha insertado publicidad en las bitácoras el servicio está tropezando constantemente, con cada vez más frecuencia, con cada vez mayor duración y con cada vez mayor gravedad.
Soy prisionero de la complejidad visual de esta bitácora que he ido amueblando de poquito en poquito durante más de un año; la migración sería durísima en mis condiciones de tiempo disponible. Pero cada vez tengo más claro que no me va a quedar más remedio que plantearme seriamente irme de aquí, si no es ahora será dentro de un mes o de dos o de tres, pero si esto no cambia radicalmente ya veremos dónde pasa el verano «El Incordio». Es una pena, me gusta mucho esta hoja de estilos, no he visto una ni remotamente parecida en ninguna otra parte, pero habrá que adaptarse.
Mientras deshojo la margarita, insisto, por favor, en que vayáis cambiando los enlaces de vuestras páginas a la mía y que utilicéis el dominio específico de esta bitácora:
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